martes, abril 30, 2013

Los cuadernos del Subdesarrollo 1. El Trabajo



Bien, ya que nadie lee mi blog, lo voy a usar como un “diario retrospectivo” si tal término se puede utilizar a los recuerdos ordenados hacia atrás. Total que a un par de días de estar completamente desempleado y desamparado, en este salvaje mundo del consumo, hay que buscarse una actividad que nos mantenga un poco la cordura y el optimismo.
Mi señora madre, que trabaja en una repartición estatal desde 1981, es decir treinta y dos años, me dijo que lo más duro de su trabajo en todos estos años, era saber que nunca más podría estar en la calle de 8 a 12 y de 2 a 6. En pocas palabras, uno tiene que pedir permiso para salir del edificio, llenar una boleta, dejarla al jefe de personal con el debido cuidado de explicar bien el motivo de tu salida. Si dices que vas al doctor, entonces debes poner cara de enfermo. Si dices que vas a pagar una factura atrasada, entonces debes poner cara de preocupado. Si dices que vas a solucionar un problema familiar, cara de desesperado. Las caras se pueden combinar, según el pretexto, entonces, la gran conclusión es que hay pocas cosas más importantes que el trabajo, aunque no siempre parece así.
Para ciertas personas, como mi madre por ejemplo, las vacaciones son otra cosa, no cuentan cómo tiempo libre. Cuentan cómo tiempo afuera del edificio y adentro de la casa, lo cual no deja de ser otro trabajo: limpiando la cocina, cosiendo ropa, lustrando el piso, bordando manteles, aceitando las puertas para que no rechinen avisando que mi papá ha llegado borracho y que anda buscando una botella de singani en el refrigerador.
Entonces, para personas como mi señora madre, la vida siempre está dentro de algún lugar con paredes y techo y para personas como mi padre, la vida está muchas veces al aire libre o a veces adentro de una botella.
Mi papá es mecánico y a veces le da por beber un poco, pero es porque es parte de su trabajo. Mi papá es un buen tipo y tiene un buen trabajo. El no lo dice, pero si lo dijera, si agarraría y cuando todos le estamos diciendo que es un borracho, el nos dijera “yo soy un buen tipo, tengo un buen trabajo y beber es parte de mi trabajo” seguro que nos callaríamos y nos iríamos a ver las noticias en la tv para reírnos de los borrachos.
Mi papá tiene una fosa en pleno patio. La fosa tiene graditas y el estaciona los autos encima de la fosa y baja las graditas. Se remanga la camisa y empieza a entornillar desentornillar cosas por aquí y por allá. Después sale todo negro y lleno de aceite, busca unos engranes, unas ligas (que el siempre me corrige diciendo que son correas de no sé qué) y luego sube al motor y después pone cara de doctor. Según la dificultad, los dueños de los autos lo vienen a buscar.
Llámele a su papá, me dicen desde la calle cuando abro la ventana para ver quién toca el timbre. ¡No está! yo les respondo, aunque mi papá esté. Si hago esto, es porque no me gusta como la gente trata a mi papá. La gente es una mierda. La gente sabe que mi papa tiene una fosa en el patio a la que entra todos los días y ni así se les ocurre pensar que los únicos que entran a las fosas todos los días, son los muertos y mi papá. Entonces, como no sentirse mal cuando uno lo ve entrar a la fosa y se imagina su muerte, su entierro, las flores, las plañideras, lo difícil que será escribir su nombre en el estuco fresco con la ramita de una flor marchita de otra tumba que una vieja comedida me pasará mientras mis hermanos se abrazan, porque claro, esa es la tarea del hijo mayor, escribir el nombre y la fecha de muerte del difunto. Lo malo, es que nos llamamos igual. Entonces, yo también habré muerto un poco al terminar de escribir nuestro nombre: ¿cómo se sentirá?
Dicen que con el tiempo la gente se acostumbra a todo, como por ejemplo, que tu viejo se llame igual que vos, pero esas son macanas, yo no me acostumbro.
Voy a escribir un poco de mi primer trabajo, pero lo haré mañana, porque mi jefe ya me ha mirado feo y me ha dicho que ya es hora de desocupar la oficina. Me alegra irme de aquí, esta oficina y esta ciudad son muy frías. La secretaria dice que la oficina parece un nicho, una fosa, pero bueno, de repente todos morimos un poquito cada día.
Hasta mañana.

miércoles, septiembre 12, 2012

Una carta a destiempo para el Sr. A. H. jefe del Tercer Reich.

