viernes, diciembre 24, 2010

Una lectura conmemorativa del libro Vidas y Muertes de Jaime Saenz.

Cholita: Aquí te vengo a presentar este libro que a veces me hace reír y a veces me hace llorar. Así que abrí bien tus ojos, préstale oídos a tu mirada y agudiza tu imaginación. Esta es una carta y es un juego. Es varias cosas a la vez.



El Orestes Caese

Este hombre adivina sus olvidos y también sus recuerdos y dolores, pero sabe olvidar lo que adivina… Así empieza el relato de la vida del Orestes Caese.

Cuando he leído este cuento me he acordado del Orestes Dámaso Medina, el mensajero de la oficina de mi mamá. Era un tipo de nariz eternamente roja, seguramente porque era un borracho. Por eso mismo salía de la oficina de mi mamá y entraba directo y sin titubear al bar restaurant que estaba al frente. Ese bar estaba en una casa vieja y en la puerta había un letrero que decía: “Radio Chuquisaca” tiempo después, me he enterado que esa era la radio más vieja de la ciudad y que ese restaurant bar que se llamaba “El Patio”, estaba siempre lleno de hombres divorciados, viudos, separados o abandonados.

Tal la cosa, yo nunca me animaba a hablar con el Orestes Dámaso Medina, aunque me daban muchas ganas de preguntarle cómo era esa casa tan vieja y misteriosa de la calle Colón esquina Indaburo donde todos los días entraba a las 6 de la tarde y si no le hablaba era por el simple hecho de que siempre he sido un cobarde para hablar con la gente sin tener nada que preguntar y sobre todo porque me daban miedo sus ojos rojos y su nariz de resfriado.

Mi mamá sentía mucha antipatía por él (como por todos los borrachos en realidad) y cuando lo echaron a la calle, arguyendo que su tufo mareaba a la gente y que nadie se sentía cómodo ni seguro con su presencia en la oficina, el Orestes Dámaso Medina se fue.

Cuando nos lo chocábamos en la calle, mi mamá me jalaba del brazo para que no me quede mirándolo, mientras él, queriendo tal vez mostrarles a sus excompañeros que igual no más le daba a la vida, se fue a vender archivadores, cartapacios, fundas para carnets, pasaportes y papel con timbre a la puerta de la contraloría… Me gustaría decir que se murió, pero simplemente desapareció cuando cerraron el Restaurant.

He leído este libro por primera vez cuando tenía 22 años y no he podido dejar de pensar que todos los Orestes se deben parecer, como tal vez todos los Oscares se parecen y que yo… si un día sufriría de la soledad absoluta, me pondría el nombre de Hermenegildo Fernández o Andrés Calderón, pero esos son los próximos cuentos.

El Hermenegildo Fernandez.

Un día te he dicho que no vale la pena vivir sin ají y ahora te digo que no vale la pena vivir sin fanatismos. Yo no entendía esto de los fanatismos hasta que he visto el monólogo “No le Digas” de David Mondacca, donde interpreta a varios personajes de Jaime Saenz en una obra que tal vez dura unas dos horas y es espectacular…

“Muele que te muele, machaca que te machaca, pica que te pica” Pobre Hermenegildo, se ha muerto comiendo picantes, porque era un fanático ¿ves? No es que era un sonso. Hay que saber que se puede renunciar y tal vez la certeza de saber eso va a hacer que siempre lleguemos al final de todo sin vacilar… aunque para los que nunca han sabido renunciar, esto debe ser simplemente terquedad.

Era el domingo 8 de octubre del año 2000 y yo no sabía que era el cumpleaños del J.S. y en la parte que David Mondacca está gritando sobre el Batán: Muele que te muele, machaca que te machaca… me quedaba pensando en que mi viejo se iba de mi casa cuando no había llajwa y que eso precisamente, era ser un boludo y no un fanático. Aquí lo picante no tiene nada que ver, sino la convicción de que cualquier otro lugar no podría ser sin los momentos que construimos. Somos en cuerpo entero en un lugar en una hora en un aroma y en un sabor. Somos puro sentido y aunque esté demás decirlo, eso es lo que le da sentido a la vida.

También he pensado largamente en el batán –casi- agujero que mi abuela tenía en el patio de su casa de la calle Rodriguez. Me acordaba que la piedra olía a quirquiña de una forma tan penetrante, que uno abría la puerta y ya estaba oliendo el batán. También he pensado que los viejos tenían un fanatismo tan jodido por la vida y las costumbres, que el convencimiento de que el hueco que ahondaba el batán tarde o temprano llegaría a ser un vacío total, aterraba a los viejos y los hacía suspirar pensando en los domingos, las sopas, las charlas y las marraquetas que habrá propiciado ese Batán que al final nos mostraba, que la piedra produce tantas emociones que se gasta hasta desaparecer, casi como cualquier corazón.

A mi abuelo (en realidad el abuelo de mi padrastro) lo han matado para robarle su joyería. Le decían Ubico, se llamaba Wencesleao y después de cien mil disputas familiares, han rematado su casa que ahora se vuelto un hotelucho de mala muerte donde a veces quisiera ir a dormir para acordarme de mis mayores y sus fanatismos y para ver si de repente, la piedra también ha muerto.

Todo esto cholita, todo esto me ha hecho pensar este cuento.

El Rafael Cordero

Debe ser por el apellido y lo otro debe ser porque era fabricante de camiones de juguete y mecánico, pero lo que me ha recordado este cuento es a una chica de mi curso y al chofer de un micro amarillo y negro del sindicato Litoral.

La chica estaba en mi curso cuando yo estaba en segundo medio. Se llamaba Janeth Cordero y su hermano se llamaba Angel Cordero. Sé que no tiene nada que ver, pero cuando escucho ese apellido, se me viene a la mente un buen y humeante plato de Thimpu y lo más raro es que a mí ni siquiera me gusta el Thimpu de cordero, es más, sólo me gusta el de carne (res) y ahora estaba pensando que “Res” en latín quiere decir “cosa” lo que me ha hecho acordar de mi amigo hippie Franz, que me decía que nosotros –los carnívoros- no comemos carne, que comemos cosa, cualquier cosa… en especial si son esas hamburguesas pre hechas que han venido a paliar el hambre de nosotros los hombres solitarios y ha salvado el tiempo de las amas de casa angustiadas por los extraños caprichos de sus hijos… ¿raro no cholita?

En fin, a mí, el apellido Cordero no me gusta porque se me viene a la mente un inmenso platón de fierro enlozado color verde claro, con una cuchara metálica gastada y una cholita que se me acerca candombeando sus polleras arrepolladas con el mandíl salpicado de ají amarillo y grasa y sus zapatos rechinando escandalosamente en el piso de un local oscuro de la calle Illampu, cerca del Hotel Miltón.

