jueves, mayo 28, 2009

De regalo un tunel y...

Un túnel no tiene tiempo.
Su principio es el todo, el todo es infinito, como la palabra.

Cómo esperar.
Para utilizar un túnel en la espera se debe mirar fijamente adelante. No se debe pensar en la sal que corroen los sentimientos y que nos conviertan en monumentos inútiles y paralíticos.
En las estatuas de sal, sólo las lágrimas hacen grietas en las comisuras de los labios que nos impiden besar al futuro ser amado. Es imprescindible mirar atrás a través del túnel, que es un espejo retroviral que nos limpia las enfermedades y nos desahoga las rabias.
Cómo viajar.
Primero.- Se debe registrar la cantidad de lugares en los que uno no ha querido estar para solicitar un equivalente inverso. Después se debe empezar a coleccionar aromas y olores varios. Las fotos no sirven.
Segundo.- Se debe estar preparado para el retorno, la estadía temporal o el eterno. Para cada una de ellas, se deben cambiar los ojos, la forma de escuchar la lluvia, hablar con la montaña y venerar el frio de la distancia. Los viajes se hacen solos, siempre solos.
Cómo volver:
Disolver el miedo con los anticoagulantes que se usan para los muertos del invierno y las infusiones para la resaca. Esconder las manchas de vino y chocolate. Desempolvar las uñas; y recortar la Palabra “EFUSIVO” de un diccionario cualquiera.
Cómo Quedarse:
Comprar nuevas ventanas para la cortina. Nuevas camas para la sabana. Nuevas huellas para los zapatos. Pero sobre todo, nuevos espejos para los dientes. Bordear con la copa todas las lenguas y tener un pasaje de retorno como amuleto.
Cómo Caminar sin más ni más:
Para caminar sin más ni más, obviamente es necesario dejar de querer ir y dejar de querer quedarse. Es necesario ser muy hábil para esto, porque uno corre el riesgo de hacer lo uno por no hacer lo otro y viceversa. Los grandes caminadores sin más ni más, aconsejan simular que se camina desde y no hacía, de esta manera se mantiene la posibilidad de volver de ningún lugar sin saber a dónde se va. Dicen que Caminar sin más ni más, es tan saludable que después de Caminar sin más ni más uno aprende a mirar y escuchar. Se han registrado casos de caminadores que han aprendido a detectar seres de otros planetas pululando por las calles de las grandes ciudades, así sin más ni más.

Como besar la última vez:
Antes de besar la primera vez, se debe pensar en la última vez, pero sin pena por supuesto, ya que si se piensa en la última a la primera, se corre el riesgo de arruinar las dos al mismo tiempo.
Para la primera vez, se debe hacer algo parecido.
Como esperar un día, un solo día:
Hay tantos días inesperados que lo más difícil es esperar los esperados. Como son días de muchos nervios, risitas y sudores, lo mejor es desesperarlos haciendo como que uno no los ve acercarse y cuando menos se lo esperen desbaratarle las horas, los minutos y hasta los segundos a plan de conjuros que pudran los relojes, mientras, se piensa en la canción deseada y se silba por entre los dientes. Después hay que actuar con la mayor naturalidad posible.

Como desear...
Los Túneles no se terminan nunca, este se sigue haciendo…
Los túneles son palabras que nos envuelven y nos llevan, nos hacen esperar, nos inquietan o nos alivian, nos liberan o nos atrapan. Son momentos también, que se esperan o se desesperan, que se viven y se mueren, que se estancan y que escapan, que huelen, tiemblan y ríen.
Pero sobre todo son deseos…
Deseos:
De vidas largas y prosperas. De amor, silencio y oscuridad. De calor y montaña propia. De ojos bien redondos y dientes muy blancos. De píes cansados y cabellos blancos. De espejos llenos y pañuelos casi limpios. De casas de chocolate y música inaburrible. De tiempo sin tiempo. De ollas beneméritas y platos gastados. De manos duras. De pensamientos volátiles. De olvidar también… cómo no. De júbilos y amaneceres. De paciencia y ocasos. De despedidas y reencuentros. De partidas y polvaredas. De suspiros y café. De ventanales y humo. De ti, por ti, para ti.

Feliz Cumpleaños!!!!!!

lunes, mayo 25, 2009

La escafandra y la Mariposa


Me pregunto si serías capaz de amar a alguien así de desconsoladamente gordo. O a alguien desgraciadamente raquítico y esquelético. O a alguien que no pueda ni moverse, deshacerse de si mismo; de eso que lo paraliza y lo inutiliza cuando te ve o te escucha.