Nota: Perdida para siempre la ubicación y el rastro de la carta original que leerán a continuación y después de haberme pasado varios meses y años buscándola inútilmente en los archivos de la benemérita Hemeroteca Municipal de La Paz, intento reproducir  este artículo escrito (según recuerdo) de forma epistolar por el famoso periodista Alfonso Prudencio "Paulovich"  y publicada en su eterna  columna: "La Noticia de Perfil" hace ya varias décadas atrás, después de que William Camacho haya sugerido que deberíamos re escribirla, ya que bien podría ser usada en estos tiempos de "exacerbaciones regionalistas". Faltando voluntarios para la tarea, hoy me doy el gusto de saldar una deuda con todos aquellos a los que, entre copa y copa, les conté del dichoso artículo que jamás pude hallar, tratando de incluir en esta versión, la mayoría de detalles que recuerdo y me parecen importantes, no siendo de ninguna manera fieles al original, pero tratando de salvar con mi escaso talento su espíritu e ironía. Aclaro finalmente, que lo hago sobre todo, como una humilde forma de rendirle homenaje a don Paulovich y a su humor negro, que tantas noches nos ha salvado del aburrimiento con su ironía y, cómo no, con su inmortal Diccionario del Cholo Ilustrado.
Oscar Martínez.

La Paz, 20 de diciembre de 1942

Sr.
Adolf Hitler.
Comandante en Jefe del Tercer Reich
Presente.-

Estimado Adolf:


                               A tiempo de saludarlo  muy cordialmente  y felicitarlo por sus logros en el campo bélico, que incluye la total aniquilación de Francia, la ocupación de París, la meteórica destrucción de Polonia y la formidable aplicación de la blitzkrieg en el frente occidental y el norte de África, que le deparará las glorias para usted y el Recih que tan acertadamente preside, le hacemos llegar la presente, a fin de solicitarle muy encarecida y respetuosamente a su digna autoridad, dejar sin efecto las terribles amenazas que ha vertido sobre nuestros humildes países, que sin tener parte ni beneficio en estas aventuras guerreras, han osado sumarse a los aliados y declararle la guerra al Eje que usted lidera con tanto acierto.

Como usted imaginará, desde el día en el que (comprensiblemente) ha amenazado bombardear y reducir a cenizas las capitales de los países que han tenido semejante osadía, las potentes luces de los reflectores que buscan los bombarderos de la Luftwaffe en la honda negrura de las noches paceñas, no nos han dejado dormir y a veces ni siquiera pestañear durante más de un mes a todas las gentes de esta vecindad, con la consecuente y fatigadora somnolencia que ha convertido el cotidiano acto de vivir en una verdadera pesadilla.

Por lo tanto, usamos lo poco de cordura y buen juicio que aún nos queda, para ponerle urgentemente sobre aviso, que la capital de la República de Bolivia es la ciudad de Sucre y de esta manera se rectifique tan terrible mal entendido.

Sin otro particular y esperando que no escatime recurso alguno en aniquilar finalmente a sus enemigos, nos despedimos de usted muy atentamente, reiterándole nuestras atenciones más distinguidas.


Ciudadano Alfonso Prudencio (Paulovich)
Presidente A.I. del comité por el sueño de los justos.

martes, agosto 21, 2012

El Polio y superman


Anoche, al Coqueluche le han dado un ataque terrible de asma y podría asegurar que un rato de esos, casi se muere. Ver a alguien morir debe ser medio feo. Seguramente que al comprender que se lo lleva la flaca, agranda los ojos y le caen unos lagrimones que le mojan toda la cara. Seguro que se agarran al pecho con ambas manos para sentir si aún les late el corazón y en las millonésimas de segundos que transcurren ante sus ojos mostrándoles la realidad de la vida, deben cambiar de cara, poniéndose llorosos y desesperados. Pobre Coqueluche le ha dado un patatús.

Eso le he dicho a mi mamá esta mañana cuando ha venido a verme. Le he dicho que la enfermera nos toma como a unos tarados y que el Coqueluche es un buen chico, pero que anoche casi se muere y que me he asustado mucho, porque no quería ver ni escuchar su alma vagando por los pasillos del hospital. Pobre Coqueluche, le ha dado un patatús. Se ha ido a colgar de la ventana para que no le pongan una inyección. La babosa de la enfermera le ha convencido de que baje de la ventana y le prometió dibujarle un reloj en su brazo y ¡zas! viene la otra enfermera con el doctor y le enchufan un jeringazo que lo dejan durmiendo todo el día, como un muerto.

Pobre Coqueluche, le ha dado un patatús. Eso me dijo mi mamá y yo estaba medio que dudando, sembrando mi imaginación infantil en los fértiles campos de la luna, porque no sabía que quería decir patatús y pensé –dentro de mi ignorancia- que un patatús sólo le podría dar al Poliemelitis, que ese sí que es un bastardo, y que Diosito me perdone, pero hasta hace poco todos los niños del hospital nos tragamos el cuento de que su pata era biónica y que estaba en el hospital para que lo terminen de volver un robot; un robot  como esos que aparecen en la Guerra de las Galaxias.

