martes, octubre 28, 2008

COMUNICADO

Después de que el espejo me insultara (más de lo habitual) y viendo la urgente necesidad de visitar al maestro tajador, fui corriendo a ver a quien ha sabido disimular la diezmada población capilar de mi cabeza con una serie de artilugios; y me encuentro de repente con una decena de afligidos pelambrosos que no sabían explicar el cómo ni el por qué de semejante despropósito. El gran Ramiro I, nos ha salido con esta amenaza fantasma: "me voy a ir!!" diciendo, mientras señalaba el cartel al lado de su espejo. Todo esto si los clientes no comprendían el terrible trance de aumentar diez mangos a su tarifa habitual. Era de imaginarse que más temprano que tarde iba a subir la tarifa, (después de 4 años) y yo pensé que lo haría disimuladamente como los hamburgueseros, vale decir de luca en luca, pero no!! de sopetón no más le ha aumentado el 100 % del costo y todo esto valiosamente sustentado por las contundentes razones expuestas en el cartel que se ve arriba. La verdad es que hay algunas extravagancias del Ramiro que no son tan extravagantes. ¿Qué quiero decir con esto? Que es normal que en cada barrio paceño exista un peluquería, donde acudes desde tierna edad y a través de los años y las circunstancias, pasas de la silla en forma de caballito o autito a ocupar el gran sillón de los mayores; pasas del corte "Firpo escolar" al "Dady Yankee" y terminas en el "Romano Clásico". Entre las ventajas de advertir el cambio y los privilegios que se suceden con los años tenemos que ya puedes pedir las revistas playboy que yacen escondidas debajo del "Gráfico" o el suplemento deportivo del "Diario" (decano nacional) y que tantas veces te fueron negadas, increpándote que no seas un "llokalla pajero". Además, ya puedes hinchar el pecho de orgullo y pedir que te afeiten, con espuma y todo, los 5 pelos que recién te están saliendo y dejar propina para impresionar.

El caso es que si el Ramiro no se ha ido después de más 13 años de oficiar el sacramento de la peluqueada, es por que en definitiva esta no es una peluquería cualquiera, tampoco una peluquería lechera. Es un reputado consultorio de sabiduría popular; es el lugar donde se resuelven disputas de gil y mil; es el oráculo de los domingos que con asombrosa y desconcertante capacidad profética, resuelve escores futbolísticos y complejas tragedias políticas. Pero antes que nada, es un consultorio del Alma, donde las cosas se dicen sin pelos en la lengua. Donde el rudo militar llora como una nena la tragedia de su homosexualidad en hombros del único hombre capaz de escucharle sin tomarle el pelo. Donde los divorcios se resuelven y la pareja debe hacer grandes esfuerzos por que el que no se quede con los muchachos sea el Ramiro I. Donde el humilde oficinista se chancea con el alaraco ejecutivo. Donde el futbolista famoso cuenta sus aventuras sexuales y todos paran la oreja y dejan el condorito a un lado... en fin, allá donde míles lo han visitado ciegamente en ocasión de la Rutucha, primera comunión, confirmación, premilitar, graduación, matrimonio, hasta Barnitzba, y probablemente, esperan que los asista en su acicalamiento fúnebre

Por eso entendemos que se lo hayan querido llevar a la Zona sur, con tantos problemas que causa la plata, no es raro que necesitan alguien que les saque las pelusas del alma. Pero como hay otros que andamos pior, aflojamos no más los diez mangos por que la experiencia bien vale la pena y las historias valen mucho más
Ramiro no se va, se queda en la villa de donde es y será.

viernes, octubre 24, 2008

Cervezas y duendes


Soy un mentiroso, lo acepto. Le he dicho que hace años yo vivía en Irlanda del Sur y que sé gaélico; que era ingeniero "bioforestal" y como tal, era el único encargado de crear los tréboles de 4 hojas para que no se extinga la buena suerte y sobre todo para preservar la existencia de los duendes, que para asombro de propios y extraños, en Dublín también hablan aymara, pero-obviamente-con acento gaélico. Y ella me escuchaba extasiada y rendida, con los ojos y la boca abierta. Después, me ha dicho algo en francés de lo cual no entendí un carajo, por que en la región de Bretaña donde yo vivía sólo habían duendes, un poco amanerados, si, pero que sólo hablaban aymara con ligera entonación bretona.

