viernes, julio 22, 2011

Las letras digitales en el país pirata

Siempre he odiado la palabra "Entrañable" porque entraña muchas cosas salameras y es una forma demasiado artificiosa para definir un sentimiento profundo y sincer para con algo o alguien. Pero no queda otra. Parte de la historia de este blog es Eduardo Alvarez, poeta y cuentista que hoy pasea sus huesos y sus silencios en Santiago de Chile, lejos de su laguna, de su conflictiva relación con los peluqueros y las mujeres que adornan sus caminos al sur.

Eduardo, que en realidad es su apodo ya que se llama Oso (Si, leyó bien) Transita lejanias y los amigos lo extrañamos. No quiero hacer de esto un asqueroso y exaltado intercambio de mutuas idolatrías, a pesar de que estas idolatrías -que para pesar de muchos antropologos jamás podrán ser extirpadas- efectivamente existen, las voy a compartir, porque finalmente, no nos importa, asi que con el espacio que nos da a la existencia el nomeimportimos Visceral que prfesamos, les voy a poner en consideración un artículo muy interesante que escribió el Oso sobre mi. (Tantas vueltas para no pecar de alaraco y sale peor...) Es chistoso ver que alguien escriba sobre uno mismo, porque al final uno se pregunta como cuando se ve al espejo o escucha la grabación de la propia voz: "Acaso soy yo" bueno, esto es algo que jamás podré responder.



Las letras digitales en el país pirata

En mis no tan lejanos tiempos de universidad era algo bastante común que el docente eligiera a algún alumno para que se encargue de las fotocopias. Se hacía responsable del libro original, las más de las veces de la fotocopia original, la dejaba en uno de los tantos centros de copiado de los alrededores, y los alumnos nos anotábamos en una lista que definiría el número de copias a sacarse. No faltaban los fotocopiadores que aprovechaban su mostrador para publicitar los títulos más vendidos, exhibiendo la tapa en una mala fotocopia blanco y negro. Así, ya en afán de estudio u ocio, la fotocopiadora de la U era una alternativa más barata que la librería.

En ciudades como La Paz el contrabando tiene que ver con una forma de vida. DVD’s, música, ropa y juguetes nuevos o de segunda mano obtenidos de manera dudosa por los vendedores. Un agujerito en la parte de la camisa que no se ve, una leyenda de “copia para prensa, prohibida su venta” a lo largo de la película, un par de páginas que no se leen. Con tal de ahorrarse plata algunos aprenden a sobrellevarlo, otros están acostumbrados, siempre fue así. “En un país con un ingreso per cápita tan bajo, solo pirateando se puede otorgar al pueblo la posibilidad del acceso a la cultura”, opina Willy Camacho.

Así, con parche en el ojo, el libro digital va encontrando la manera de acomodarse a los lectores de ciudades como La Paz. En Santiago de Chile, donde ahora vivo, el método de las fotocopias se alterna con el del libro digital. No falta el compañero de buena voluntad que usa el scanner en casa o en la oficina para digitalizar los libros de mayor interés, entonces el estudiante opta por leerlo directamente en el computador o por imprimirlo a un bajo costo en el mismo centro de copiado.

Sin duda el Ipad y demás artefactos solucionan problemas como cargar con la fotocopia en la mochila y malgastar la vista leyendo en la pantalla, además les puede caer el café encima y siguen funcionando. Dado que esta tecnología todavía no es accesible para muchos, tendremos que conformarnos con fotocopiar o seguir leyendo desde la pantalla del PC hasta que los precios de la tinta electrónica bajen.

Y de todas formas la digitalización de un texto da espacio a situaciones impensables, como la transcripción de libros antiguos que se perderían de otro modo. Recuerdo el proyecto inconcluso de Paul Tellería: transcribir el Felipe Delgado de Jaime Sáenz en un blog editado colectivamente. Las grandes compañías proponen clásicos en versiones especiales diseñadas para sus dispositivos, Alicia en el país de las maravillas y Drácula por ejemplo. En el blog para educación en nuevas tecnologías Xarxa TIC, el autor pone en discusión la calidad de los libros digitales que ofrecen a las escuelas en España por ser presentaciones de power point o simples archivos pdf, señalando que el lector debería exigir más calidad por parte de los comerciantes de este tipo de libro.

A ritmo y manera particulares el libro digital está cambiando la manera de leer, y muchos ven en el libro impreso un objeto obsoleto o un artículo de arte. Paz Soldán cuenta la decadencia de las librerías de Ithaca y menciona que casi 300 de las más de 600 de los Estados Unidos han cerrado, advierte que los libros digitales van convirtiéndose en los subsidiarios de los impresos. Por otro lado la facilidad para publicar en la red permite que autores emergentes puedan difundir su obra sin pasar por el filtro de las editoriales tradicionales. Se ofrecen servicios de corrección de estilo, diseño y hasta mercadeo. Así como hay cosas que de hecho no vale la pena leer, uno encuentra blogs y libros con gran calidad tanto de autores consagrados como de personas que apenas empezamos en el camino de las letras impresas y digitales. Y aquí es donde me detengo con la siguiente pregunta: ¿cómo influye internet y su omnipresencia en los que nos estamos formando en el oficio de escribir?