Aquí, a todos nos ponen los apodos según la enfermedad. El portero –un gordo asqueroso que se llama Celestino- fue el que tuvo la brillante idea de clasificarnos por enfermedad. Por ejemplo, en este pabellón está el Poliomielitis, el Coqueluche, el Neumonía y el Diarrea por difteria. Bueno también estoy yo, a mi me dicen el resucitado. Digamos que yo he tenido suerte.

Hice mal en decir que el Polio era un bastardo. Mi mamá me dijo que su pata no era biónica y que nunca se iba a convertir en un robot. Hasta se puso a llorar porque según ella, el Polio estaba muy enfermo y nosotros, dale a molestarle al Polio con eso de que nos muestre sus cables y las baterías que le hacían mover la pata biónica, con la que creíamos que era capaz de alcanzar velocidades inauditas para los humanos y saltar por rascacielos inmensos como una pulga electrónica. El Polio nos contaba sus aventuras por las noches. Cuando el celestino apagaba las luces y se iba, todos nos sentábamos en su cama y el nos contaba lo que planeaba hacer cuando su otra pierna -la izquierda- llegue de Japón. Ya se sabe como es la aduana boliviana… pura burocracia. Nos decía que sus papás le habían dicho que por culpa de la bendita aduana, no había cuando lo operen para ponerle la otra pata y se vuelva un superhéroe, tal como se lo habían prometido. Mientras el Polio hablaba, me imaginaba que el día menos pensado, la pierna izquierda del Polio llegaría en una caja de cartón, envuelta con un plástico de burbujas de aire, la cual seguramente tendría que disputarme con el Diarrea y el Neumonía.
Antes de dormir, los chicos decían que después de que le pongan la pierna faltante al Polio, este vendría la noche menos esperada y destrozaría al viejo Celestino de una patada en la cabeza y luego nos iríamos a pasear por todas partes montados en su espalda.

Que desilusión.
En realidad el bastardo era yo. Enojado aún por hacerme falsas ilusiones, le dije al Polio que su pata no era biónica ni nada, le dije que era un pobre cojo, tullido y minusválido. Que era más inútil que un perro atropellado y que nos deje de mentir.

El Polio se puso a llorar amrgamente. El pobre no sabía nada; de verdad creía que era el niño biónico. Creía todo lo que sus papás le habían dicho y no dejaba de llorar mientras todo el mundo me miraba con odio y desprecio. El Neumonía y los otros chicos se han dado el trabajo de convencer al Polio de que yo era un loco y que justaba estaba internado por mentiroso. Eso quería decir que estaban dudando  que yo era supermán, y que me he lanzado de un cerro sólo para demostrarlo…

Estaba más de dos meses en el hospital gracias a un problema con mi capa. Mi capa era una toalla grandota, pero no era roja como debería de ser, sino verde agua, como la criptonita, e ahí la razón por la que me he partido la crisma, yendo a caer al hospital de superhéroes, es decir, al Hospital de niños.

-No te mueras negrito…- eso es lo primero que me dijo mi mamá cuando abrí mis ojos en el hospital.
A propósito de negros y héroes caídos en desgracia, yo le atribuyo mi negrura a San Martín de Porres. Después de haber caído al suelo desde más de cuatro metros, me estaba desangrando en el taxi de camino al hospital. En mi ciudad creo que nunca han habido mas de dos ambulancias. Mi tío Iñaki, el hermano de Mary, mi mamá, de pura desesperación se bajó del taxi en el sempiterno embotellamiento de la calle Ballivián, allí en el casco viejo de la ciudad  y me exhibió todo sangrante a los desalmados choferes que se creían dioses detrás de los volantes, los cuales –a decir de mi mamá- nos dejaron pasar más por susto que por consideración, y justo cuando pasábamos por la iglesia de La Merced, de la nada, como arte de magia, aparece una ambulancia de la Caja Nacional de Seguros

Mi madre, que es un poco fanática de estas cosas de santos, vírgenes y curas, no pudo menos que pensar que esto se trataba no sólo de un milagro, sino de una señal divina, así que  juró que si me salvaba, le devolvería los favores al primer santo que se encuentre a mano derecha de la entrada a la iglesia de La Merced y que si me moría, me encomendaría al primer santo que esté a mano izquierda. Bueno, hasta hoy, allí está el negro con su escoba y sus cirios gastados. Era una señal, no en vano mi apellido es Martínez.

No te mueras… eso me decía mi mamá apretándome las manos y cuando abrí los ojos sólo me acuerdo que ella estaba con unas ojeras neeeeegras, como yo. Me vi en el espejo y ya era totalmente moreno y empecé a sentir mucha afición por los perros y algunos gatos.