¡Cholita, Thimpo, Illampu y Cordero! al parecer estas tres palabras están epistemológica, etimológica y sintácticamente relacionadas, ¿que habría dicho el Ferdinand Saussure de esta mi tesis? (Que en realidad podría ser el axioma de la Thimpulogia) yo creo que no hubiera dicho nada, porque el Saussure era un suizo que seguramente comía cordero flambeado en algún restaurant de Saint Germain de press, en sus horas de almuerzo cuando estaba en la École des Hauts Études de París y cuando comía, seguro lo hacía sin nada, pero nada de ají… que maricón.

Freud, Lacán o mi amiga -la prestigiosa psicoanalista y vidente Carito Mallea “La divina” (¿Cómo divina de adivinar? O ¿marea la gallina?)- asumiendo intelectualoide aire de preocupación y superioridad, dirían que no tengo ganas de hablar de la Janeth Cordero y tantos años estudiando la siempre confusa y dificultosa psique humana, les daría finalmente la razón.

Aunque no habría nada de malo en acordarse de la Janeth, uno se pone a pensar en el destino y ahí la cosa se complica. La pobre Janeth que era más buena y saludable que una manzana, tenía el grave problema de que le gustaba amar, eso al parecer en el sentido físico de la palabra. Algún miserable seguramente le llamaría Ninfómana, pero no, una cosa es ser una ninfómana y otra diferente es ser una mujer a la que le gusta amar, pero claro, la suerte y el destino y sobre todo la gente insensible, no sabe diferenciar ambas cosas.

La Janeth era mamá de 2 chamacos y apenas tenía 17 años, el primero lo tuvo a los 14 años, el segundo a los 16 y su gran pecado –aparte de ser una niña- fue que ambos niños tenían padres diferentes. Te imaginarás que hubo todo un escándalo en el colegio cuando la quisieron expulsar y aunque personalmente no me consta, podríamos remitirnos al poeta de América (Ricardo Arjona yaaaaaaa poeta a ver) y decir que su reputación eran las seis primeras letras de esa palabra (otra vez: yaaaaa) por esta razón, la Janeth era el objeto de las habladurías de las mamás que depositaban el veneno de sus lenguas y sus frustraciones mojigatas en la vida de la pobre Janeth Cordero, que no tenía otro anhelo que el salir bachiller y estudiar derecho.

Ese deseo, en el que ella depositaba todas las fuerzas de su corazón, chocaban cada día contra las impenetrables murallas de las matemáticas, los estudios sociales, la biología, la filosofía y probablemente de todas las titánicas ramas del saber humano. Pobre Janeth, ni siquiera era floja o tonta, sólo que para pagar los gastos de sus vástagos, de su hermano y de su papá que era un señor muy viejito, no le quedaba otra que trabajar de lo que mejor podía, con lo que la atención que le daba a sus estudios quedaba en nada.

Una vez, se burlaron de ella por verla trabajando en el mercado negro vendiendo zapatos y en otra ocasión la acusaron injustamente de robar las calculadoras de todo el mundo… y ella, ya no tenía palabras para ofenderse ni para defenderse, así es que se quedaba en silencio y lloraba sin que nadie la consuele.

La gota que ha derramado el vaso, han sido los rumores que unos vagos de último curso han esparcido a los cuatro vientos, diciendo que la habían visto a la Janeth trabajando de puta en un burdel de la Avenida Sucre. Yo no lo creía; no me la imaginaba en un burdel bailando en un bikini fosforescente delante de una estufa de esas a gas en uno de esos locales donde el olor a pucho y cerveza te sopapea a cuadras. Pero bueno, ese chisme no lo tenía que creer yo y tal como llegó a mis oídos, creció y creció hasta que la Janeth Cordero no volvió al colegio para los exámenes finales. Su hermano, el Angel, andaba cabizbajo y al que le preguntaba por su hermana le asestaba un puñetazo, por eso, porque soy un cobarde, jamás le pregunté por ella, sólo escuché que estaba enferma, muy enferma y que un día, desapareció.

El Andrés Calderón

Un día estábamos comiendo, bueno ¿casi como siempre estamos no? Y te he contado la historia del Andrés Calderón… la historia del hombre solitario que escribía a máquina y que su única distracción era ir al cine y que el Jaime Saenz lo ha conocido, no a él, sino a una hilacha de su saco en la calle Potosí; ¿te acuerdas?

Mi mamá ha empezado a trabajar en la contraloría el año 82; entonces, me llevaba a su oficina todos los días porque no tenía con quién dejarme, porque claro, era un mocoso llorón. La Contraloría General de la República (Hoy del Estado Plurinacional) está en la calle Colón Esquina Indaburo, tiene nueve pisos y mi madre ha trabajado en todos los pisos, menos en el noveno, porque ahí antes estaba el comedor.

La primera oficina que recuerdo de mi mamá era grande, como para unas 20 personas, tenía persianas grises como la de los hospitales públicos y los escritorios estaban perfectamente alineados uno delante de otro en cuatro filas de cinco escritorios. Cada escritorio tenía un tapete verde como el de una mesa de billar y en cada rincón del tapete, cada empleado ponía cosas tan diversas como calendarios, fotos de seres queridos, estampitas de la virgen, de Jesús o su santo protector y al lado la máquina de escribir.

Un día, antes de que el último presidente militar del gobierno llame a elecciones y vuelva la democracia, yo estaba jugando en el escritorio vacío que le correspondía al oficial de la policía coactiva que siempre estaba con sus lentes ahumados, durmiendo en el sillón de la recepción con su pistola en el cinturón, cuando de repente se ha armado revuelo y todos han empezado a gritar: “¡El contralor, el contralor!” y mi madre me cogió de los brazos y me escondió debajo de su escritorio tapándome la boca con sus pies.

El Contralor era un General del ejército, eso dice mi mamá. Yo solo le he visto los zapatos de charol y su pantalón verde grisáceo con franjas guindas y al lado miles de botas de soldados. Todos caminaban lentamente y los empleados en silencio.. tac, tac, tac, sólo se escuchaban los golpes que le daban a las teclas de las máquinas de escribir. Un espanto para los pobre empleados y para mi madre porque los changos estaban prohibidos en la oficina y yo ya tenía escritorio y todo.