De todas las peores cosas para arrepentirse, la peor es el miedo que inmoviliza y deja que te marches.


La escafandra y la Mariposa
Ahora tengo la impresión de que mi vida ha sido una serie de pequeños fracasos.
Las mujeres que no supe amar. Las oportunidades que no supe atrapar. Los instantes de felicidad que dejé pasar...
Sabía el resultado de la carrera, pero era incapaz de apostar por el ganador.
Estaba ciego y sordo? o era necesaria la luz de la desgracia para descubrir mi auténtica naturaleza?
...

Acabo de darme cuenta de que además de un ojo tengo otras dos cosas que no están paralizadas: mi imaginación y mi memoria. La imaginación y la memoria son las dos únicas vías para escapar de mi escafandra.

La distancia no es una camisa de fuerza o una escafandra... ¿o si? Yo debería dejar de escuchar todo lo que dicen, dices, digo... y volar donde vos.
Deberia dejar de ver todo lo que me muestran, muestras, muestro y debería tocar tu puerta una mañana.
Debería dejar de estar quieto y volar donde vos para hacer a tu lado lo que más quiero...
Entonces pienso: Pero los gordos no deben escribir poesía y los flacos no deben que cocinar, y punto carajo. No tengo salida.
Me acuerdo de lo bonito, me acuerdo de lo feo... me imagino que voy, me imagino que llego.
Me imagino llegando y quedándome.
Feliz cumple 1

miércoles, mayo 20, 2009

Jakonta Bicentenaria

Tenía ganas de hablar de algunas ocurrencias de la “Oligarquía Paceña” como de inundar la larga noche de museos en nombre de la sacrosanta cultura paceña y deleitarse con las historias de los fantasmas, sacarse fotos en la benemérita casa de la Cruz Verde –igual que cualquier turista japonés- y luego preguntar que es ese curioso y embriagante brebaje caliente color té, con palitos flotando servidos en botellas de vino, aunque en eso se han tenido que topar con la novedad de que la noche de museos se había vuelto una extensión del mercado Lanza, que al igual que el universo, se expande miles de kilómetros a cada segundo… y eso que aquí no ha habido ningún big bang, sólo las cuestiones del Bicentenario, que se parece pero no es igual.

Algunas veces les digo a mis alumnos de la universidad, que el mundo no empieza en San Miguel y termina en el Cine Monje Campero. Les digo que aventurarse a los extramuros de la ciudad puede traernos gratificantes experiencias dignas de ser vividas. Pero después me he puesto a reflexionar que los, paceñistas, tradicionalistas, deterministas, fundamentalistas, folkloristas, estronguistas y otros “istas”, estarían al acecho para hacerme saber que yo engroso o engraso –no solamente por mi saludable complexión- la banda de hipócritas, “istas” ya que bien hubo un tiempo en que hecho el poeta, artista o genio perturbado, andaba –de negro, con afectada cara de sufrimiento y oscuras reflexiones- merodeando y chupeteando en esas calles y después bien que me iba a las fiestas de la Universidad Católica en algún palacete sureño y me regodeaba hablando del dolor, la miseria, el hambre, la soledad, el sentimiento de vaciedad, la insoportable levedad del ser y otros azotes existenciales, desde las calientes pachangas de los bacanales bailando “Marilyn”. Es decir que yo de coherencia, congruencia, consistencia y tucuimas no voy a hablar, y tampoco voy a andar diciendo que los jailones y que la zona sur y que bla, bla, bla porque es lo mismo de siempre. Que todos hagan lo que les cante las guindas, finalmente yo soy otra clase de “Ista”, soy un Valeberguista y así estamos bien por ahora, hasta que halle un partido político.


Tanto preámbulo para hablar de comida y viejos amigos… bueno, decía que quería hablar de las ocurrencias de la “Oligarquía Paceña” hasta que he leído que las caseras del Comedor Popular del mercado Yungas han creado la Jakonta Bicentenaria. Esto en honor a los 200 años de la insigne gesta libertaria que nuestros gloriosos protomártires de la independencia con hondo y exaltado corazón patriótico han promovido inflamando perennemente la augusta llama de la libertad que el gallardo Murillo ha encendido con su sangre… y su pescuezo…yaaaaaaaa!!!! Bueno… en que estaba?? Ahh si! En la Jakonta; usted amable forastero o jailón (no voy a definir jailón, no jodan istas) que no ha tenido la oportunidad de visitar el Comedor Popular del Mercado Yungas, este no es un lugar que tenga grandes particularidades, a la vista es cualquier comedor popular, con vendedoras amables las unas y gruñonas las otras, pero, eso sí, se jacta de tener la mejor jakonta del Planeta, que para resumir digamos que es una Sopa de Carne –trozo grande- con arroz y papá y chuño, Servido en desportillado plato de loza y con una relamidamente gastada cuchara con agarrador que termina en forma de cucaracha, acompañada de la omnipresente y todopoderosa marraqueta amén de una buena llajwa que te hace moquear como en velorio.