Además yo odio el francés.

abomino el ingles, más que al francés.

En cambio amo el euskera y el quechua.

Por que me recuerdan a mis abuelos de Gasteiz y Tupiza.

El Aymara me gusta por que tiene agallas y se parece al Alemán que se anda sin rodeos ni tonteras tales como cortar palabras y por que es el idioma de los duendes de Aucapata.

Después de 6 cervezas le he contado de Aucapata. Sobre todo de los duendes, a los cuales yo hubiese querido comprender, pero lamentablemente, aparte de castellano sólo se gaélico y un poco de bretón, nada de Aymara.

Después todo se pone borroso. Ella se para y se va


Fotografía: http://ocoro.blogspot.com/

jueves, octubre 16, 2008

Leaving "Las Velas"

O la importancia de que no te claven una tijera en la cara...

Algunas veces hablo de esta época de una forma amarga. Algunos hechos tienen una ironía que me provocan extrañas sensaciones. Por ejemplo: a mis 13 años estaba debutando en una pandilla que se llamaba la "Triple k". Típico púber problemático: sin padre, y con una madre ausente en el trabajo 18 horas al día y la vida del desorientado girando a la deriva entre el colegio y la pandilla. A los 15, la policía me fue a buscar al colegio por intentar robarle la mochila a unos chiquillos de 10 años y darles un piedrazo en la cabeza. A los 17 formaba mi nueva pandilla de excluidos y raleados sociales, es decir, de los "Raros" a los que nadie les habla. Para ser franco, yo no era tan malo como otros. Incluso se podría decir que aun conservaba cierta consideración y sentido de justicia. Tal vez por eso cuando fundamos los "Roba Hoods" con mis compinches, decidimos robarles sólo a los jailones para darles a los pobres (de ahí el nombre de nuestra pandilla). De ese tiempo hubieron repercusiones varias; en especial en la prensa de Crónica Roja. Nos volvimos legendarios por que seguíamos a nuestras víctimas hasta algún lugar desierto y ahí procedíamos a desvestirlos usando las más violentas armas de la intimidación y el terror: los ahorcábamos, les quitábamos los zapatos para cortarles los pies y no nos sigan, les decíamos que conocíamos a su familia, que si nos denunciaban sería peor... Por idea del Ceviche, un chango de mi edad -más o menos 17 años- a todas nuestras víctimas les dejábamos un naipe que significaba "su carta de la mala suerte". La idea original era dejarles una rosa, pero el inconveniente era estar cargando con unas 25 rosas en la noche que nos delataría como primeros sospechosos si nos agarraba la cana. Teníamos nuestras reglas: sólo atracar hombres mayores, mejor que tengan apariencia de prosperidad. En realidad éramos un insulto al gremio de ladrones y asaltantes, porque lo que hacíamos, lo hacíamos sin necesidad; por puro placer; por alardear con las changas de que éramos unos maleantes y justificar de esta manera nuestros tatuajes y la pinta "house of Pain" que aterrorizaba a los viandantes.
Claro que no cometíamos la boludez de operar en los mismos lugares y los mismos días. Normalmente cambiábamos nuestro "modus operandi" de forma de dejar desconcertada a la policía, y lo logramos. Fuimos noticia de tapa en dos ocasiones: una vez que pelamos a un individuo de dos metros en Cota Cota, que se defendió con uñas y dientes y resulto ser el hijo del algún agregado militar de no sé que país y vendimos su reloj en 100 lucas ignorando (o más bien pensando que era trucho)que se trataba de un Rolex Daytona de 1500 Sus (nos enteramos del precio y de la marca el momento de leer "La quinta") y otra cuando la policía nos persiguió pistola en mano por el rio detrás del Hospital Obrero. Carabina y Angelito se lanzaron al río mugroso para evitar ser capturados mientras yo y el Ceviches nos escondimos en un contenedor de basura que podría húmedamente toda clase de inmundicias del hospital. Por ese entonces nos conocían como: "Los Asaltantes del Naipe" y tejían toda clase de conjeturas sobre nuestro origen y accionar. Decían que éramos peruanos y que probablemente nosotros habíamos asaltado un par de gasolineras en El Alto. Otros decían que éramos una peligrosa secta de fanáticos satanistas y que operábamos guiados por el tarot y la baraja española... en realidad éramos 8 changos cada uno cargando una cruz de por vida y queriendo volverse maleantes para asquear a la sociedad y encontrarse a sí mismos.
La cosa fue degenerando cuando la plata empezó a importar y no la nobleza de la intención que no pasaba de ser una burla o una excusa. Para variar ahora un montón de pandillas dejaban naipes en cosas tan absurdas como en piñas callejeras o colegiales, Ahora todas las putas maras de la ciudad eran los "Naiperos". Noche tras noche desfilaban en el tele policial o informativos de símil calaña un montón de changuitos que al mismo tiempo que negaban sus fechorías, hacían alardes con subjetivas declaraciones que hacía entender un fenómeno de masas que se extendía de manera imparable, amenazando a la sociedad: "Algún día todos van a tener la carta de la mala suerte" decían.
Bueno, la cana nos achacó, asesinatos asaltos, robos, fraudes, violaciones, estafas, conspiración política y un montón de mentiras que jamás hicimos por el simple hecho de que el Carabinas se murió al mes de lanzarse al rio, víctima de una misteriosa y fatal enfermedad que lo llevo a la tumba sin darnos oportunidad de hacerle un último "Jump Around". El angelito se volvió tartamudo del susto que se llevó cuando la cana lo perseguía disparándole y de pura vergüenza su mamá lo llevó al Brasil.
Aparte de que esa noche sólo éramos los cuatro, el resto, viendo que la cosa estaba peluda se fueron sin dejar rastro y sólo quedamos el Ceviche y yo. Un día en las velas, lugar donde descansábamos nuestras malandradas, el Ceviches le clavó una tijera a un individuo por que este le hizo caer el sandwich de chorizo... dicen (yo ese día no estaba ahí) que jamás se vio tal cantidad de sangre en Las Velas. Esa fue la última salida pal ceviche por que ha grandeado con tres masos de naipes que fueron su única compañía en "San Pedro"



