viernes, junio 24, 2011

La contigüidad de la muerte es la suprema gracia que puede esperar el artista….




Me voy a esforzar mucho para dejar de ser tan procaz y tener que usar frases pre cocidas, refranes, pensamientos y dichos y hechos para decirte lo que siento por ti. Tengo miedo de las cosas que vayas a pensar de mí por culpa de estas líneas miserables. Tengo miedo de que te sientas aliviada se saberte lejos de este tipo al que tanta falta le hace la creatividad y el valor…
Tengo que escribirte esto y no es que no sepa por dónde empezar, eso lo sé bien, lo que no sé es por dónde terminar, ni sé dónde acabaré, probablemente en ningún lugar y quién sabe ahí tampoco estés tú.
Antes que nada, me gustaría que te veas tal cual, así como yo te veo a ti, con esos defectos tan perfectos para poetas pretenciosos, cursis y frustrados como yo. Robándole una frase a algún incauto podría decirte: que bonita que te ves cuando cierro mis ojos. Aunque te ves igual o mejor cuando los abro y pierdo mi mirada en esos pensamientos que no llevan a nada, ahí donde vives y mueres.
Sin querer, perdiéndome una y otra vez, te encuentro. Me pasaba lo mismo con el alcohol. Supongo que en este momento debería decirte que soy adicto a ti, pero tampoco quiero pasarme de cursi y estúpido; no soy tan así, ya me conoces. Además, el trago nada tiene que hacer aquí, entre nosotros. En todo caso, mejor diría que te visito en pensamientos antes de las comidas, después de las dos duchas diarias o cuando estoy escuchando una buena canción. La visita a esas praderas verdes me hace sentir tan culpable y feliz, que realmente me hace bien, muy bien. Has de saber que los vicios y las adicciones lo conducen a uno a muertes bien indignas, y tu no me conduces a muertes indignas, más bien, todo lo contrario, tú me haces bien, y de paso, me haces sentir culpable y feliz.
Que linda eres. Eso pienso a ratos, y cuando lo pienso, todo transcurre y nada pasa. Hay momentos en los que sólo existes tu, sólo tú. En esos instantes, das vueltas alrededor de mí a toda velocidad y ataviada de las palabras más extrañas que dicen tantas cosas.
Tu transitas, transitas como las estrellas… y mueres como ellas, resplandeciendo hasta la caída final.
Qué predecibles somos… la nada nos sorprenderá durmiendo una mañana de domingo sin reparar en que algún momento tendremos que despertar y ya luego será lunes otra vez y así hasta que la muerte nos sorprenda una mañana de domingo, sin reparar en que algún momento, tal vez tengamos que resucitar y ya luego se verá.
Quisiera decirte que si vuelvo a tener la oportunidad de tener largas caminatas debajo del sol, ya no me voy a quejar de mis dolorosas resacas que me angustian tanto, ni te voy a contar lo que me contaba mi abuelo cuando era chico, siempre y cuando las caminatas sean contigo, en silencio y con sed; no importa, si fuese contigo, no importaría ni me quejaría y me olvidaría de todo.
Qué bonito sería encontrarte tomando helados en este sol de invierno. Te has dado cuenta que a donde uno va, hay olor de mandarinas. Podríamos ser tan felices en alguna plaza tomando helados de canela y riéndonos de los extraterrestres.
Qué lindo sería si nuestros corazones estuvieran limpios y con las puertas abiertas de par en par esperando por nosotros. Así podríamos dejar de hostigar a los adventistas, testigos de Jehová y a los monaguillos. Así podríamos mandar al demonio la biblia de una buena vez.
Aunque mejor nos la quedamos, no vaya a ser que siempre si te quieras casar conmigo creyéndote eso de que, lo que dios ha unido, no lo separará el hombre… ¡jamás! Bueno, ya ha pasado tanto tiempo y tantos hombres y mujeres nos han separado y no sé, tal vez hubiese sido igual con o sin curas; quién sabe.
Quisiera decirte que la vida es muy cruel y solucionar todo con eso y besarte hasta cansarme en la plaza Isabel la Católica. Quisiera ponerme nervioso y desesperado al ver que no pasa nada que me lleve a tu casa y pensaría que la moto era no más una mejor inversión que la Tv Lcd de 40 pulgadas y el equipo 5.1 que he comprado para ver películas contigo. Pero cuando empiece a llover, pensaría que es mejor no más no tener una moto porque esta vez el camino sería mi tumba y la espera se haría francamente eterna. Llegando a tu casa te diría que salgamos a caminar debajo de la lluvia o que aprovechemos para ver ese documental sobre los pingüinos que nunca acabamos de ver, porque a los cinco ya estamos en la cama haciendo el amor y diciéndonos un montón de cosas raras en el oído. Entonces mejor decirte que veamos el documental sobre pingüinos y salir a caminar cuando la lluvia cese.
Me gustaría tanto decirte que hubiera deseado ponerle el pecho a las balas para matarme a carcajadas y gritar que a lo hecho pecho mientras me desangro poquito a poco. Pero a pesar de ser cursi, no soy un cobarde, y además, tengo siete vidas, como los gatos y puedo esperar. Qué hermoso sería esperarte y que hermoso no tener nunca que decir que el que espera desespera, ni tener que esperar a que pasen el chapulín colorado para saber que decirte.

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