La primera vez que fui a probar tal portento de la gastronomía matutina, fue a las 6 de la mañana de un eterno invierno paceño, conducido por el mismísimo Fernando “Jakonta” Rojas, que de los paceños, es el más. Obviamente que un sábado a esa hora, raramente se encontrará algún comensal sobrio. La suerte es que el antiquísimo refugio de los Excombatientes de la Guerra del Chaco se encuentra en la parte posterior del mercado, exactamente en la calle Coroico, por lo que era común ver a beneméritos terminar sendos platos de jakonta y timpho y bien o mal que todos íbamos borrachos, y las historias que afloraban de la guerra eran simplemente abracadabrescas, mágicas, alucinantes, tristes, alegres, desconsoladores, paroxismáticas ¿?


Como la del orureño que se escapo tres veces de prisión en el Paraguay; la primera vez atado a una lata de gasolina con la cual escapo de Isla Poi atravesando un rio atestado de pirañas; la segunda haciéndose al muerto en medio una ejecución sumária a varios prisioneros bolivianos; la tercera, en ocasión de una tregua propiciada por las fiestas de navidad: bolivianos y paraguayos acordaron jugar un Match de futbol, aprovechando la tregua navideña–tal como lo cuenta- y la pelota se fue al monte y la fue a buscar el orureño, que bueno…sospecha que es probable que no haya terminado el partido, no sólo porque se escapó, sino porque también se llevo la pelota, instintivamente dice él. Pobre orureño que gritaba en medio de atroces pesadillas todas las noches en el refugio, ya que en su conciencia habitaba eternamente la cruel ejecución de todo su equipo de futbol como le informaron meses después. O la historia del Estafeta del mismísimo general Busch, que veía como este llegaba de sus exploraciones a campamentos enemigos con colecciones de orejas y ojos de soldados paraguayos todos bien atados a su cinturón. Al estafeta le constaba y juraba por dios que cuando los Pilas (soldados paraguayos) escuchaban Busch, temblaban y hasta se hacían pis… el estafeta dice que el general no se suicido porque sí, sino porque le dolía mucho la muela.


Con estas historias que rematábamos en el Bar “Los Espejos” de la calle Yungas y que ahora aun existe y se llama “Glu Glu”. Cantabamos boquerón abandonado, llorábamos y reíamos y hacíamos lo que todos los borrachos hacen. Por ese entonces yo trabajaba de mesero en un antro cerca de la Plaza Uyuni y Fernando Jakonta Rojas era el Barman, y aunque me llevaba unos 30 años por lo menos, nos llevábamos muy bien. Alguna vez paso muy temprano en la mañana por ahí y pienso si sería bueno darme una vueltita para ver si habrá algún cuentito que escuchar. Alguna madrugada me dan ganas de ir a buscar a los muchachos e irnos al Glu Glu a acordarnos… pero lo malo también es que sufren cuando se acuerdan y creo que el tiempo ya se ha llevado a la mayoría al valhalla chaqueño, si tal cosa existe ya que al final, los sobrevivientes se las han visto más negras aquí que en el infierno verde como le llamaban.


Está bien esto de rescatar el pasado con estas actividades del Bicentenario, cuentos, recetas de la abuela, y ojala que no sea otra buena mamadera dizque cultural… ahora eso de sacar galletas, jakontas, ispis, wallakes, pollos Copacabana, poleras del Bolivar bicentenarias no sé, de repente soy un amargado, pero estaría bien que la ciudad, toda la ciudad se acuerde de todos, sobre todo los que han construido esta historia:
Los viejos.