El 2006 se armó una red social de blogueros en Bolivia, empezó a raíz de que el ganador del premio de cuento Franz Tamayo de ese año abrió un blog y convocó a un encuentro entre los que se comentaban mutuamente y quienes quisieran unirse. Yo lo supe cuando mi amigo Oscar me invitó a asomar por ahí las narices. Claro, los dos hubiésemos querido ganarnos el premio y ahora queríamos conocer a Willy Camacho. Él ya era un escritor sólido y desde entonces compartimos varias farras y conversaciones. El Perro Rabioso estaba haciendo sus primeras armas, Oscar abrió ese blog en coincidencia con una célebre etapa de su vida en que no tenía trabajo y pasaba sus mejores horas en la hemeroteca, dedicado a rescatar crónicas periodísticas de principios del siglo XX en Bolivia y otras latitudes. Los comentarios, que son la sangre del bloguero, fueron aumentando y se dispararon luego del encuentro “bloguivianos 2007” en Santa Cruz. El auditorio se desternillaba de risa cuando el Perro Rabioso exponía su ponencia sobre el movimiento urbandino de la ciudad de La Paz. “Después del encuentro (…) todos me decían perro, he empezado a sospechar que el blog estaba teniendo una identidad propia entre la gente, es decir, ya era el perro el que escribía, no Oscar Martinez”. Le escribían mails con críticas y felicitaciones.

Es que el concepto de su blog es suculento: “me fascinaba el uso tan solemne del lenguaje que utilizaban los periodistas de la época para referirse a temas tan burdos y cotidianos como la falsificación de marcas de leche o la expulsión de ciudadanos "indios" de bares de clase alta”. Para él La Paz ahora es tan surreal como podía haberlo sido antaño:

“…cuando llego a esa conclusión veo que la crónica te ayuda a escribir sobre el cotidiano del siglo XXI, pudiendo utilizar casi el mismo lenguaje de las crónicas del 1900; entonces pienso que sería bueno experimentar crónicas de un perro vagabundo que todo lo ve.”

Lo de rabioso viene a propósito de los blogs que odiaba y hería mortalmente con sus comentarios, y lo fundamental no era eso: “me parecía una buena forma de dar a conocer tus textos y sobre todo una buena forma de practicar la escritura y compartirla con otros lectores y bloggers”. La experiencia ha ido más allá de lo que el autor creía:

“Varias veces pensé dejar el blog, pero me he dado cuenta que normalmente lo decidía estando deprimido, como queriendo matar un alterego o algo así... lo que me ha desanimado a hacerlo definitivamente es que hay gente que no conozco y que me manda emails contándome cosas que les recuerdan los textos que escribo, gente de otros países que dice que les gusta el blog o bolivianos que viven en otros países. De todos modos, pienso que ha tenido un tiempo y una razón de ser y como este año cumple seis años el blog, de repente es mejor ya dedicarse a otro público, aún no lo decido, en el facebook hay más gente comentando y retroalimentando tu trabajo (…), me parece que podría dejar el perro rabioso. Lo tengo en mente, pero ya tomaré la decisión final.

En el ensayo “Hipervínculo o hipertexto: la nueva textualidad”, hallamos esta reflexión sobre la experiencia en que puede convertirse leer en internet: “la voz de autor se funde con el auditorio conformándose una literatura sincrónica que desplaza los determinismos y recompone todo argumento”, un texto llama a otro y a otro y lo más importa es la obra, no el que la escribió. En este blog el autor/personaje pudo haber sido moldeado a través de la tensión con el lector/autor en un intercambio constante. Con razón afirma que en cuestión de escritos al Perro Rabioso le va a costar ser otra vez Oscar Martinez:

Una vez, en un bar, un chico borracho me estaba diciendo que le gustaba la literatura, le dije que a mí también y que a veces escribía. Me contó que iba a abrir su blog, le respondí que los blogs son buenos para practicar escritura y que la gente te conozca, pero que ya no hay mucha gente leyendo blogs, por lo menos en Bolivia. Él me dijo que lea el blog de elperrorabioso; un tipo que parece que es un borracho medio loco pero que escribe bien... Le quería decir que era yo el perro rabioso, pero en fin, me alegró su comentario y que se decida a abrir un blog.

miércoles, julio 13, 2011

Peor es Nada.