Miro un reloj dibujado con tinta azul en mi mano derecha que marca eternamente las diez y cuarto. De la mañana o de la noche, no se sabe, yo me lo voy imaginando según me conviene.
-¿Oíme, vos bajás en Liniers?
-No, bajo en Once
- Ahh… Liniers es la próxima estación ¿seguro que no bajás en Liniers?
- Seguro, bajo en Once.
-Ahh, Once es la última parada
- Si, ya sé…
-Parece ortopédica ¿verdad?
-¿Perdón?
-Digo que mi pierna parece ortopédica.
- Pues la verdad no sé… no tengo idea.
- Como se me quedó mirando, pensé que se estaría preguntando.
- Ahh no, disculpe, la verdad estaba escuchando el tren y no estaba pensando ni mirando.
-Suena feo el tren…
- Tiene ritmo, to toj-to toj-to toj
-Yo más bien diría tu tuj-tu tuj- tu tuj
- jajajaja si, si, puede ser tu tuj
-Cuando era niño me dio poliomielitis, yo vivía en Paraguay, éramos muy pobres y no me vacunaron contra la polio.
- Yo tenía un amigo, en Bolivia… bueno, un amigazo, que tenia Polio, pero en realidad yo creía que era el hombre biónico. Es que cuando yo tenía 5 años, estaba en el hospital por lanzarme desde la ventana de mi casa, allá en La Paz y estuve como dos meses en el Hospital del niño creyendo que en realidad era superman y…


jueves, junio 28, 2012

Las hojas sueltas


Por las mañanas, los visten de amarillo, los ordenan en filas y con mucho cuidado los sacan a conocer el mundo. Miran como el viento sacude las hojas de esos arboles grandooootes, levantan los dedos rosados y melosos al cielo y ven las nubes que se disipan formando figuras chistosas.
La profesora habla de las cactáceas, de la importancia del sol, del viento, de la lluvia y por qué en otoño las hojas deciden morir y entregarse a los vientos; de por qué no se deben apedrear a los pájaros en vista de que el destino también suele arrancarnos las alas y nos obliga a arrastrarnos por la eternidad, tal como lo dice la biblia… Y ellos piensan en la tristeza como el último pedazo de un chocolate; como el helado derretido en el suelo o como la tardanza de mamá.
En estas incursiones por la brevedad del mundo, levantan piedritas redondas y se las meten en la boca. Conocen el sabor de la tierra. Remolinos de viento levantan las hojas en espirales mágicas que parecen los monstruos que en las noches se pasean cerca de la ventana. Abren la boca y se agarran de las manos, sus sombreros vuelan, se ríen…
Yo los miro de lejos, cuando salgo a caminar y a descansar del mismo mundo. Este mundo que de pronto se ha vuelto pequeño y demasiado conocido. Yo no sé el sabor de la tierra aunque muchas veces he tenido que morder el polvo. Entiendo la razón por la cual las hojas de los árboles mueren en otoño, cuando camino y sus cadáveres crujientes me recuerdan días y personas que ya han pasado, que se han ido crujiendo los dientes y sus propios huesos. Aún hoy veo monstruos por las noches…
En las plazas y los parques, los días de otoño, frio y pena los espero, sólo por ese afán de acordarme y querer creer todavía en el mundo y en los mundos, en la gente y las gentes, esperando el invierno; esperando cambiar de piel y seguir caminando.

miércoles, abril 11, 2012

El tire de gracia.

El Manuel Pedraza alias “El Tili” se ganó su apodo después de conocer a una puta gorda y pintarrajeada que lo atendió una noche en la cual, preocupados por su muy probable maruléz, lo llevamos a los burdeles de Villa Rosales para que se confirme varón.

Después de regatear en varias casuchas de citas llenas de vendedores de cigarrillos y chicles a lo largo de una calle plagada de borrachos, taxistas, vendedores de videos pornográficos y Maca (el viagra andino) encontramos un burdel de dos pisos que en la puerta tenía una gran lámpara roja y el sugestivo nombre de “El Paraíso In”. Después de una breve discusión con los changos, sobre la conveniencia de entrar o no al Paraiso In, decidimos que nada perdíamos preguntando, ya que al fin y al cabo esta era una cotización y punto. Algunos decidieron esperar fumando en la calle,temerosos d que el negro grandote que dormitaba en una silla en la puerta con un palo en la mano, despierte y nos vaya a cagar a palazos. Al entrar, recibimos la impactante bienvenida de un penetrante olor a medias sucias y patas de peregrinos. El paraíso In a pesar de verse un poco más decente y limpio, resultó - contra todo pronóstico- mucho más barato que los otros establecimientos de la misma calle. Las paredes del salón principal, estaban tapizados del piso al techo con posters de mujeres desnudas y uno que otro héroe de la lucha libre gringa. Alrededor de una vetusta estufa de gas, un montón de sexoservidoras bailaban unas cumbias mexicanas súper antiguas, monótonas y aburridas. Todas ellas hablaban y reían a los gritos y observaban a los potenciales clientes, que, como buitres, habíamos hecho un círculo alrededor de ellas. Al final, los dos círculos bailábamos alrededor de la estufa que era el centro del universo.

