miércoles, agosto 27, 2008

BLOGUIVIANOS DE ÚLTIMO MOMENTO


Estoy esperando escribir este post a último momento. Esto con el fin de hacer honor a la condición del último momento, es decir: dentro de nosotros los bolivianos, existe ese pequeña inquietud de pensar que el mañana nunca muere, es decir que en un ratito o dos habrá suficiente tiempo para acabar las tareas y deberes, formales o emocionales que llevan tiempo en la fila esperando a hacerse. Es decir que el universitario que corretea afanoso de Internet en Internet para imprimir el bendito trabajo a ser entregado con cirujana exactitud cuando fenezca el último segundo para la entrega de tal, es un boliviano; el ciudadano que con gesto desesperado hace largas filas en los bancos para pagar los impuestos el: “ahora si último plazo”. El padre de familia que amanece con el gorro hasta el cuello dispuesto a matricular al hijo a último momento, esos hombres damas y caballeros, afables y fieles lectores, son bolivianos de pura cepa y con mucho orgullo además. Una vez, antes de no sé qué elección o referendum de esos que tanto agobio nos producen, había una fila inmensa en la peluquería donde suelo retocarme el cacho, y es que en esa peluquería precisamente, allá en la populosa zona de Villa Fátima, un valiente jurado electoral inscribía a una masiva cantidad de ciudadanos que anoticiados o seguramente concientes de que hasta las doce de la media noche fenecía el plazo de inscripción de electores. Eran las nueve de la noche y mientras (espejo de por medio) me mostraban como de bonita me había quedado la nuca, el informativo nocturno de ATB informaba a todo volumen y en primicia que el plazo se había extendido una semana más. Que decepcionante y fulminante novedad habrá resultado para mis ilustres conciudadanos que después de emitir atronadores y apoteósicos silbidos se dispusieron a romper filas y largarse a sus hogares diciendo que iban a regresar la próxima semana. El pobre hombre que encabezaba la fila se vio en la oprobiosa necesidad de quedarse a inscribirse no más por que ya el notario electoral le había arrebatado su cedula de identidad mientras que el segundo levantaba polvareda tras su rauda huida de la notaria-peluquería.
Bueno, el viernes es el bloguiviano en El Alto y La Paz, no he dicho nada antes por que no tenia tiempo, es que en mi trabajo me tienen tostando y de casa ni hablar, y además… bueno, sé que esta mal dar excusas, pero preguntenle al Puky, al animal de ciudad, a la Paolita “Clavo y canela”, al vadik, al voz urgente, al chuky, que ya hemos hecho un simulacro de fiesta bloggera el anterior sábado y ha salido de putisima madre, imagínense como será la neta, la verídica.
La Paz los espera; el perro también, vengan!!! Anímense a último momento!!! Somos Bloguivianos!!!

jueves, agosto 14, 2008

Recordar

Hay ciudades ocultas que guardan ciudades en el corazón y el primer día su resplandor subyuga, y el último es un olvido que brilla en el ojo del hombre.
(Visitante profundo, Jaime Sáenz)