Manifiesto premortem de Nadeshda Krúpskaya, conocida por sus adeptos y detractores como “La Nada”
La nada, es antes que nada, el triunfo de la palabra sobre la nada.
La nada pudo ser un verbo que salvara de la desesperación a los ahogados y al final no fue nada.
Nada es lo que se reflejaba en las pupilas de algunos náufragos imaginados por Daniel Defoe y que este olvidó describir con precisión en una narración corta, dejando todos sus intentos en un tintero desportillado que olvidó tristemente en una cantina del puerto de Liverpool cuando pensó en la soledad de Robinson Crusoe.
La nada, era el cosquilleo fastidioso que en el principio de los tiempos le angustiaba a un Dios, el cual, al querer nombrar un vacío inmenso en su memoria, nombró a la nada con la palabra y desde entonces la nada fue la esclava de los abismos y los silencios.
La nada era eso que encontraban en sus bolsillos los amores abandonados cuando buscaban alguna explicación para las una y mil ausencias mientras vagaban solitarios por las grandes ciudades.
La nada era un baile típico que los fantasmas practicaban para deleitar a los ciegos que añoraban el calor de la luz en las frías casas de los pueblos abandonados que yacían perdidos en los mapas olvidados que intentaban descifrar los condenados a ser fantasmas que bailaban bailes típicos para deleitar a los ciegos que añoraban el calor de la luz en las frías casas de los pueblos abandonados.
La nada, la pobre nada, siempre era confundida con toda la eternidad de la espera que nunca llegaba a ser nada más que nada
Nada, es la respuesta favorita de los presos que son acusados de todo y de nada.
La nada es nada, pero así y todo, zumba en el oído de los suicidas, los acróbatas y uno que otro saltimbanqui.
Nada, es el valor que se la asigna a los bienes comunes surgidos del fruto de los matrimonios casuales, celebrados en modernas regiones septentrionales donde existe un fundado temor de que la ausencia de valor se torne soledad.
La Nada es lo único que tienen en común los corazones de los inocentes y los asesinos.
Nada es el nombre de pila de las pelusas que viven en los bolsillos proletarios.
La nada es una espera y una suspensión.
Nada es lo único que a veces queda y que en un arranque de optimismo, decides creer que eso ya es algo.
Nada es eso que a veces se es en la vida y se cree que se va a la universidad para remediarlo.
Es peor que no te enseñen nada, resultando ser, en consecuencia, un perfecto nada (Pero eso también viene siendo algo)
Puede ser que nada sea nadie, nadie sea nada y también al revés.
Al final nadie sabe nada y eso es lo único que se sabe de nadie.
No por nada, la nada no es un proverbio chino. No por nada, la nada no es un refrán, un pensamiento o la parte favorita de las frases celebres. La Nada Tampoco es una fábula de Esopo y menos aún, un dicho y hecho del General Melgarejo.
La nada es un río que se ha de cruzar las veces que sea necesario hasta que uno sienta que se extinguido el destino.
Aunque no lo parezca, La nada no es un invento de la derecha ni de la tecnocracia religiosa.
Y aunque también lo parezca, La nada no es el cero absoluto que los mayas encontraron en el firmamento hace miles de años, prediciendo lo absurdo de la vida que vivirían hombres que estaban por venir
Muchas cosas no es y eso entonces es lo que la lógica nos muestra imprevisiblemente que termina siendo
A nuestra vista y paciencia
La nada es casi todo y también al revés.
Ya que lo demás, es todo.
lo que se entiende, es nada.
Fin.

domingo, julio 10, 2011

Postales desde el país que casi existe. Parte 2

Qué difícil resulta definir tu identidad si no haces una suma de recuerdos y adscripciones.

¿Quién soy para hablar de estos males? Soy yo el hijo de una secretaria que migró de una mina de Potosí hacia La Paz a fines de los años 70 y soy el chico que ha estudiado en colegios mediocres obteniendo notas bastante mediocres, en un contexto donde la mediocridad es casi una virtud. Si ese soy yo, y eso significa, que probablemente es una buena deducción pensar que odio a los Jailones porque nunca, pero nunca, podré ser uno de ellos. En honor a la verdad, no creo que esa sea la respuesta correcta ya que vivimos en un mundo y especialmente, un país difícil de comprender.

Cuando yo era niño e iba –estrictamente- a la Escuela República de México con pantalón azul, camisa blanca, corbatín azul y mandil blanco, pensábamos que los jailones eran los de la Subespecie que podían pedir un robot a pilas y se los daban en la siguiente navidad y que en invierno lucían coquetos sacos azules de paño inglés y que estudiaban en un colegio católico con nombre de santo que estaba a la vuelta de mi escuelita. Al final de cuentas y pasados los años, escucho decir que los jailones no existen y que esta “construcción identittaria” se le asigna a cualquier persona con actitud arrogante, indiferentemente de su capacidad adquisitiva.