Después de cinco años bien usados para reformarme y dedicarme a la universidad y a mi pequeña vida medioburguesa (…) Al concluir una noche de juerga se me ocurrió irme a "Las Velas". Estaba con pilchita saliendo de un matriqui y me lo encuentro al Ceviches repartiendo puñetes... voy y le digo que se calme, se calma; le digo que si se acuerda de mi (aparentemente estaba drogado) y me dice: “No, más bien calcá luca” y yo le respondo: “A ver quítame” me da un cabezazo, me rompe la nariz y luego con una par de cuates procede a despojarme de mi saco y otras cosas más... no me dejó un naipe, pero en ese momento pensaba que me estaba tocando la famosa carta que habíamos inventado.

Las drogas lo han vuelto psicótico, vive en la calle, andrajoso, con cara de demente. El otro día me lo he encontrado en Miraflores y me ha pedido un peso, se lo he dado, la operación de la nariz me iba a salir más cara.





NOTA IMPORTANTE: ESTO ES UNA FICCIÓN, CUAQUIER PARECIDO CON HECHOS O PERSONAS DE LA VIDA REAL, SON PUROS INVENTOS DEL CEVICHES... Pero de verdad es mentira. Mentira pues, de verdad.

jueves, octubre 02, 2008

De misterios, noticias y Pinguinos.



Las mañanas están inundadas de malos augurios; lecciones para ser esposas e hijas ideales. Rimbombante promoción de comida hecha en oscuros laboratorios septentrionales a fin de esclavizar a la humanidad en las deprimentes y patéticas filas de la obesidad; para luego venderles a nombre de la salud y el último alarido de la moda: recetas mágicas de la felicidad, a la cual se puede ingresar únicamente por una puerta de sólo 30 centímetros de ancho. Tal la cosa, algunos no cabemos por ahí. Y para no pecar de injustos, también se sabe que los flacos sufren y de que manera, la desidia universal de la contrariedad de la alta costura.

A estas tristes conclusiones llega uno después de ver detenidamente la televisión por las mañanas.