Como sea que me habían nombrado mascota oficial de la oficina de investigaciones coactivas de la oficina y eso no sé si era bueno o malo, tenía que salir a cumplir encargos para todo el mundo, por lo tanto mi vida era ir de la oficina a la tienda, al ministerio de hacienda y caminaba por la calle colón de aquí para allá, y también iba a la calle Potosí y me he dado cuenta que en la calle Potosí esquina Colón, siempre, siempre hay viento y hay cafés lleno de viejos y viejas, con mirada triste y mucha, mucha soledad…

Había una tienda en la calle Colón, esa tienda tenía un letrero que decía: “Se arreglan camisas” allí vivía una vieja de cabello canoso, que fumaba todo el día sentada en un banco de madera mirando a la gente pasara. A la tienda nadie entraba porque olía a pis de gato y cigarrillo; si olía a pis de gato, era porque habrá habido unos quince o veinte gatos, que deambulaban por la tienda ronroneando y rascando algunos maniquís, dándoles a la tienda un aspecto bastante grotesco. La cosa es que nadie sabía de qué vivía la vieja, que además decían que estaba loca y si estaba loca era porque su marido había muerto hace muchos años y sus hijos se fueron muy lejos y no se sabía nada de ellos. Eso, me lo ha contado la Esther, que era la señora de la tienda y que al igual que en todos los barrios de la ciudad, todo lo sabía y todo también lo adivinaba.

Un día o mejor dicho una noche, en la cena, mi mamá me ha contado que cerca de la oficina, en la tienda de la vieja se armó un jaleo terrible por motivo de la bulla que metían las sirenas de la policía y los bomberos y los curiosos que no podían abrir por nada del mundo la pesada y antigua puerta de madera que había estado cerrada por dentro con unos diez candados por lo menos… y todo porque los vecinos denunciaron que un olor fétido proveniente de la tienda no los dejaba dormir ni de noche ni de día. Ya te imaginarás a que se debía esa fetidez nauseabunda de cadáver y te imaginaras también, cuanto tuvieron que pelear los policías con los gatos para poder sacar el cuerpo de la vieja.

Ya luego, cuando vayamos leyendo juntos el libro y te iré contando más cuentos. ¡Feliz Navidad!

miércoles, diciembre 22, 2010

Tinta Fresca 2010-11 al aire

Debido a que fui amablemente invitado por el camarada Estides Arguedas a formar parte del consejo Urbandino, no puedo concursar en el ya famoso concurso "Tinta Fresca" que se lleva adelante en su segunda edición.
A continuación, para todos aquellos interesados en concursar les dejo las bases del concurso.
Saludos y feliz navidad.



SEGUNDA EDICIÓN DEL
CONCURSO INTERNACIONAL
DE RELATO BREVE
“TINTA FRESCA”

Con el objetivo de promocionar a escritores jóvenes e incentivar la creación literaria, la Fundación Estás Vivo, la Editorial Gente Común y Urbandina (http://urbandina.bo.vg) convocan a la segunda edición del Concurso Internacional de Relato Breve “Tinta Fresca”, de acuerdo a las siguientes bases:

PARTICIPANTES

Podrán participar personas de cualquier nacionalidad que no hubieren cumplido 35 años hasta el cierre de esta convocatoria, con relatos escritos en castellano, originales, inéditos y que no estén pendientes de fallo en otro certamen. Los concursantes asumen la responsabilidad por la autoría de los textos presentados.

OBRAS

El tema es libre y cada participante podrá presentar sólo un relato, cuya extensión no deberá sobrepasar los 5500 caracteres ni ser inferior a 2500 (con espacios incluidos), escrito en página tamaño carta, con interlineado doble y tipo arial o times (punto 12).

PRESENTACIÓN

Los relatos se presentarán a través de correo electrónico (tintafresca2010@gmail.com), observando las siguientes indicaciones:

• En el asunto (subject) del mensaje debe figurar:
CONCURSO TINTA FRESCA – PSEUDÓNIMO
• En el cuerpo del mensaje:
TÍTULO DEL RELATO
• Un archivo adjunto (formato “doc” u “odt”) con el texto concursante, cuyo nombre debe ser:
TÍTULO DEL RELATO – PSEUDÓNIMO(.doc)(.odt)
• Otro archivo adjunto con los datos del concursante (nombre, apellidos, nacionalidad, país de residencia, documento de identidad, dirección, teléfono y correo electrónico), cuyo nombre debe ser:
PSEUDÓNIMO(.doc)(.odt)
• Ejemplo:


PLAZO

Los relatos deberán enviarse a tintafresca2010@gmail.com, hasta el 20 de marzo de 2011, impostergablemente. Urbandina enviará un mensaje a los concursantes confirmando la recepción de los relatos (si, pasados tres días del envío, el concursante no recibe esta confirmación, deberá volver a mandar su relato).

JURADO

El jurado estará conformado por un representante de la Fundación Estás Vivo, un representante de la Editorial Gente Común, un representante de Urbandina y dos escritores latinoamericanos. Las identidades de los mismos (así como sus datos bio-bibliográficos) serán dadas a conocer una vez dictaminado el fallo.

FALLO

El jurado seleccionará diez relatos finalistas, de entre los cuales determinará al ganador del concurso.

El fallo del jurado se hará público el 24 de abril de 2011, a través de Urbandina y otros espacios virtuales. Asimismo, el ganador y los finalistas serán notificados oficialmente por Urbandina, vía correo electrónico.

Dado que su objetivo es la promoción de nuevos escritores y el fomento a la creación literaria, este concurso no podrá declararse desierto.

PREMIOS

Se concederá un premio único de 600 USD (seiscientos dólares americanos) al relato ganador.

El relato ganador y los finalistas serán editados y publicados por la editorial Gente Común y Urbandina. El libro será presentado en junio de 2011, durante la Feria Internacional del Libro Santa Cruz de la Sierra (Bolivia).

La ceremonia de premiación tendrá lugar en la ciudad de La Paz, el 27 de abril de 2011. En caso de que el ganador no resida en La Paz, se le enviará su premio mediante giro bancario.

El ganador del concurso recibirá quince ejemplares del libro publicado, y cada finalista recibirá un ejemplar. Además, el jurado y los organizadores se reservan el derecho de incluir en la publicación relatos que no hubiesen sido finalistas.

OTROS

Dependiendo del número de relatos recibidos, los organizadores se reservan el derecho de conformar un comité de pre-selección, invitando a especialistas en corrección de estilo para que evalúen aspectos específicamente formales (gramática, ortografía, etc.).

El jurado tiene la potestad de resolver cualquier cuestión que no hubiese sido contemplada en esta convocatoria.

El hecho de participar en este concurso supone la cesión de los derechos de autor para la edición y publicación de las obras que resultaren finalistas, a partir de la fecha del fallo hasta el 31 de diciembre de 2011. Después de este lapso, los autores quedarán en libertad de publicar sus obras por cualquier medio.

Cualquier consulta sobre las bases del concurso podrá hacerse escribiendo a urbandina@gmail.com o visitando Urbandina (http://urbandina.bo.vg).

