miércoles, abril 25, 2007

El otoño de los perros


El Diario. La Paz,1931.- Un viajero inglés se asombró recientemente del maltrato que reciben algunos animales en esta ciudad, y en especial el recibido por los perros callejeros. Dijo que La Paz, a pesar de ser una de las ciudades más limpias de Bolivia, ofrece algunos espectáculos repugnantes en sus barrios apartados. Pero se sorprendió, sobre todo, con la actividad desplegada por la municipalidad al comenzar el otoño. En efecto, ésta hace repartir en calles y plazas retazos de carne impregnados de estricnina a los perros, los que, una vez intoxicados, “emprenden carrera loca y epiléptica, atropellando a los viandantes, repartiendo mordiscos y perseguidos por muchedumbres de crueles gamines gozosos con el espectáculo, hasta caer en cualquier parte, presa de angustia, y morir muchas veces entre las piernas del transeúnte. Después se arrojan sus cadáveres al río y como no tiene fuerza su corriente, los abandona en las playas de los alrededores de la población, atracados en los guijos, donde se pudren tranquilamente y son devorados por los cuervos en bullicioso y lúgubre festín”

Fin del artículo

Este ilustrativo artículo nos demuestra que el otoño es un gran enemigo de los perros desde tiempos inmemoriales. También señala ciertamente que esta ciudad es un sueño atravesado por un río y un olor nauseabundo, aplacado apenas por el bullicio de los cuervos y sus lúgubres festines perdidos para siempre jamás en el valle de Chuquiago.

viernes, abril 06, 2007

RIP


RIP

Vagando a través de los desvencijados laberintos que contienen ojos, miles de ojos, me interné en busca de un Mausoleo para confirmar ciertos mitos fantásticos de la vida y obra del buen Ismael (Sotomayor). Y es cierto que fue una búsqueda infructuosa, vana y desesperada ya que los cementerios poseen la perniciosa costumbre de cerrar sus puertas a las 16 con 30, y entre las distinguidas eminencias y el epitafio nunca encontrado me puse a leer.
“Vivir sin dañar a nadie, morirse de repente, eso es vivir la verdadera vida”. Entre las letras (en otros tiempos seguramente doradas y brillantes) incompletas que formaban un nombre, aun se podía distinguir el nombre: C Medinaceli, impulsor del movimiento “Gesta Bárbara”. Bueno, graves cosas deslumbran de esa tumba, desde el robo de las letras de la lapida, hasta la tersa eternidad del granito que cubre al poeta (¿?), con algunos símbolos masones escondidos por ahí. (en ese entonces los masones eran excomulgados de la iglesia). Se me ocurrió entonces recorrer el cementerio ya no en busca de Ismael Lillo, sino de lapidas que contengan epitafios interesantes, y pues debo decir que hay casos muy interesantes y otras tantas muy repetidas, por ejemplo: “cuando eras niño todos reían y tu llorabas, ahora todos lloran y tu ríes” Este es sin duda el más repetido epitafio en el cementerio general de la ciudad de La Paz, y fieles como somos los de este lado del mundo al pensamiento simbólico, se encuentra eso sí: Decenas de nichos adornados con botellas de Coca Cola, (La bebida preferida por los muertos), reproducciones en miniatura y a escala de la acogedora sala del difunto, con sillones, chimenea, banderín del strongest y todo; otros sobrecogedores, con figuras de Disney y una cuna, y así da para largo, como para escribir un libro entero de lo que uno ve por ahí. Pero en cuanto a epitafios vale la pena señalar el de Franz Tamayo: “La ciudad de La Paz. Este es Franz Tamayo, mi gloria es su propia gloria”.
Por último y para darle el toque de melancolía que todo cementerio debe tener, hay un epitafio que me quedó en la memoria, se encontraba en un nicho escondido entre las callejuelas de la necrópolis que dice: “He dejado un rastro invisible, para que el silencio me persiga, y me alcance en el fin...” No hay retrato, solo un nombre y unas flores resecas calcinadas por el tiempo y el olvido.
Pensaba en mi epitafio y sería más o menos así.

Aquí yace un perro ocioso y rabioso
Murió de gozo
Y Murió de hambre
No habrá tenido bello lomo ni fino pelambre
Pero había que ver que tenía locas como un enjambre..

Bueno como no quiero opacar a mis amigos poetas retorno a lo mío, antes de que les de un calambre.
Saludos