Si bien el tiempo es un misterio de por sí, me he tomado la exigua libertad que me ofrece el mismo para visitar amigos y lugares que las demoledoras consecuencias del trabajo me impiden. Por ejemplo, después de varios meses he podido visitar la Hemeroteca Municipal e inhalar el antiguo polvo que de sus rincones emana, para poder maravillarme una vez más con el hecho de que pese a todo el mundo es noticia y misterio sin resolver.

También he resuelto ir al Etno Café un lunes para entregarme de lleno a la noche sin preocuparme por la cara que se me ha de ver el martes. Todo en nombre de las benditas vacaciones. Como decía Oscar Wilde: “Si el alcohol es el problema de la clase trabajadora, el trabajo es el problema de la clase alcohólica” Nada más cierto... Las vacaciones están hechas realmente para confirmar que somos una subespecie condenada al eterno temor al hambre, la enfermedad y el rechazo que la falta de biyuya nos pueda provocar.

Ahora que en buena y mala hora he asistido a la penúltima noche de literatura de el Etno; por lo menos, la penúltima organizada por el William Camacho, autor del célebre “Misterio del Estido” no puede menos que invadirme una fea melancolía. (Hay melancolías bonitas como el recuerdo de tu cabello goteando lluvia en la esquina de la Alianza Francesa, mientras enciendes un pucho y dices que te vas...). El Estides dice que ya no tiene tiempo para destruirse todos los lunes en la Organización de los lunes de literatura del “ETNO” y resulta bastante comprensible. La misma tarea casi los vuelve locos al Pedro Grossman y al Oso Fumoso. De ahí que la continuidad de los lunes de literatura sean también un misterio, al igual que quién se atreverá a organizarlo: ¿Quién podrá ayudarnos?. Vientos de cambio arrecian (¿arrechan?) la calle Jaén. La decisión es que la palabra viva y que viva la Palabra.

El misterio del Pingüino.

La Paz, La Prensa, enero de 2001.

La policía ecológica se hizo presente el dia de ayer por la mañana en la popular feria 16 de julio de la ciudad de El Alto, a fin de constatar las denuncias que un pinguino estaría siendo subastado en el sector de animales y mascotas de la feria.

Alrededor de las 11 de la mañana, un sujeto identificado como F. R (41) fue sorprendido en posesión de un pinguino que vestia una chaleco marron de lana. El referido traficante no supo explicar con claridad de donde obtuvo al ovíparo. A decir del jefe de Brigada de la Policía Ecológica, el sujeto inventó una historia en la cual el mismo hubo de rescatar al piscifago de un charco inmenso de agua en la carretera a Viacha imaginando que un perro se estaba ahogando, cuando grande fue su sorpresa al evidenciar que se trataba de una paloma de dimeniones jamás antes vistas. Ante la consulta de los medios de prensa sobre la alimentación del pinguino, el Sujeto contestó que por el momento y como a todo pájaro se lo estaba alimentando con pasankalla y algunas frutas. La Policía ecologica de acuedo a la nueva ley ambiental, incautó el referido animal con el fin de devolverlo a su "habitat natural".


Evidentemente que la ciudad amanecio consternada al ver el reportaje en televisión. Más aun por que el pobre individuo pedía 250 Bs por el pinguino de la chompa café y no tenía idea que esos bichos proceden de lejanas tierras, donde hay mar, pescados y hielo; y el pinguino claro que no era la gran maravilla, era oscuro y tenía ojos de estar perdido (como no...), y también resulta claro que, la policía jamas encontró su "habitat natural" por más que buscó y buscó en la "Gran Enciclopedia Boliviana" del señor Montes De Oca. Así es que después de la campaña iniciada por el Gringo Gonzales, se logró conseguir un nuevo hogar para el pinguino misterioso: en el confortable zoologico de Santiago de Chile. el pobre vendedor aun pudre sus huesos en la carcel (eso lo imagino, pero esperemos que no) y por más torturas chinas que se le practicó, siguió repitiendo hasta el cansancio la historias del charco en el camino a Viacha. Ningún Circo reportó pinguinos perdidos y hasta donde se sabe no pudo llegar volando... No será un misterio tan ontológicamente jodido como el "Misterio del estido" pero es un misterio al fin y al cabo.