La participación en este concurso supone la aceptación de todos los puntos de la convocatoria, del mismo modo que el incumplimiento de alguno de ellos supone la descalificación inmediata.

Buena suerte!

lunes, octubre 25, 2010

DEPRESIÓN POP

A veces confundo cualquier sonrisa con un resplandor y me enamoro. Miro la calle y me lanzo a ser uno con la multitud. Camino a ciegas y a tientas de la luz de los coches que avanzan raudamente. Los apuros de los transeúntes me guían a través de pasos que no me conducen a ningún lugar.

Ese tipo de saco oscuro, con las manos en los bolsillos y que se refleja en las vidrieras de las librerías soy yo; al parecer sí, soy yo. Las gotas de la lluvia que resbalan por el vidrio no distorsionan del todo la realidad; allá estoy yo: un poco más viejo. Un poco más gordo y desgarbado, sin ideales, sin nada que pese más que una cajetilla de cigarrillos. No tengo memoria, no tengo conciencia, quién sabe ni siquiera tengo dignidad, pero tengo los mismos ojos de plástico igual que cuando tenía dieciocho años. Soy  es el mismo cínico de siempre. Está bien, ese se parece más a mí.

¿Me preocupa el mundo? No mucho, pero lo he dejado de despreciar, ahora se es más libre cuando se está derrotado. Este es un signo de vejez.

Me importa mirar sonrisas que me enamoren y recuerdos que me vomiten. Nada de fingir, nada de toser escandalosamente después de cada cigarrillo. Siento calor con algunas miradas. Siento que tendría que decir algo. A veces por puro idiota me dan lástima mis reflexiones y para sentirme mejor, espero a que mucha gente se acumule alrededor y digo algo que está escrito en algún libro. Y la gente piensa que el mundo me importa. Pero los días de trabajo ya no duran tanto.

Cuando voy a algún café del centro, el mesero se acerca a mí. Me tira el menú aunque finge amabilidad. Yo miro a la gente otra vez, me siento incomprendido, abrumado por tantas cosas que parece que pasan, pero se están quietas, el ambiente siempre es insoportable cuando estás sólo y no tienes paz.

Otra vez el síndrome: me parece que la sombra detrás del vitral eres tú. Es tu cabeza redonda con el cabello corto; la falda larga que usas los días de calor siendo mecida por el viento de la tarde. Así esperabas por mí. Digamos que después de clasificarlos, de todos los recuerdos, ese es el más doloroso; vos esperando por mí y yo llegando tarde, seguro de tu eterna espera. Ahora ya no existe esquina ni viento de la tarde, no existe tu boca abriéndose lentamente para sonreír. Existe un plato de aluminio con tres monedas opacas y un ciego que con los pies hace melodías siguiendo  los latidos de mi corazón cada vez que tus sombras me atacan.

Con el tiempo he aprendido que los escalofríos, combinan bien con el tabaco negro y con la taquicardia. Hasta ahora sigo pensando una palabra casual que decirte por si me choco contigo en la calle o al abrir una puerta cualquiera.

El ambiente siempre es insoportable cuando estás sólo y no tienes paz. Pago la cuenta y dejo mucha propina; mucha, que se den cuenta que estoy sólo por gusto. Necesito convencerme de eso yo también.

 Cada huella es como una carta ¿sabes?, las huellas se leen, se escriben con faltas ortográficas y se quedan feas e inentendibles por el resto de la historia de la humanidad. 

Hay una farmacia muy moderna al lado de un cine muy viejo. Siempre evito pasar por esa farmacia. Hace años te vi parada en la puerta de ese negocio y tu novio todo sonriente con una caja de condones. Yo te vi, te salude, y luego me fui a llorar en el primer taxi que no me preguntó a donde iba. Cuando llegué a mi destino que no era ninguno en particular, sabía que yo te quería para siempre.

Cuando paso por esa farmacia, normalmente le doy una patada al basurero de la calle y la gente piensa que estoy loco. Yo pensaría lo mismo, pero estoy pensando en tus labios y tus caderas, me siento más idiota aún y le doy otra patada al basurero, entonces, la gente entiende lo que pasa, pero yo ya no.

Tengo una imaginación demasiado fértil. Digamos que hay calles en las que me dejo de sentir miserable por el solo hecho de que está lleno de mendigos que se disputan con los perros las sobras de los restaurantes.

Todo el mundo cabe perfectamente en mis ojos. Debería sacarme los ojos con una cucharilla caliente, entonces más gente vendría a verme y dirían que soy el iluminado que todo lo ve. Yo alivio los conflictos del alma, lo hago a buen precio y con rapidez, como dicen los anuncios de los dentistas en los barrios bajos donde yo te llevaba por original y por patán.

Grave error, en cada calle estas vos: riendo, persiguiéndome, gritándome, poniéndote maniática y sobre todo llorando… y cada lágrima que cae y se suspende por la punta de tu nariz, gotea hasta el suelo y deja una marca en forma de una bailarina que se ha suicidado desde lo alto de un edificio de la esquina de la avenida 6 de agosto y Aspiazu donde están tantas gotas; tantas gotas tuyas y mías.

 A veces me paro un rato ahí para verlas. Cómo un fetichsista, como un enfermo de la cabeza, de la memoria, y cada gota tiene un cuento que contar, una camino que gotear. Yo las miro y después de pisarlas se van conmigo a casa, donde se convierten en un mar de sal, un mar de locura, de confusión. Una verdadera epilepsia de amor, pero esa palabra, esta mejor hecha para las convulsiones y las enfermedades crónicas que para un mar en el que uno se ahoga todas las noches.

En mis sueños, mientras me ves yo tengo rabia, tengo rabia del mundo, tengo rabia de vos, tengo rabia de mi; tengo rabia y tengo miedo.

Mentira, sólo tengo miedo.

Desde que me ha cambiado de casa la vida es un poco más ligera, con la excepción de que un día por romántico he tenido la estúpida idea de regalarte una ciudad, una montaña y unas doscientas canciones. Entonces, los cuartos están a salvo de tus pasos, pero las radios ya han muerto para mí. Y las ventanas viven clausuradas y cada día me vuelvo más pálido.

Yo camino mirando al suelo, encuentro un rastro de monedas que regalo de propinas en los cafés, y así me convenzo que estoy solo porque quiero.

Nunca he querido ser una farsa; sólo quería ser el hombre que se mira en las vidrieras de las tiendas, uno que se enamore de cualquier sonrisa, grande, bonita, blanca, perfecta, inocente y maliciosa. Y lo hice… sí que lo hice.

lunes, septiembre 27, 2010

Ese Edipo...


Ese Edipo que llevamos dentro.