El Tili, me dijo que tenía ganas de vomitar y yo le dije que vomite después de tirar, ¡que no sea maricón carajo! En el círculo, ubicamos un par de rubias teñidas que se nos antojaban las más bonitas. Nos acercamos, todas vestían trajes de baño de una pieza o coquetos bikinis de color fosforescente. Ya de cerca me pude percatar que debajo del traje de baño, usaban pantimedias color piel y que mientras bailaban, la luz negra de la pista de baile les resaltaban las cinturas rollizas y la abundante caspa de su cabello que brillaban en sus cabezas como luciérnagas diminutas. Por un momento sentí un poco de pena por ellas y por mí también.

¿Qué hacíamos ahí? Hasta ese día, el Tili no tenía un apodo definido e infructuosamente él mismo se había buscado uno que le agrade, ya que el hecho de llamarse simplemente Manuel Pedraza, no le decía nada a nadie. Algunos querían decirle “El Peterete” por su forma de caminar (igual que el personaje de televisión nterpretado por Ramón Valdéz) pero como no tenía ningún gran otro defecto físico digno de inmortalizar y por lo demás, casi todos caminábamos igual, preferimos transformar su apodo de “El Peterete” a “El chupeterete” por su forma irresponsable de beber con la cual nos hacía reír a todos porque se quedaba tirado en cualquier esquina o en cualquier mesa y a veces hasta se meaba en sus pantalones. Pero como dije, el Tili era un tipo demasiado miedoso y extremadamente amable. Cuando estaba borracho, es decir, casi todos los días, se ofrecía a ir a comprar los combos y después de la primera botella, se iba disimuladamente a un rincón de la plaza y se quedaba mirando el piso para después ponerse a llorar. El único que lo consolaba era el Huesito, que no sabemos qué es lo que le decía, pero después de unos minutos lo traía de regreso al grupo que fumaba y chupaba sin ninguna otra preocupación en la vida que reír a las carcajadas.

Cuando alguno de nosotros le preguntaba que le pasaba o por qué estaba llorando, siempre respondía que no le pasaba nada, que tenía un poco de pena por su hermana y cuando empezaba a hablar de su hermana, todo el ambiente se podría y se iba a la mierda. Ni bien escuchábamos el nombre Maribel, todos cambiábamos de actitud y preferíamos cambiar de tema, cada cual por una razón diferente.

Por ejemplo, cuando el Huesito escuchaba el nombre “Maribel” se ponía a darle pitadas más seguidas a su cigarrillo y empezaba a mover nerviosamente su pierna derecha. Después quería cambiar de tema a como de lugar. Empezaba a hablar de futbol, de películas, de otras mujeres, de las últimas peleas del grupo, del frío que hacía sin ser invierno todavía o hablaba de lo que sea. Y si el Huesito hacía eso, era porque una noche de esas que lo estábamos reventando con un palo de picota a un tipo en una esquina de la plaza, vino la Cana y nos llevó a todos a la Pando; bueno, a todos menos al Huesito y a la Maribel, que simulando ser una parejita de arrechos destechados que no tienen dónde ir a curar sus calenturas, se pusieron a besarse y a relajear debajo de un árbol ante la pasiva y morbosa mirada de los policías que de rato en rato volvían al camión para insultarnos y darnos de toletazos. Un teniente, cansado del espectáculo les dijo que esta prohibido copular en calles, callejones, plazas y anexos y que si no se iban los iba a cargar, así que de puro miedo –según el Huesito- se fueron a casa de la Maribel, mientras los changos y yo nos íbamos en un camión de la policía directito a las celdas más horrendas de todas las estaciones policiales. El pobre Huesito estaba enamorado de la Maribel y la Maribel estaba e-na-mo-ra-di-si-ma del Gordo mal parido, el cual la evitaba y no la quería ni ver, porque la Maribel andaba diciéndole a todos que el gordo era su marido, su novio y el padre de su hijo. Todo esto lo volvía loco al Gordo que ni pegándole le había quitado la costumbre de que la Maribel le diga “Mi amor”

En cambio yo no le hablaba primero porque no me interesaba la vida de la Maribel y segundo, porque no le tenía confianza ya que se pasaba la vida haciendo cosas para caerme bien y que yo le convenza al Gordo de que esté firme con ella y sobre todo y por último, no le hablabab porque siempre que podía la hostigaba a la Leny y los ojos de la Leny eran mis ojos y cuando la Leny lloraba el mundo se acababa, y como quiérase o no, el perro del Gordo era casi el dueño de la Leny, no me quedaba otra que jugar en ese triángulo de tres bandas con la boca callada.

