miércoles, febrero 28, 2007

El Corazón...


El corazón, ese malhadado invento incrustado en el pecho y en la cabeza, siempre el corazón. Ese maldito tambor que anunciaba tu presencia y ahora delata tu ausencia; el aeropuerto ya esta vacío y yo encuentro las monedas que escondiste en mi bolsillo el momento de abrazarme, pretendes tal vez que compre otra vida y me olvide de vos, o ya sabes que soy un distraido y de repente no tengo como volver a casa, allá donde ya no estás.
El corazón en el vidrio, loco por ignorar que te vas, rugiendo más que ese motor que te lleva. El corazón viendo como está decolando el CORAZÓN para ya no volver más.
Me has prometido que vas ha regresar, aunque sea en cincuenta años. Te lo he hecho prometer por orgullo y vanidad, para que cuando regreses, veas como sigue latiendo por vos este maldito corazón, fuerte y de prisa, tal como lo oiste al cruzar la puerta por primera vez.
Que ojala fuese la última de este corazón, que no se puede arrancar ni callar.
Que no puede dejar de ser tan ...

sábado, febrero 24, 2007

De Vuelta...

De vuelta a casa.

Donde el espacio es éter, infinito y locuaz. Vuelve el perro arrepentido, de haberse disuelto en los días sin mayor explicación que esta ingratitud que lo caracteriza. Ha pasado mucha agua bajo el puente en este mes de ausencia bloggera, algunos me han echado de menos y hasta han preguntado por mi, otros ni siquiera se han mosqueado por mi larga ausencia, para ellos felicidades, dicen que el mundo es de los despreocupados. De todos modos después de la brutal tercera farra que ya es de casi un mes y después del carnaval, vuelvo, donde ustedes amigazos que bien hacen en comprender que no he podido participar ni comentar en sus bloggs y ya me estaré poniendo al día en este espacio, esta casa sin techo donde soy feliz. Un regalo un poco tardío por carnavales, esperando se la hayan pasado bien.

La comparsa “Los hijos del cataclismo”
¡Ahí esta, ya le digo! ¡ya vienen las comparsas! (...)
Lo cierto es que en un abrir y cerrar de ojos la casa se vio invadida por una rugiente turbamulta de disfrazados; serían por lo menos unas doscientas mascaritas las que habían acudido en masa, seguramente ávidas de licor y comida, y ahora bailaban y zapateaban como demonios al son de una banda que –por así decirlo- soplaba a los cuatro vientos, para gran turbación de mi parte. Pues la verdad sea dicha: mi temperamento es totalmente refractario a las fiestas carnavaleras, que precisamente se caracterizan por una estúpida alegría y por un falso al par que forzado entusiasmo. Por otra parte, debo confesar que carezco del aplomo suficiente para tolerar las groserías y sarcasmos de esas gentes confianzudas que no falta y que, so capa de carnaval, quiere darse el lujo de tutearte de buenas a primeras, y que, desconociendo los más elementales principios del respeto, se te acerca y sin más motivo, te cubre de injurias y derrama sobre tu cabeza una talega de basura, y hasta es capaz de bañarte con un balde de orines (...)
Finalmente hube de verme a merced de una tropa de anónimos disfrazados que me zarandeaban, me escupían, y me pisoteaban, y hasta me carajeaban...
Quién te dice que de pronto una ola de consternación recorrió todo lo largo y lo ancho del escenario cuando a todo esto se anuncio la llegada de un camión de la cervecería HUARI que en efecto hacia sonar ya una potente bocina, a cuyo llamado acudió un enjambre de peones para descargar quién sabe que miles y miles de botellas de cerveza bajo la plácida mirada del señor Trullenque y de su sobrino.
Al fin y al cabo me han nombrado presidente de la comparsa “los hijos del cataclismo” y solamente se vive una vez. Por otra parte, usted no debería olvidar que el carnaval es cosa seria, y por eso mismo es una broma...
Tan sólo el miércoles de ceniza –esto es tras cuatro largos días de jolgorio-, me fue posible ultimar los preparativos para mi retorno a La Paz.

De los papeles de Carlos Maria Canseco. Los Papeles de Narciso Lima Achá, Jaime Saenz.

Quien no quisiera ser parte de la comparsa “Los hijos del cataclismo” y darle un puntazo y hasta carajearlo al señor Carlos Maria Canseco, además de chuparse un camión de HUARIS bien frías. No sé, pero a mi no me llamen mister y disfrácense de una vez carajos...