He estado un poco extraviado; un poco perdido, ensimismado en silencios –exilios- voluntarios o en charlas que no dicen nada. A veces el mundo solamente es ruido y una sensación de vacío, difícil de explicar.

Pensé en eliminar este blog; ya estaba un poco cansado de ser el perro. Pensé muchas cosas. Hice maletas, regalé al gato, regué las flores y antes de irme, sólo me quedaba matar al perro…

Pero me dio pena; pena que terminó siendo un consuelo, porque he visto que hasta en las depresiones más grandes sigo siendo un egocéntrico, neurótico, exhibicionista y en seguida este pensamiento me ha puesto maniático. Animado por ese razonamiento, me corté el cabello; robé un gato; compré flores; arranqué las cortinas y pinté las ventanas… no obstante esto, la alegría duró poco, me enteré que un chico al cual yo conocía hace mucho tiempo, fue asesinado un fin de semana y en mala hora, me acordé que un día le ayudé a escribir un poema para una niña que le gustaba y que este poema, hizo que la conquiste y después de corto tiempo, se muden a un hotel antes de una navidad y que aunque nunca me agradeció -ni esperaba que lo haga- en adelante, mi pequeño amigo me empezó a odiar ya que la niña le hacía la vida imposible y el atribuía todas sus desdichas al poema que escribimos juntos, en pos del amor.

Me gustaría decir que es lo más irracional que he visto y escuchado en mi vida, pero bueno, el chico tenía una vida difícil en las calles, con drogas, violencia y esos asuntos que a uno lo dejan con la idea de que el mundo a veces es el sueño más sangriento de Dios, aunque sé que tal vez hay  cosas peores, y después, uno escribe esto, desde el confort de su locura, bien caliente en su cama, pensando en las amplias posibilidades de la cena que se aproxima y te sientes un ser desalmado, vacío, burdo… Yo escojo martirizarme y deprimirme, y así, ya puedo sentirme satisfecho de que se sospeche que soy maniaco depresivo o por lo menos ciclotímico, o mejor aún, un simple imbécil.

Un imbécil que, una mañana, se levantó y escribió un artículo triste. Y después tuvo sus quince minutos de fama y de gloria.

Hoy vuelvo a lo de siempre ¿Qué por cuánto tiempo más? No sé... posiblemente hasta que me vuelva a agarrar otra de estas crisis.

Ahora sí: El Edipo que llevamos dentro.

“Yo quiero a mi mamá” esta es una frase universalmente repudiada por miles o quizá millones de esposas, novias y amantes del género masculino en general que pueblan el planeta tierra y que reflejan la incestuosa inestabilidad a las que sus relaciones con los hombres se ven sometidas.

“Yo amo a mi mamá” casi tanto como también algunas veces la he detestado. No es que haya decidido hablar de ella porque no queden más temas, de hecho, podría contar las historias fantásticas del club de la obesidad y como es que me he convertido en el hazmerreir de las gordas del Spinning y como nos coqueteamos mientras sudamos juntos nuestras penas; pero ese es otro tema. 

Esta mañana me he dado cuenta que con la vieja nos conocemos realmente poco. He llegado a esta conclusión porque sólo en una bendita ciudad como La Paz, dos millones de personas se lanzan embrutecidas a las calles en pos de un minibús o un taxi a las 8 de la mañana y uno se encuentra por azares de la vida con su progenitora, sentadita ahí, en el asiento trasero del taxi  aferrada a su cartera pintándose la boca en el retrovisor.

Yo a mi vieja le he dejado de decir “Mami”  después del sopapo que me ha metido cuando se ha enterado que mi amigo Leo, se ha hecho pasar por mi hermano y  me he sacado del colegio  diciendo que a mi viejo lo ha atropellado el micro 136 en el stadium por borracho. Bueno, en realidad, a mi viejo le han plantado un balazo en la cabeza en un taxi en Cochabamba ocho años antes de ese día y por ese entonces mi único hermano tenía un año.

La vieja tenía sobradas razones para enfurecerse: hace unos días la policía me había llevado a su oficina por el asunto de romperle la cabeza a un pelado. Un par de semanas antes  llegué cayéndome de borracho y con tres hojas de la carpeta de física en el bolsillo y después le llegó la boleta de calificaciones: tenía once aplazos.

Esta vez mis cuates me habían sacado del colegio para vaguear y bailar Rap.

La pobre ya no podía más; me pegó un megasopapo que retumbó en los confines del colegio y espanto a las palomas del techo de la dirección que se echaron a volar despavoridas al aciago horizonte de Miraflores ese día de 1993.

Yo sangré; sangré a raudales, y por orgulloso –en realidad por estúpido- no me tapé la nariz, ni la boca, así que ante la preocupación e indignación de la Directora que miraba con lástima su alfombra, salí de la dirección exhibiendo mi sangrante humanidad por todo el colegio, recogí mi mochila y me fui a mi casa.  Desde ese día, a mi mamá le digo por su nombre: Mary.

Pobre mi vieja, casi la vuelvo loca de tantos disgustos.

Bueno, mi egocentrismo me estaba haciendo hablar otra vez de mi y casi cuento otra historia por explicar la razón por la cual al subir al taxi, le dije: “Hola Mary” en vez de “hola Mami” 

Ella me dice Negro desde que he nacido hasta hace un par de horas que he hablado con ella. Después de llamarnos la atención severamente –ambos- por subir a taxis inseguros (truchos) en seguida nos estábamos poniéndonos al corriente de los sueños. Ni a mi madre ni a mí nos gusta admitir que somos un poco metafísicos con eso de los sueños. Para mí está claro que esta es una herencia de mi madre y para ella es algo que le angustia, porque sus sueños le dicen el futuro con una precisión que asusta.

Estábamos todo contentos en el taxi, mirando la gente pasar y hablando de lo que sería bueno cocinar para el cumpleaños de mi hermano, ¡cuando zas! Otra coincidencia: escucho la voz de una amable excolega de trabajo que se sube al mismo taxi –estas maravillas se dan sólo en La Paz repito- y después de los zalameros saludos de rigor, empieza a decirme cuanto le gustó cierto artículo que había escrito hace poco sobre chicos de la calle. Bueno, como esta colega es tan sensible, generosa y buena persona, empezó a exaltarse con los elogios y casi, casi, se pone a llorar por la situación jodida que atraviesan los chicos de la calle.

Me siento raro cuando me endulzan tanto la oreja.  Es una situación difícil para alguien que no está acostumbrado a tanta palabra almibarada sobre lo que uno escribe, así que me puse un poco incomodo y en vez de seguir ruta, me bajé con la Mary  que traía tal cara de sorpresa, como si le hubiesen cambiado de hijo en el camino.

