jueves, julio 19, 2007

Entre la espera...


Entre la espera y el encuentro uno aprende con los años. Se aprende a ignorar los senderos del ayer y esperar el descanso. Para seguir caminando mirando al frente, donde el blanco del horizonte sea la espera. Entre la espera y el encuentro, aguardo, que vuelvas conmigo a esperar.

domingo, julio 08, 2007

AÑO REDONDO Y SEMPITERNO EN LA PAZ


AÑO REDONDO Y SEMPITERNO EN LA PAZ

Para Blanquita S.

Las brumas matutinas paceñas son por lo general muy misteriosas, serenas y espesas, lo cual no te permite vislumbrar los secretos que guardan todos los ríos que descienden por su columna. Las calles que bajan desde los vértices de las laderas comienzan a escupir gente que corre apresuradamente hacia el gran centro donde todas las vidas transcurren en la redondez del calendario.
Esperar la navidad juntando algunos pesos, caminar en Estambul esquina Comercio y Pérez adquiriendo chiches para la prole, a las doce en punto sentarse a comer una suculenta picana, mientras mamá llora y saca fotos de los regalos. Sobrar algo de plata para el año nuevo donde recibes telefonemas de gente pensaste habían muerto, averiguando por caridad una fiesta la cual se termina siempre en alguna fricaseria, atestada la misma de borrachos queriendo continuar la refriega del bar abierto y las tropicales de moda y darse cuenta al fin que uno esta en el lugar más inesperado y con la compañía más sorprendente.
Sacudirse lentamente la resaca mientras los negocios y los aparatos burocráticos no vuelven aún a la normalidad. Prepararse para empezar a contar mediante los ensayos las proximidades del carnaval, viajar a Oruro un viernes para volver con una matraca en la cabeza y tal vez sin zapatos el domingo, con diez años menos de vida y diez más de alegría mezclada con arrepentimiento.
Los días que preceden la Semana Santa, se escoge donde viajar para no hacer tan santa la vida y se repiten los menjunjes y los ritos, la gente se conoce y desconoce en las playas de Copacabana o en el calor yungueño, donde sagaces peregrinos han dejado pagando sus pecados a sus atribuladas humanidades que se regocijan en tremendas fiestas de Viernes Santos. Mientras tanto median bodas, bautizos y cumpleaños que te obligan a organizar tu propia fogata en San Juan, pasándote por el forro las disposiciones del municipio y al día siguiente humo en la atmósfera y tu cabeza que retumba de sólo recordar los sucumbes y los ponches. Tu perro esta nervioso por tanto petardo y de solo escuchar la bocina del gas se hace gas bajo la cama y de pronto, casi mágicamente, estas encaramado en algún banco de la Plaza de los Héroes o de la San francisco gritando a voz en cuello: “Celebrando de Julio el gran día”... cantando el himno a La Paz que desde que saliste del bachillerato sólo cantas los 16 de julios, ebrio de emoción y algarabía, abrazando algún gringo o mejor gringa, que no entiende en esos momentos de donde ha salido el mar de meo sobre el que están flotando.
Tinkus, Morenos y Diablos, Negros de la saya, todos vamos detrás de ellos como encantados por el flautista de Hamelin. En un día bailas más de 20 coreografías distintas por que claro, ya has ensayado en el último convite de la entrada universitaria y también has ensayado como aclarar y ensanchar el gaznate; la cervecería se hace rica con tu plata y vos llegas a fin de mes de puro milagro.
Pero estas listo para esperar tu cumpleaños, el cumpleaños de tu mejor amigo, el de tu mejor amiga, el del otro mejor amigo de tu amigo y el mismo de la amiga, de la novia, del hermano de la novia, del primo tan buen tipo que esta en la “U” y sólo te lo encuentras en algún boliche. Se casan tus amigos de la promo, de la “U”, de la oficina, del barrio...
En agosto como es coherente, nadie le tira pelota a este pobre país que espera sin embargo alguien le invite una copita aunque sea de descuido y del futbol ni hablar. Si eres del Bolívar chuparas más seguido de alegría que los gatos y si eres de estos, supremas aunque esporádicas alegrías te levantarán tu disminuido ego por un instante queriendo creer que esta vez si, pero no... De la selección, mejor no decir nada.
En todos Santos unos jailones te invitan a su fiesta de Hallowen, y de ocultitas vas a rezar a la mesa que ha puesto tu abuela acordándose de tu papá y algunos tíos; terminas de rezar y te sales rajando a la fiesta llevando tu máscara de “Scream” que todos los años usas sagrado en esa fecha. Sólo para volver borracho 9 horas después a la mesita de los muertos y comenzar a llorar, confesarte amargamente, ver esas fotos en blanco y negro y acordarte de tu acento, íntimamente llorarte y preguntarte que carajo haces ahí.
“Pero dime, donde te me-has perdido niñito”.
“ Ahí no mas me-ando tata, perdido. Todo el año perdidamente borracho”.
Otra vez la navidad, las mismas luces y las novedades que el año pasado lloraban y decían mamá, este año hacen pis y se acaban la mamadera; pero yo se que la mamadera no se acabará, por que ya llega año nuevo y otra vez esa choca que no llamas desde junio esta al otro lado del teléfono y vos... le cuentas que tu amigo esta haciendo una fiesta.
Así no más es, en esta circunferencia rabiosa se le va vida a un paceño cualquiera y puedes adivinar en que mes estas, dependiendo lo que estén tomando o de que se estén rayando. Olvidándoseme estaba el hecho de chupar de pena, que ocupa también sendas horas de nuestras vidas y es triste recordarlo pero en esos ahogos encontré a mi amigo Nardo una vez que arribe a la ciudad.