lunes, enero 28, 2008

Desencuentros


Pues bien, veo que no sólo es mi sentir esto de que la blogósfera esta andando lenta, muy lentamente, al menos en estos confines del ande. Entre el "Veto" a la altura, el organizarse para empezar el nuevo año y salir de la modorra de los principios de año, cuesta saber quienes están donde. Ahora se debería estar organizando esto del bloguiviano 2.0, y del entusiasmo primero, ya sólo quedan buenas intenciones y todos andamos por nuestro lado.

Nuestro buen amigo Estides Camacho, ha decidido colgar los cachos, no sólo por que su equipo ha vuelto a ser derrotado, sino, o más bien, por que se ha enfrascado en la ardua tarea de escribir una novela y ha adoptado el estilo de vida vampiresco para tal efecto. Como bien me lo ha descrito, escribe toda la noche, toda la madrugada y duerme cuando empieza a rayar el alba después de haberse soplado (al revés) dos cajetillas de cigarrillos. Los que tenemos el gusto de conocerlo, sabemos que la literatura lo apasiona y se comprende entonces la decision que ha tomado.

El Oso y el Pedro Grossman han tomado la posta de seguir con los lunes de literatura en el Etno. Debemos continuar alimentando este espacio para que no desparezca y con ellas sus letras ni se extinga la vida de la palabra.

El otro Lunes fue el amigo Dolcka, hoy es Pablo Osorio. Vamos al Etno, aunque sea para seguir viviendo.

martes, enero 08, 2008

Delirio Tropical




Un hombre se desintegra en sudores jamás conocidos por sus poros, mientras el Dios de tres brazos loco empieza a toser y destartalarse en el fin de sus poderes que sólo alcanzan al tres. Aspas todopoderosas, mágicas, místicas, tienen al vencido de rodillas con la cara al cielo falso de la cascada. Y de las abismales paredes brotan borbotones salvadores de frescor y cordura.
Una impresionante cantidad de estigmas laceran el cuerpo del hombre; unas grandes y sangrantes, otras pequeñas y supurantes. Llagas de valientes que han desafiado a los demonios alados que por minúsculos no han sido misericordiosos.
Se escucha del otro lado de los límites de la prisión de sombras y ventarrones un llamado tímido y casi inaudible. Al atender, del otro lado de los portones un ser taciturno y morado dice: “aquí no se permiten los borrachos” me da un beso mocoso y busca en sus bolsillos algo...
Después de darle un soplo en la nariz, revive el ebrio en su rostro algo parecido a la satisfacción o la alegría; antes de que se le ocurra solicitar más, cierro la puerta y vuelvo a rendirle pleitesía al aire frío que en grandes bocanadas busco desnudo y derrotado. En el ínterin de las horas de resurrección, cuando al fin deba partir hacia el oeste y refugiarme para siempre en las blancuras de los horizontes etéreos, sueño con infinidad de gradas que me conducen una y otra vez a un desierto lánguido e inhóspito, en el cual cada partícula de arena que me entra por la boca posee un veneno más poderoso que la sed. Sueño con mis antepasados que pululaban como hormigas en un cerro rico y buscaban calor en las entrañas y la sangre del volcán. Otro llamado violento y angustioso despierta un lado claro de mi conciencia, me dirijo sin quererlo y sin desearlo al umbral de los enigmas. Un anciano de barriga descomunal y una maraña de pelos blancos que le salen por la nariz, se me acerca al oído y me murmura: “Aquí no se matan perros, se matan...” con lo cual ensombrezco la mirada, jadeo fatigosamente sacando la lengua hasta el cuello, le lamo las manos y me muerdo las patas para espantarme las pulgas; el hombre me mira con desconfianza, me da una palmada en la cabeza y se aleja muy ufano y orondo silbando una canción carnavalera mientras una joven de dimensiones perfectas la espera al final del pasillo.
Como soy todo de agua y tripas, y al fin y al cabo nadie me ve, serpenteo por los suelos donde hay tanta frescura... y en el recinto de los azulejos de arabesco, toda el agua no alcanza ni deja de fluir. Tras las horas se funde conmigo en una sólo río que para mi espanto deja de ser frío y refrescante.
“Un señuelo, hay algo oculto en cada sensación” Un microcosmos se ha creado en un recinto ausente de éter, un algo difícil de respirar queda atrapado entre los bosques de mi espalda interna. Un espasmo, dos espasmos...un hombre es un espasmo, es mil espasmos. Sus entrañas le revelan viscosas y asquerosas el banquete de ayer, cuando era un rey; hoy triste peregrino convulsiona, mira al mundo de cabeza y al sacudirse todos los colores se vuelve ningún color, sólo una presencia insidiosa que tiembla en sus ojos le esta a punto de revelar el ansiado fin del día. Pero sólo es una ilusión. Una moneda de oro con sus candentes fulgores invaden de lleno el mundo del hombre que ya no tiene a donde huir. Las aspas tosen e intentan escapar aparatosamente de su eje. He salido de mi cuerpo, yo me veo, revolcándome en mis miasmas, como el prisionero de un infierno que no debí haber desafiado jamás. Alguien se apiada de mi, se escucha un lejano suspiro e indagan por mi presencia. Deshaciéndome en esfuerzos estoicos, alcanzo la entrada; y sin más abrigo que mi demencia, observo como un sujeto ajeno a mis padecimientos hojea un gran catalogo con sirenas y amazonas que se ofrecen a los extranjeros y ejecutivos y me dice que: “no me puedo ir sin adquirir uno de esos cuerpos” Le respondo que si tuviese con qué, compraría la eternidad de mi cuerpo que yace yerto e inerte en alguna penumbra artificial en la soledad de mi recinto. El sujeto me mira con desprecio y al final sólo quedan sus taconeos sordos retumbando en mi mente.
La ultima hora, al cruzar la frontera, cargo con mis condenas como si fuesen mi alimento en el limbo...
Me compro un alikal y de a poco ya me siento mejor. Un refresco helado de Maracuya me hace recuperar el apetito. Me despido de la tierra de los cuñapes comiendo uno. Me embarco en el bus que me lleva a casa y me llevo entre muchas cosas, el recuerdo del chaqui más atroz y solitario de mi vida en un cuarto de hotel en Santa cruz.