La cosa es que la Mary pregunta de qué artículo está hablando esa loca: le he explicado, mas así y todo no salía de su asombro. En realidad, me ha preguntado: ¿desde cuándo escribes artículos? Y le he dicho que no era tanto un artículo sino una crónica, una puteada o algo así.

Bueno, mi madre, infinitamente bella, hermosa e inocente, me ha mirado y me ha dicho que no haga cosas de las cuales no me voy a poder beneficiar. Yo le entiendo, mi mamá se preocupa por la plata porque ha sufrido mucho por no tenerla. Ha tenido suficiente con que estudie psicología: ella quería que sea auditor, igual que su jefe. Le he dado el artículo que he escrito y le he dicho que algún día voy a publicar un libro, bueno, eso se lo dije como una esperanza. Mi mamá se ha quedado en silencio, preocupada. Tiene razón, los libros ya no se venden tan bien.

Camino con ella, le digo Mary y ella me toma del  brazo. En los restaurantes le recomiendo que pedir. Ella se alegra y se conforma con poco. Siempre está feliz de estar conmigo. Sé que no entiende la vida que he escogido; tal vez esperaba que ya tenga una esposa y wawas. A veces le preocupo y le doy tristeza. Sobre todo cuando se sueña conmigo, me llama varias veces para saber cómo estoy.

A veces, me gustaría que las cosas sean más fáciles y que ella decida por mí. Pero tenemos que vivir nuestros propios sueños, es nuestro deber de hijos ¿no?

Y hablando, hablando de sueños, siempre de sueños, me pregunto: ¿Dónde me he perdido? Dónde te habrás ido chango, dónde...

viernes, agosto 20, 2010

Mirar

No vale la pena mirar el fuego así

maldiciendo el horizonte que se incendia.

Hoy arden sin misericordia los bailes, las máscaras, los arlequines y las muchedumbres que arrecian los abismos donde ya no queda espacio para ningún ciudadano del dolor.

Arden mis alegrías en la modestia de este callejón a trasluz donde solía esperarte,

y arden sin cesar mis reinos de mentira.

Se consumen en sí mismas las palabras de amor que sin ser humo se elevan a los cielos

Yéndose a lejanos países que son pura oscuridad y silencio


No vale la pena mirar el fuego así.

Entre arrullos y herejías,


Al fuego, a ese fuego,

no vale la pena mirarlo así.

conozco tantos dioses que desde acantilados inexpugnables me llaman y me dicen

antes de mirarlo así, aprende a contemplar

aprende a crear verbos de arena,

para que después de nombrarlos, sean fácilmente borrados por las tempestades del invierno

aprende a quedarte sólo con la orfandad de su orgullo,


Del incendio que contemplo,

quedo yo

de las cenizas que respiro quedo yo

Con la boca cerrada

y algunas veces también,

con los ojos marchitados y la lengua podrida.

De todo ese fuego, quedo yo

No vale la pena mirarlo así.

jueves, agosto 12, 2010

Un infinito

Eran dos gordos que se querían con locura, es verdad, pero cómo nada es completamente “tan así”, cómo que uno pueda vagar por el mundo queriéndose impunemente y a tientas, ese cariño le molestaba a las esbeltidades, que eran unas diosas odiosas que creaban la bruma del invierno en las carreteras montañosas y la espuma de los mares en el que los suicidas depresivos se diluían hasta volverse burbujas miserables que nunca alzaban vuelo. Eran unas diosas envidiosas, eso también es verdad, pero no sólo eso, sino que también hacían alardes de importancia creyéndose las madres putativas de los fantasmas y de algunas estrellas de rock. Aunque ellas –las diosas- acechaban a los enamorados con sus soplidos polares de noche y de día, ellos –los gordos- se fascinaban por la escarcha que se le pegaba a las penas los días de solsticio. Al no ser jactanciosos y sin sentirse mejor por ello, prendían y soplaban velas a todos los santos que olvidaba la heroicidad del santoral, congratulándose por conocer aquellos actos mágicos a través de los cuales derretían el hielo que habitaba en lo profundo de las retinas de los indolentes, liberando de esta manera recuerdos, olores, dolores, miasmas, arrebatos, conjeturas, elucubraciones y divagaciones. Todo esto lo hacían con gran algarabía y júbilo, y algunas veces, también al revés.

Eran dos gordos que se amaban; bueno eso dicen los flacos. No es muy romántico, yo sé. No es muy saludable, eso también lo sé. Hay amores que conducen directo a la muerte. O conducen al rincón olvidado de una casa en ruinas que está en el casco viejo donde antes vivía una sombra sempiternamente opaca… que en las mañanas se moría de frío, en las tardes de aburrimiento, en las noches de soledad y en las madrugadas de insomnio. Pobre sombra; tanto morir de todo y nada y no morir de calor, vergüenza o alegría por escuchar a alguien que le diga que está muy guapa, muy hermosa y apetecible, y que se la quisiera llevar a “pasear” y emborracharse con vino bajo el frondoso árbol de una pradera solitaria en el país de los ciegos y los sordos, donde además el jazz es gratis. Los gordos aman el país de los ciegos y los sordos, pero tienen reparos cuando llegan las vacaciones y se consiguen cupones que se pueden canjear por pasajes y hotel pagado al país de los mudos. Es que el mar del silencio es tan hermoso y gris en el país de los mudos, que la paz se vuelve algo indescriptible y peligroso, porque uno se queda mirando y escuchando la nada y de pronto las palabras dejan de existir; no hay nada que decir, uno enloquece de felicidad volviéndose mudo y sabio, aunque ya nada pueda decir ni contar sobre lo mucho que sabe o le escuece la espalda.

A pesar de tener hambre de luz y calor, los gordos pensaban en la sombra. Pensaban –y eso que se les atribuía un limitado intelecto- que bien podrían vender la máquina de hacer abdominales que adquirieron una época aciaga y triste que ya no querían recordar; con la cantidad de gente triste que existe, venderían la máquina en un santiamén y comprarían luego un espejo donde haya un esplendoroso sol del oriente que sea húmedo y hablador, que una vez sacado del papel celofán en el que pensaban envolverlo, la sombra se asombre tanto que se vuelva claridad sin necesidad de usar la luminosa sabiduría de los rayos de ese sol.

Pero ahora, lo malo es que los gordos sabían que cualquier luz haría otra sombra, por que las luces son muy torpes y alumbran cosas que no deberían salir a la luz o afean la realidad mostrándola escuálida y arrugada como una viejita que todos buscan y luego abandonan. No hay luz que pueda salvar a la sombra. Entonces cada sombra estaba condenada a la espiral, que si bien era buena gente o buena forma como quiera llamársela, un mal día de primavera, contenta por haber inventado el helado instantáneo de crema de vainilla, se prestó sin quererlo al juego favorito de las arañas bibliotecarias, que es tejer embrollos filosóficos en los que caen incautos insectos de cabezas grandes y ojos pequeños.