Cosa difícil de saber, sobre todo porque tengo la certeza que la plata no hace mala a la gente, así como que tampoco la hace buena. A mi no me parece que los chicos de ese colegio fueran unos tipos perversos, total, que cualquiera que hubiese ido a los mismos tilines que nosotros en la vieja calle pichincha, nos hubieran mirado con asco y se hubiesen reído de nosotros al vernos con los guardapolvos eternamente mugrosos y sorbiéndonos los mocos que nos colgaban hasta la boca, mientras masticábamos naranjas peladas y plátanos, viéndoles jugar Pac Man.

Uno aprende las cosas tal como las va viendo y escuchando, esto no es ajeno para cualquiera que tenga sentido común, pero siendo niño todo es tan sencillo o tan confuso, que sólo queda actuar de la forma más obvia: es decir con vergüenza. Sin saber por qué, ser pobre era una vergüenza, pero ser pobre y ser indio, era más vergonzoso aún. Así que bien podría estar congratulándome de que mi círculo social era de ese “blancos” tan pobres que por inercia ya se convierten en medio indios.

Más adelante, finalmente descubriría que no soy blanco aunque tampoco soy indígena y sería fácil decir que uno es mestizo y ya, pero a menudo me pregunto y siento como este que ha sido educado a ver el mundo y sus formas, que ha aprendido a sentir el mundo y sus caricias y golpes, será tan racista cómo los que desprecia. La colonia vive aquí adentro y no basta con reconocerlo y ya. Una vez me han dicho que escoja un apellido indígena el cual debería llevar de por vida y presentarme a la gente como tal, pero dada la dificultosa situación, me quede en un silencio prolongado (que dura hasta hoy) y tuve vergüenza de las cosas que pasaban por mi mente al plantearme dicha situación.

El silencio continua y es una cuestión de conveniencia. Si somos honestos, hay que decir que uno sabe que hay cosas peores, por ejemplo: tener un apellido indígena. Mi amigo Benedicto Mayta lo sabía muy bien.

"Apuntes desde el tercer mundo o esos días en los que uno iba aprendiendo mierda en la escuela."

Un día, una crisis de ira atacó súbitamente a mi profesor de inglés que arremetió su furia contra mi compañero de curso Benedicto Mayta, que a pesar de sus esforzados intentos, no llegaba a pronunciar correctamente (y con la elegancia que el profesor exigía) la palabra “Tomorrow”.

Después de zarandearlo violentamente frente al pizarrón llamándolo estúpido, sonso, imbécil y otras cosas peores, le encajó tres cocachos gritándole cada sílaba de la mencionada palabra: “TU-MO- RROU”. En principio, asociábamos esta escena con aquella que se repetía infinitamente en la archifamosa serie mexicana el Chavo del 8, en la que Don Ramón le propina al Chavito un sonoro coscorrón gritándole ¡Toma! y este se va llorando diciendo pi-pi-pi-pi.

Por esta razón -y por esa especie de “inocente” crueldad que todo rapaz de menos de diez años abriga en lo profundo de su ser - no hacíamos otra cosa que matarnos de risa ante el grotesco espectáculo que soportaba estoicamente el pobre Benedicto agachando la cabeza, mirando la suciedad de sus uñas y derramando unos gruesos lagrimones que estallaban silenciosamente en el suelo de cemento. Algunos otros se reían porque el profesor ridiculizaba la forma como el Benedicto hablaba , exagerando las entonaciones aymaras de su escaso vocabulario castellano.

Así, cuando este espectáculo parecía llegar a su fin, un sopapo retumbó con su eco en todo el curso y la cosa cambió drásticamente. La tremenda bofetada que le propinó el profe al Benedicto ya no era graciosa ni siquiera para nosotros que éramos una banda de mocosos ignorantes que se reían de todo y de nada. De pronto empezamos a sentir miedo de que al profesor se le esté yendo la mano y que cualquiera de nosotros pueda ser el próximo en recibir un bofetón; el Yamil Quiroga se hizo pis en el asiento. Un riachuelo proveniente de su asiento lo delató y o pasaron ni dos segundos antes de que el gordo Roberto Luna empiece a gritar señalándolo con el dedo ¡se ha hecho pis, se ha hecho pis! Todos fuimos a ver al Yamil que se tapaba la cara mientras nos pusimos a gritar en coro y rítmicamente ¡Se ha hecho pis, Se ha hecho pis, se ha hecho pis! Pobre Yamil, se había pegado un susto tan terrible por el sopapo del profesor que se hizo pis de puro miedo y con esto, salvó al Benedicto de unos cuantos minutos más de humillación pública.