¿Qué tal, como estaba el chango? Ante la pregunta del Gordo, el Manuel bajo la cabeza y se hizo como que buscaba un cigarrillo en el bolsillo de la chaqueta. La puta pintarrajeada estaba repintándose los labios y después de esconder una bolsa de kleenex en sus tetas, frunció la nariz y nos dijo “facilito, Tili es todavía” y se fue. El Gordo, el chivo y yo nos miramos las caras y después nos cagamos de risas a grandes carcajadas gritándole al Manuel ¡Tili, yastá tu chapa, ahora eres el Tili! Y el Manuel creo que quería llorar, o tal vez no, la cosa es que estaba serio y se me ocurre que de repente él sabía que el Manuel se había ido para siempre con su polvo de dos minutos. Se había ido para siempre jamás.

Afuera, el negrote seguía durmiendo en la silla y recién me di cuenta de que estaba acabadamente borracho cuando los chicos le quitaron el palo de escoba que tenía en la mano derecha y se la pusieron en medio de sus piernas, así que cualquiera que pasaba por ahí, se cagaba de risa porque parecía un tipo con una pija de un metro a punto de darse una “autochupadita” como decía el Chivo.

Bueno, es gracioso cuando la gente empieza a hacer conjeturas de las cosas que no sabe y uno íntimamente se sabe las respuestas que atormentan sus cabezas. Estaba almorzando en un restaurante lleno de escolares y madres solteras, divorciadas o abandonadas (casi no habían hombres) las viejas que comían a mi lado miraban horrorizadas la Televisión y todas decían: “¿pero, por qué le dirán Tili, no? Si es bien grandote ese maleante, mira a ver, los policías le llegan a los hombros” yo también estaba sorprendido de cuanto había cambiado el Tili en esos 14 años que no lo había visto. Claro, cuando lo llevamos al burdel para que debute y se descartuche era a fines de 1992. En ese entonces el Tili tenía 15 años y yo 17. Casi 3 años después, un día de diciembre de 1995 todo se pudrió y la Batería se fue a la mierda. El Gordo andaba luchando con el fantasma de “El Fantasma” un tipo que llegado de Estados Unidos lo había destronado como el tipo y el pandillero más malo de la ciudad. El Fantasma lo perseguía, lo volvía loco, tal vez más que la policía. El Fantasma era su obsesión y el gordo ya estaba enflaqueciendo de miedo y de no poder dormir.

El 95 el Tili ya era un delincuente de marca mayor, así que hoy, 14 años después,no me extrañaba que esté siendo exhibido en los noticieros de medio día como un perro peligroso. Ya iba por el sexto asesinato y cayó denunciado por una prostituta que, cansada de sus amenazas y extorsiones, lo denunció y ahora el Tili volvería a la cárcel por quién sabe cuánto tiempo.

La sopa estaba fría y la gente murmuraba y se preguntaba porque al Tili le decían Tili, por qué se había vuelto tan malo y sanguinario, por qué, por qué. Yo sabía por qué, pero ya era suficiente perder el apetito por estarse acordando cosas que eran mejor olvidar.

viernes, diciembre 16, 2011

Ese aire verde carmesí.



Que en esta navidad, nuestra salvación consista en transitar este camino lleno de piedras y charcos, que según las circunstancias, nos parecerán montañas y mares.
Feliz Navidad_
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Ese Aire Púrpura
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Búscate sin cesar en el aire de la música
O en la infinita amargura que se desprende del viento

Y en medio de alguna arrogante orgia de sangre
Siente piedad por el mundo

Búscate sin cesar
Eleva la mirada al cielo,
Y sin que medien ritos ni rezos
piensa en todos tus muertos
arrancándote todos los dientes
de pura felicidad

Mas, si en lo lejos buscas refugio,
en las tibias apariencias del paraíso
no te equivoques;
Antes de abrir la puerta y morder la manzana
Incendia tus pulmones
Y explota
Hasta creer en el amor

Así,
cuando estés inmensamente solo
Intenta prostituir esa estrella distante
Y sin vergüenza alguna
esclaviza su hermosa lejanía
en la palma de tu mano

aférrate a ella
escóndela de los turbios afanes de los proxenetas y los mercaderes
guárdala bien de tus deseos
y al llorar la muerte de su fulgor
préndele fuego a su memoria


Póstrate de rodillas
Y lame sus cenizas.
Envuelve bien todo tu dolor
en hermoso papel de regalo verde carmesí,
Púrpura o azafrán
Y que sea esa la ofrenda,
Para los viajeros y los desamparados

Antes de volverte confín
Deshazte de tus grandezas
Cuida bien de guardar las agujas entre tu carne y tus uñas
Eleva la mirada al cielo
para que tu carne muerta no sea banquete ni tótem

Que tu carne no sea tótem ni banquete
que no sea la ceniza de algún pulmón
Que tu dolor no sea un aire
Verde carmesí,
Púrpura o azafrán.

miércoles, diciembre 07, 2011

Entre pensar, decir y escribir.