Los gordos no sienten pena por los incautos insectos de cabezas grandes y ojos pequeños. Más bien dicho: sienten otra clase de pena por los incautos insectos de cabezas grandes y ojos pequeños. Sienten una pena que es prima de la resignación y la impotencia que es como se sienten los que sin saber gritar ni beber, ven hombres ahogándose en vasos de agua. Pobre de ellos, siempre con el miedo a la ignorancia. Todo el día buscando embrollos y rollos que les espanten la ignorancia, buscando la luz en los libros; la iluminación en complejas fórmulas astrales y por eso mismo acaban atrapados en espirales, que si bien son buenas gentes o formas, no dejan de ser circulares y eternas.

Pobre de ellos: los que buscan la sabiduría caen hipnotizados, redonditos, ligeros y piensan que su caída en la sabiduría es eterna. No saben que la sabiduría es una piedrita que se patea en la peregrinación y el sufrimiento; no saben que la primera quimera es haber trocado la ilusión por el saber. Pobre de ellos, dicen los gordos, mientras ven como los incautos insectos de cabezas grandes y ojos pequeños, vagan circularmente por los confines del cosmos, pero eso sí, con honda cara de satisfacción y sufrida postura existencial que suelen ilustrar en las biografías que engrosan el papel donde alimentan su insaciable ego. Por eso y sólo por eso, los gordos no sienten pena de los incautos insectos de cabezas grandes y ojos pequeños, que no saben que la sabiduría es una piedrita; una piedrita en el zapato o que se patea en la peregrinación y el sufrimiento.

Sufrimiento como el de los gordos que son pura boca y malbaratan la oportunidad de ser apreciados a cambio de convertirse en fantoches y caricaturas que son objeto de burla de gente cruel y alienada, eso también es verdad a pesar de que eso, precisamente lo digan los flacos, que como todos saben, sufren de abandono y prefieren contarse las costillas ya que no consiguen dormir y los pobres miserables no pueden contar ovejas por miedo al colesterol… sino que cuentan gordos que se aman, que son dos. Si, eran dos gordos que se querían con locura, es verdad, pero cómo nada es completamente “tan así”, cómo que uno pueda vagar por el mundo queriéndose impunemente y a tientas, ese cariño le molestaba a las esbeltidades, que eran unas diosas odiosas que creaban la bruma del invierno en las carreteras montañosas y la espuma de los mares en el que los suicidas depresivos se diluían hasta volverse burbujas miserables que nunca alzaban vuelo Eran unas diosas envidiosas, eso también es verdad, pero no sólo eso, sino que también hacían alardes de importancia creyéndose las madres putativas de los fantasmas y de algunas estrellas de rock. Aunque ellas –las diosas- acechaban a los enamorados con sus soplidos polares de noche y de día, ellos –los gordos- se fascinaban por la escarcha que se le pegaba a las penas los días de solsticio. Al no ser jactanciosos y sin sentirse mejor por ello, prendían y soplaban velas a todos los santos que olvidaba la heroicidad del santoral, congratulándose por conocer aquellos actos mágicos a través de los cuales derretían el hielo que habitaba en lo profundo de las retinas de los indolentes, liberando de esta manera recuerdos, olores, dolores, miasmas, arrebatos, conjeturas, elucubraciones y divagaciones. Todo esto lo hacían con gran algarabía y júbilo, y algunas veces, también al revés.

miércoles, agosto 04, 2010

Llamado de atención




El lunes 9 a las 9, por escurridizos mandatos del azar, se reúne el consejo URBANDINO en pleno.
Estáis invitados a honrarnos con vuestra presencia; traed ese miserable despojo de huesos, corbatas y tacones que la desdeñosa oficina o el famélico negocio deja como un escupitajo flemoso en la silla donde horas ha, yacía un hombre o una mujer con esperanzas de que la realidad de esas cuatro paredes, sea más que un "gracias María" o un "¿ya están esos papeles juan?". Un lugar donde la palabra cobre vida y la vida sea palabra.
¡Entonces que esperan!
Venid al reino de la palabra,
Venid a la pura sed de la lengua y la oreja.
Venid a vengaros de los desdeñosos barrotes de nuestra cárcel ficticia en la que habita lúgubre nuestra voluntad.
Venid a liquidar la tediosa rutina en la que consumimos nuestra miserable existencia
Venid -de una puta vez- a acribillar la puñetera cotidianidad.
Y cuando satisfechos abandonéis el venerable recinto, no olvidéis que:
El que siembra vientos, cosecha flatulencias.
Ahí nos vemos.

viernes, junio 25, 2010

Cambios...


He empezado a escribir este blog en octubre del 2006 motivado por varias razones, una de ellas la muerte de mi padre ocurrida en diciembre de 1986. Otra razón fue el simple deseo de compartir artículos viejos de prensa. Estos dos hechos están fortuitamente relacionados entre sí.

A veces tenemos que ajustar cuentas con el pasado; con nuestros monstruos interiores; con los egos distímicos y los acomplejados muros del super yo para intentar vivir sin tanto desespero y con melancolías relativamente llevaderas. Otros le llaman puro afán de exhibicionismo, egocentrismo y otros “Ismos” que conjugan bien con ese “nomeimportISMO” que trato de cultivar en cuanto a lo que escribo en mi blog, que es el único lugar propio que tengo.

Los hechos: un día de septiembre del año 2006, desempleado, con el bolsillo apolillado y miles de penas agujereándome el alma, o podría ser con el bolsillo agujereado y con miles de penas apolillándose en el alma, tomé los últimos cinco bolivianos del mes y me fui a la famosa hemeroteca municipal de la que siempre hablo.

Después de limpiar el sudor de mis manos en el pantalón, llené la ficha indicando fecha y nombre del periódico solicitado. Dudé si dar mi nombre verdadero o el de las otras tres identificaciones que cargo. Después de decidirme a usar el verdadero, escribí en los espacios correspondientes: El diario, diciembre 1987

El dia 24 de diciembre el periódico estaba atestado de anuncios navideños y otros Allí estaban los anuncios de Tasa; del cine Monje Campero que anunciaba la película de la tiendita de los horrores; del club “Jet Set” y su show de variedades; los anuncios de jaboncillo English Lavander y ninguna noticia de la muerte de mi viejo.