En el año 1999, un día de enero no recuerdo cual, el Jorge me llamó por que tenía un regalo para mí. Así era el Jorge, vivía regalando sus cosas: ropa, plata, corbatas, libros, papelitos sueltos con algún poema escrito con letra ilegible por que escribía de borracho, gotas para los ojos, perfumes, botellas de ron y un sinfín de cosas que no terminaría de enumerar. Entonces esa llamada no era ninguna sorpresa, ni siquiera por que eran las seis de la mañana y se escuchaba una bulla infernal de fondo, por que el Jorge se ajustaba perfectamente a esa definición de diccionario de bohemio: “dícese de aquel que lleva una vida licenciosa y desordenada” y en ese desorden y licenciamiento me arrastró a conocer los fondos de mi ciudad. Y siempre que pienso en eso, que a las seis y media de la mañana fui frotándome las lagañas hasta un tugurio de Villa Fátima debido a la interminable serie de razones que exponía el Jorge y que no había forma humana de convencerlo de lo contrario, y que en dicho tugurio una serie de prostitutas bailaban con unos encorbatados que exhibían desmedidas ganas de babear, pues siempre pienso que ha sido una paradoja o una ironía, no sé.
Que un camba tan camba como el Jorge Roca me haya introducido a los mundillos escondidos de La Paz no tendría por que ser tan extraño; en realidad no tendría nada de raro; pero que él y nada menos me haya presentado a Jaime Saenz si venía a ser una enorme paradoja. En ese momento, cuando el Jorge me daba el “Angel solitario y jubiloso de la noche” y me recalcaba una y otra vez la importancia de esa mañana nublada de enero, no lo comprendí. Dentro de mi ignorancia, la referencia de Jaime Saenz evocaba y repetía en mí ese mito urbano del poeta borracho que agonizante debajo del puente Abaroa hizo llamar a otra poeta (existen variaciones, algunos dicen que era la Blanca Wiethuchter, otros dicen que era la tía y etc, etc) para darle su saco de aparapita y de esta manera expirar poéticamente en los arrabales de La Paz victima de una cirrosis fulminante. No sentía mucha curiosidad por el libro del señor Elias Blanco Mamani, aunque me desparramé en gratitudes y secos con el Jorge para mostrarle mi alegría por tal regalo. Así no más pasó ese domingo, entre divagaciones y cervezas y la clásica recogida del Jorge, es decir que había que echarlo de la mesa a una frazada ya condicionada para tales usos y con la ayuda de cuatro parroquianos llevarlo hasta el taxi y de allí hasta su casa y arrastrarlo por las gradas para acomodarlo en su sofá. Sería injusto y desleal reconocer que yo mismo hacia ese tour en la frazada a la casa del Jorge casi las mismas veces que él. Un tiempo después, leyendo un suplemento literario X, leí un fragmento de “La noche” y después otro de “Visitante profundo” y luego “Al pasar un cometa” y más y más… el corazón me latía tan fuerte. Una emoción nunca antes experimentada me embargaba el alma, me hacía llorar de alegría, de júbilo, de tristeza, de rabia, de no sé qué más, todo un revoltijo de sensaciones me transformó en menos de una tarde y su noche. Lo demás ya es cuento. Había tratado infructuosamente de leer el “Felipe Delgado” unas cinco veces con el pobre y único ejemplar de la Universidad Católica que se encontraba más viejo y maltratado que el demonio, pero no había caso siempre; nunca podía pasar la pagina 150 y eso a grandes y sobrehumanos esfuerzos. Entonces el Jorge sabio como era me había hecho notar el error y entonces leí primero “La piedra Imán” después “Vidas y muertes”, “Los papeles de Narciso Limá Achá” “el Señor Balboa y Santiago de Machaca” “los cuartos” “Imágenes paceñas” “La noche del viernes” casi toda su obra poética excepto “Bruckner las tinieblas”; leer los prólogos de Bedregal, Memoria solicitada, y así y sólo así he podido terminar al fin el “Felipe Delgado” y que puedo decir… que está bien, pero hay mejores libros del Jaime Saenz, esa es la humilde opinión de un servidor, aunque bien vale la pena leerlo en su trasfondo psicoanalítico y por sobre todas las cosas por la Ramona Escalera. Ya después de haber visto no sé cuantas veces todas las presentaciones del Mondacca y haber asistido a cuanto coloquio, foro, exposición, panel, mesa redonda sobre Saenz; después de haber ido a buscar su tumba en el cementerio general, de él y del Ismael Sotomayor y haber recortado y coleccionado cuanta cosa Saenziana aparecía en la prensa, es justo recordarlo en este mes.

Un día como hoy, un 14 de agosto muere Narciso Lima Achá. El 16 de agosto de 1986 muere Jaimse Saenz, el Angel Solitario y Jubiloso de la noche, en la casa del poeta en la calle Claudio Sanjinés de Miraflores y pide que se le corte la cabeza cuando muera por que tenía miedo a ser enterrado vivo, tal cual Narciso Lima Achá, perosu amigo y doctor Arturo Orias Medina, no se anima y sólo le corta la yugular.

Una noche, el Jorge me ha dicho que se iba a morir chupando, yo le he respondido que el que se iba a morir chupando era yo; después de discutir una hora al respecto, hicimos una apuesta y como siempre, he perdido... Si el Jorge Roca ahora no estaría habitando el silencio, seguro estaríamos pensando que en tan magna fecha podríamos ir a pasear al cementerio para ver las tumbas de Medinacelli, Tamayo, Patiño, Reynolds el tio Bauti y del Jaime como no… de repente pensaríamos tomar un par de chuflays antes y partir a pie desde la garita y después continuarla en algún bar de viejos en la Perez, quién sabe. Lamentablemente mi amigo Jorge está enterrado en el cementerio jardín, entonces para que ir solo.

No sé si ser paceño será jugar cacho o decir yaaaaaaa de todo y nada o responder esa falacia del paceñometro. Para mí, tal vez sólo para mí, es mirar la ciudad a través de la ventana mientras llueve y morir, por que no está muerto el que muere sino el que lo recuerda.