jueves, mayo 14, 2009

Ayeres II

Uno de los primeros recuerdos que tengo de la casa de mi abuelastra es que comíamos los domingos, invariablemente a la misma hora y el mismo menú –sopa de maní y pollo al horno-en un comedor largo y lúgubre y de fondo se veía un pasillo que daba hacia una terraza que tenía una casita hecha como para un duende; ahí, sentada con las rodillas hasta las mejillas, comía callada María.
Después de subir y bajar, trayendo y llevando vasos, platos y otros varios, María se sentaba y comía el pollo con las manos. Yo peleaba con las alas y los tenedores. Sus manos brillosas le daban asco al abuelastro que le pedía que se las lave antes de servir el coctel de naranja y singani.
Imilla sucia Caramba!!!
Yo nunca hablaba con María.
Por ese entonces, yo vivía en una cocina con una ventana muy grande, al lado de un anafe de kerosene que tiznaba toda la pared; la cocina de gas dejó de ser un adorno y pasó a ser una mesa, ya que se hallaba sin uso por la falta de gas (tiempos de la Unión Democrática Popular).
En las noches me gustaba subirme al techo y mirar por la ventana el populoso barrio del Gran Poder. Melina nunca subía al techo y sólo me ayudaba a mirar por la ventana –tenía miedo caminar por las calaminas- Me preguntaba por aquella luz y por la otra, y yo inventaba que era un hotel o un banco y ambos imaginábamos que la luz estaba muy lejos y que desde la luz no podrían ver nuestra sombra.
Melina llegó un noviembre, desde un pueblo ventoso y polvoriento de Oruro. En realidad Melina, se llamaba María, pero mi mamá le cambió de nombre a Melina porque a decir de ella: “Todas las empleadas se llaman María y se van a confundir de empleada” Y lo bueno, a decir de mi padre, es que aún teniendo 10 años no la habían bautizado; así que la apadrinaron, la vistieron de blanco y la llevaron a la pila Bautismal y se quedó con Melina para siempre.
Sus papás nos la “regalaron-prestaron” porque en su pueblo había sequía dice María. María que ya no era María sino Melina y que comía en un rincón, lejos de la mesa, con las rodillas hasta las mejillas.
Era ingeniosa la Melina, inventamos un cacharro para cargar garrafas de gas y correr detrás de los camiones. En las madrugadas hacíamos fila en la puerta de la panadería “La Francesa”. A eso de las 5 y media de la madrugada venía toda agitada una mujer que repartía fichas acompañada de un Policía Militar se encargaba de vigilar que no haya escándalo y que se den sólo 4 fichas por familia.
Con las linternas nos miraban las caras a Melina y a mí:
-¿ustedes son hermanos?
-No… no lo conozco.
-son hermanos pues!! Clarito es!!
Igualitos??? No es mi hermana… es la empleada!!!
Chiflidos, berrinches, gritos.
Fue la última madrugada que compramos pan en el mismo lugar.
Después de dos años y medio Melina conocía todas las panaderías de la ciudad. Las clandestinas también.
Un día antes de la noche buena, habíamos cenado arroz a la valenciana. Melina siempre el mismo ritual después de lavar los platos en el balde. Sacudir su colchón, sus frazadas y hacer su cama en el piso al lado del anafe que tiznaba más que nunca la pared que un día fue verde agua. De fondo la ventana y la ciudad. De fondo las luces del hotel “El dorado”
Mi papá se fue sin decir mucho a su turno nocturno.
-Chau…
-Chau
A las 6 de la mañana sonó el teléfono. Con un repique tan intenso que te hace estar seguro que es una emergencia y que los teléfonos tienen vida propia. Después mi madre se jalaba los cabellos, gritaba, aullaba y golpeaba las paredes.
Mi papá murió en una explosión a las 5 de la mañana.
No lloré, nunca llore. El abuelastro miraba el ataúd y suspiraba. La abuelastra se enojó porque no lloraba. Mi mamá no se quiso lavar las manos ni la sangre.
Dicen que una granada de guerra tipo limón expulsa esquirlas letales por lo menos en 6 metros a la redonda.
Era noche buena, mi hermana que jugaba con todo lo que los vecinos le habían traído. En la casa de al lado yo estaba echado en un colchón de paja y una frazada vieja, igual que la Melina.
No tenía ni una pizca de ganas de llorar. Me daba pena el perro que no paraba de aullar y Melina que teniendo sueño no podía dormir porque estaba repartiendo coca y cigarrillos en el Velorio.
Dicen que sus tripas estaban botadas en el suelo de la morgue y que esa granada no era de él, sino del otro militar que trabajaba para la Acción Democrática Nacionalista y que peor quedó el que estaba desarmando la granada.
Mi mamá casi no hablaba y yo vi al fantasma de mi papá como un remolino levantarse desde mi cama y marcharse para siempre.