28/11/2011
No sé si será casualidad el hecho de que uno se despierta pensando que hoy por hoy, las cosas más hermosas del mundo y todo aquello que hace a la vida vieja y preciosa, muere tarde o temprano; por ejemplo, mueren las cartas en manos de ese triste invento llamado correo electrónico, y que cosa más triste habrá que un mail… y que cosa más triste que todo lo que se quiera decir se lo diga en estos correos electrónicos.
La carta ha muerto en manos de un mail que es un invento que nació como hijo primogénito del apuro. Creció saturado de un sinfín de horrores ortográficos y abreviaciones que comunican lo que quiere decir, de la forma más procaz y austera, tanto que si ese mensaje (que no es una carta) hubiese sido un plato de comida, no llegaría a ser ni sopa para enfermos, es decir, una cosa casi transparente y sin nada de sustancia que le de chiste.
Pensaba todo esto y me daban unas ganas locas de escribir una carta, lo malo es que no tenía a quién hacerlo y mientras me lamentaba de la soledad del mundo moderno y mi mala letra, el jefe me saca del ensimismamiento, gritándome (él dice que no se da cuenta que me grita) que saque una cantidá inverosímil de fotocopias.
Y allá fui y al tomar el ascensor, vi el espejo que hay en el que ocupa toda la pared. Luego me puse a pensar que uno siempre tiene que ignorar este espejo, porque la experiencia enseña que la gente como yo, que tiene los mojigatos y autodestructivos valores católicos, evita mirarse para pensar cuan lindo es, porque luego la gente anda diciendo: “Mira vos a ese tipo mirándose en el espejo, como si fuese una diva. Debe ser un vanidoso arrogante de mierda.” Así las cosas, se me ocurrió que esa es la razón por las cuales usamos los ascensores en medio de un silencio atroz, porque la cercanía expone nuestro verdadero yo, al punto que no soportamos el miedo que hace de nuestro silencio un escudo para pensamientos perturbadores sobre nosotros mismos.
Es así que uno aprende a caminar por el mundo, mirándose solo, en silencio y en la más completa y melancólica quietud que la existencia pueda otorgar y después de esto, pensé que vivir con tanto miedo a ser lo que se es, es realmente triste. Esa tristeza, me hizo dar rabia y de esa rabia nació la idea de que hay que destruir toda forma de pensamiento que a uno lo ate a esos asquerosos sentimientos pre construidos en capillas milenarias de naves de piedra, transeptos y girolas sagradas, parida bajo la mirada de inocentes querubines que moran inmóviles en altas bóvedas celestiales, que bajo el hipnótico influjo de un silencio devoto y del misticismo del eco, prensaban esa tu –primitiva- libertad muy adentro de tu cerebro hasta hacerla diminuta y difícil de encontrar por la eternidad de las eternidades.
Así que decidí dejarme de tanta huevada, porque estar pensando en el mundo es estar enfermo de los ojos (Pessoa). Decidí dejar de pensar y empezar a hacer y enviarle una carta a la primera persona que se me atraviese en el camino. Bueno, lo malo de esta decisión es que tuve que escribirle la carta a la secretaria del mismísimo Ministro (que fue la primera persona que se me atravesó en el camino al salir del ascensor). Lo bueno es que después de tanto maldecir esos asquerosos mails totalmente impersonalizados tuve que ser consecuente y sentarme a escribir una carta tal como Dios manda.