Melina y yo pedimos prestadas las llaves de unas inquilinas que tenían una tienda llena de abarrotes.
Copiamos las llaves de su departamento y una tarde cuando no estaban las hermanas Condori, nos llevamos 500 dolares. Podíamos haber sacado más, pero necesitábamos lo suficiente para irnos Melina, mi hermana y yo a algún lugar.
También queríamos llevar a mi Mamá para que deje de llorar, pero no hablaba.
Y la policía revolvía todo en casa y Mamá tenía una cara que jamás le había visto. Al día siguiente nos despedimos de Melina, en silencio, sólo mirándonos. Nunca más la volví a ver.
Después, entre silencio y murmullos empezamos otra vez.
En las fotos salimos con la cara brillosa como el plástico nuevo. Es por la crema Lechuga “Nacional” dice mi mamá.
Fotos y torbellinos que se van.

lunes, mayo 04, 2009

Dolls

Cada cosa se ve y llega en su tiempo. En septiembre, me regalaron trece películas de un tal Takeshi Kitano, anoticiados seguramente mis amigos de que me fascinaba la vida de los Yakuzas y la onda de la mafia japonesa
Así es que no me esperaba encontrar esta oda a la culpa y la soledad hecha película siete meses después. No soy un crítico de cine y más al contrario a veces prefiero olvidarme de mi pequeño mundo y ver algo que me haga reír, como “Locos por Mary” o “Al diablo con el diablo” pero hay películas que a uno le cambian la vida y Dolls es una de ellas.
Ya las primeras escenas de Bun- Raku (Teatro de marionetas japonés) nos dice que no será una típica de las pelis de Kitano, llenas de sangre y violencia a más no poder. Matsumoto, rompe con su novia (el amor de su vida) Sawako, para casarse con la hija de un millonario Japonés que le aseguraría una vida sin sobresaltos como la tenemos algunos,(…) bueno, la cosa es que la Sawako se vuelve loca al enterarse de que el Matsumoto se va a casar con otra changa, pero no loca en el sentido que rompe sus cosas y manda todo a la mierda, eso lo hace a nivel simbólico, como es y debe ser la buena locura, es decir, la Sawako pierde el juicio, se vuelve psicótica, insana, en estado de total mutismo. El Matsumoto que se entera en plena boda que la Sawako se ha querido matar y ahora esta loca en un manicomio, se sale corriendo de la boda, y va al hospital donde la Matsumoto no lo reconoce ni le dice absolutamente nada. El Matsumoto agarra y se la lleva a ver si puede hacer algo por ella…pero no hay nada que hacer, por mucho tiempo empiezan a caminar hacia el pasado a través de los lugares y los recuerdos y como la Sawako sólo camina y no dice nada, el pobre Matsumoto ya tiene miedo hasta de dormir y se amarra una cuerda a la cintura y el otro extremo a la cintura de la Sawako, en un principio para que ella no se lastime, pero después uno se va dando cuenta que se esta atando a ella por la culpa que siente.
Paralelamente transcurren otras dos historias de amor muy tristes: Un jefe de la yakuza japonesa que estando viejo es un sádico y sanguinario y recuerda que cuando era joven y no tenía un mango en el bolsillo tenía una novia a la que abandona en un parque y ella le promete que lo iba a esperar toda la vida, los sábados en la misma banca del parque, y lo hace… La otra historia es de una cantante de pop japonesa que tiene sus fans por todas partes y uno en especial que esta loco y obsesionado por ella. La cosa es que la cantante tiene un accidente y pierde un ojo y se le deforma la mitad de la cara y no quiere dejarse ver nunca más con nadie, y ese su fan, decide volverse ciego para verla… y va donde ella bastón y todo y hablan de los olores y las sensaciones de alrededor.
No voy a ser tan desgraciado de contarles el final de las historias aunque podría hacerlo y hasta disfrutarlo, pero el punto es que esta película nos ayuda a entender la culpa y la soledad de una forma alucinante.
Es paradójico que esta película sea tan triste, y que de alguna forma nos alegre el entendimiento y nos deje mucha sensación de paz, se las recomiendo.


Cosas que uno elabora mientras termina las pipocas:
Yo quisiera sacarme los ojos para verte.
No quiero estar amarrado eternamente por la culpa yendo al pasado gritando en silencio.
Esperar… siempre esperamos, pero al final todos nos vamos.