Estimada Charito.
Recibe los saludos, recuerdos y parabienes de nosotros, tus hermanos de tinta y papel… los proletarios de la tecla de la oficina general de suministros del gélido piso 1, dónde no llega el sol ni tu sonrisa.
Según el encargado de la dirección de bodegas, Fernando Álvarez Plata, no han podido hallarse los siguientes implementos solicitados por la oficina de su excelencia: el señor ministro Perez Rivas.
Tizas de colores añil. Tizas de color carmesí. Papel Carbónico tamaño oficio marca “Pelikan” Radex lateral de Tipo múltiple, con caja autoadhesiva de pegatina para máquinas de escribir mecánicas y eléctricas. Cintas de carrete simple color negro y rojo para máquina Olimpia de modelo Std-2367lzx. Borradores plásticos en moldes medianos marca Pelikan.
Yo recurro a ti, Charito, recurro a ti e invoco a tu infinita bondad y comprensión, porque comprenderás que nuestro amigo Álvarez Plata, no puede juntar pestaña desde que no ha podido hallar tales suministros y es que él –al igual que nosotros- es consciente que dentro del carácter magnánimo, generoso y ecuánime de su excelencia, a veces se lo conoce por esos arranques de ira e impulsividad con el cual manda al cadalso a todo aquel que osa contradecir sus deseos, y por esa justificada razón, tiene miedo de perder su empleo, más aún que se avecinan las navidades y peor todavía, justo ahora que su esposa está enferma y sus hijos están a punto de concluir la universidad ( lo cual impedirá que jamás tengan que trabajar en una bodega, ni estar temiéndole a ministros ecuánimes; bueno, eso dice el amigo Álvarez Plata)
Figúrate tu, querida Charito, que como diría el poeta: “no tenemos más remedio, que acudir a tu milagroso intermedio” y digo tenemos, ya que el infeliz de Álvarez Plata no ha concluido la escuela primaria y la sola perspectiva de enviarle una carta al ministro, lo ha desalentado al punto de las lagrimas y lo ha sumido en un estupor del cual no hemos logrado librarlo, sino con la promesa de que este servidor escribirá la carta en los términos que él desea para dar a conocer que esto no es un problema de incompetencia, sino de la mala suerte del tiempo y su instinto asesino que usa como pseudónimo el avance de la ciencia.
Hazle saber a tu señor, que en el mercado actual (que hoy en día vendría a ser lo que fue el mundo tal y como lo conocimos) las pizarras de fondo verde han sido reemplazadas por coquetas laminas de acrílico blanco, en la cual el uso de las tizas ha quedado obsoleto y el lugar que otrora ocupaban las beneméritas máquinas de escribir, ahora son ocupadas por poderosas computadoras, las cuales realizan el número de copias que se le indique después de presionar ctrl+p en un tiempo prodigioso, por lo que lamentablemente las tizas de color rojo (carmesí) y azules (añiles) son ahora por completo inútiles, así que el papel copia ha quedado en total desuso, más aún en los tamaños y las marcas que desea (la venerable institución alemana oriental Pelikan) la cual es hoy, gracias a la caída del muro de Berlín, pura historia.
Tienes que saber que tras conocer tu urgencia por conseguir estos aprestos, Álvarez Plata ha sido el primero en movilizarse y afanarse en mover cielo y tierra para satisfacer los deseos de nuestro señor jefe, al cual comprendemos que lo han resucitado del jurásico donde vivía en su feliz retiro, y que este retorno triunfal a la palestra pública, no obedece a otra cosa que no sea al infinito amor que nuestro jefazo tiene para con la patria y su hermano, su excelencia el señor ministro, el cual lo precisa para llevar adelante los altos designios que a su investidura corresponde… que probablemente no es otro que el de acabar con la simpleza de la sonrisa y el gesto humano, pero ese no es tema que incumba a esta carta ni a este servidor.
Bueno estimada Charito, de todos modos nos complace inmensamente anunciarte que haciendo caso omiso a la senectud de estas peticiones y por respeto al donaire que nos merece lo antiguo y lo clásico, después de grandes y variados esfuerzos, hemos hallado un pequeño saldo de estos productos en el stock de la librería de Kautsch & Sons. (Si sirve de algo la anécdota, este stock fue almacenado durante muchísimos años, fruto de una disputa irresuelta entre la casa importadora y la Corporación Minera de Bolivia el año 1962, por lo cual, ante la demolición de los galpones de la Kautsch & Sons, no hubo mayores inconvenientes para hacernos con lo solicitado que ya hacía pulverizándose a tiempos vista de los años que corren inclementemente)
Así las cosas Charito, aunque hemos conseguido lo solicitado, debemos advertir que el material se encuentra en estado calamitoso. Podríamos afirmar que casi todo está en estado de putrefacción, enmohecimiento y deterioro tal, que sería más útil si fuese a parar a algún museo de la administración pública. A pesar de esto, es el vivo deseo de los habitantes de la oficina de suministros y de nuestro buen Fernando, hacértelo saber con los bemoles que la providencia ha designado al caso, esperando que esta abundante explicación, no despiertes las iras del jerarca de nuestra amada y gloriosa institución.
Siempre tuyos
Los chicos de suministros
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Eché la carta en el buzón interno de la Contraloría General del Estado Plurinacional en un sobre azul que decía vía Aérea. Que Charito tenga un buen día, como lo tuve yo.