Recién la noticia fue editada en el periódico Última Hora que sacaba su edición por las tardes. Es obvio que no es fácil para nadie ver una noticia así de sangrienta, mentirosa y desagradecida…

Desde ese día, en medio de la depresión y el alcoholismo del desempleado, empezé a frecuentar la hemeroteca y la biblioteca Municipal. Un poco después, por accidente leí en el blog del “Grillo Villeras” un post sobre un viaje a Oruro que tuvo la banda del Brillo, un post gracioso, que digo gracioso: un cago de risa. Lamentablemente el blog del Brillo ahora está reservado a sus seguidores, supongo, o por lo menos a los que no lo putean y le preguntan huevadas que es lo más divertido de ese blog. En fin, averiguando como funciona un blog y otras cosillas más, he decidido publicar las cosas chistosas que encontraba en los periódicos y añadir un comentario al final del post. Lindos tiempos…

De esta manera he conocido a los blogueros que éramos una juntucha de tip@s que escribían sus blogs de diferente índole y los cuales nos hicimos amigos porque hacíamos “reuniones” de bloggeros que terminaban siendo chupas no más. Ahí he conocido a grandes amigos como el Estides, la Claribel, el Alexis, La Vania y otros que ya conocía que eran bloggers como el Oso, el Rones o el Poli. En fin, ahora me han invitado a escribir en URBANDINA, pero ya para hacerlo como un ejercicio que implica cierta disciplina, oportunidad por la cual me siento agradecido.

Había pensado en cerrar el blog, pero ya después de tanto tiempo, y con alguna gente que me conoce más por perro que por mi nombre, debo admitir que me ha dado pena hacerlo. Creo que tengo más cosas que decir, muchas más. Si lo hago bien o si lo hago mal, importará en la medida que me ayude a sentirme bien con mis recuerdos y con lo que tenga que decir.

Voy a escribir en Urbandina y aquí, en la morada del perrorabioso, siempre habrá algo que ladrar.

Saludos.

viernes, abril 23, 2010

Un país de mentiritas

La escuela, debe ser de las peores desgracias que le toca a uno vivir a lo largo de la historia de su humanidad, porque es en la escuela, y en realidad, en todo el sistema educativo donde se uniformizan los pensamientos y se alcanza la anhelada conformidad que hace juego con el orden, la paz y el progreso que toda sociedad “civilizada” se jacta de tener.

Hace ya mucho tiempo, antes de que el empuje del viento andino –céntrico- traiga el bendito “proceso de cambio” a nuestras puertas y mucho antes de que algunos –insignificantes- avances en los campos educativos de la sociedad Boliviana nos hayan mostrado, más por la fuerza mediática que por una reforma educativa, que vivimos en un país de mentiritas, ya se hablaban y se practicaban cuestiones tales como el racismo, la homofobia, el machismo, la inequidad, la xenofobia, la corrupción y otras tantas perlas en las que se encuentra enterrada la sociedad boliviana. Hasta aquí ninguna novedad.

Veamos algunas cosas a las que suele enfrentarse un boliviano “promedio” a lo largo de su existencia. Me voy a poner indiscriminadamente como un ejemplo de promedio ya que no tengo intención de justificar “científicamente” el término “promedio” ni como este ha sido elegido; además creo que soy la única persona que conozco relativamente bien y de la que puedo hablar y ejemplificar libremente sin sentirme ofendido y si en caso contrario este ejercicio me ayudaría a mirarme en un espejo al que le huyo tantas veces, será para saber que hay defectos que pueden ser superados al descubrirse. No tengo intención, ni quisiera llegar a hacer una autobiografía, que además de aburrida, sería bastante arrogante o petulante. Así es que voy a desarrollar los puntos de interés que se consideran álgidos ahora en este preciso instante y aprovechando que el presidente Evo Morales ha abierto, voluntaria o involuntariamente, un debate sobre estos temitas.

Sobre el Racismo: No vale la pena desarrollar un concepto -uno de los varios- que existe en torno al racismo, ya que la gente tiene una idea aproximada de lo que representa este fenómeno y forma de doctrina social. A ver empecemos por la escuela, ya que la familia es un tema que da para unas mil páginas: en Bolivia, en La Paz específicamente, han existido desde siempre dos clases de escuelas: Las fiscales (del gobierno) y las particulares (su nombre ya lo dice) Cuando yo era niño fui a una escuela fiscal de varones por 5 años, la escuela república de México. Usábamos el uniforme que todas las escuelas fiscales usaban: Mandil blanco, camisa blanca, pantalón azul, zapatos negros, corbata azul e insignia del colegio. Esta escuela, aún perdura en su lugar original a escasas tres cuadras de la Plaza Murillo, donde sobra decir que esta el congreso –hoy asamblea legislativa plurinacional- y el Palacio de Gobierno. Es común que cada principio de gestión se entregue una extensa lista de útiles escolares, los cuales debían ser adquiridos por los padres de forma incondicional. En ese entonces, la lista la encabezaba el libro de lectura “Coquito” libro obligatorio para el sistema educativo boliviano con el que los niños aprendíamos a leer. Viéndolo a distancia encontramos en este libro cosas bastante interesantes: los niños bolivianos somos “blanquitos” no gringos, pero si blancos y chaposos igual que nuestros papás; celebramos los cumpleaños con pasteles y regalos, recordamos el día mar además del día de la patria con civismo y amor. Pero al mismo tiempo ya empiezan a aparecer algunos problemas. Hay algunos poemitas que… bueno, uno de ellos se llama por ejemplo “Niño Indio” y entonces resulta que aparte de los niños “blancos” de las ciudades, existen seres “tesoneros” que trabajan por el bien del país, ayudan a sus papás a cargar las papas a la ciudad y que viven en la altiplanicie rodeada de majestuosas montañas, tocan melancólicamente sus quenas y pinquillos y por los cuales hay que sentir respeto, admiración y que además, nosotros –los niños de las ciudades- tenemos que estudiar para no ser igual de “miserables” que ellos. Este paternalismo racista, con sus pequeñas variaciones es lo que don Alcides Arguedas escribía en su libro Pueblo Enfermo. “Trozos de carne animada que gruñen y huelen mal” o “Seres capaces de caminar distancias inverosímiles” Este es sólo un ejemplo que suele repetirse en los libros oficiales de lectura Flores, Alma de niño, Primeras Luces, Coquito, etc; libros adoptados por el sistema educativo del gobierno.

¿Cuales eran los insultos graves para un chico de un colegio fiscal? Indio de mierda y T´ara. En los círculos externos, al traidor a la patria le decían Chileno y en el ejercito el momento de la práctica de tiro se gritaba cuando se daba al blanco: “un chileno, dos chilenos, tres chilenos, etc” Eso, sin contar que para el ciudadano y joven boliviano promedio, hacer el servicio militar obligatorio (antes de que la lucrativa aparición del sistema premilitar se vuelva una imitación nacional de G I JOE), era una práctica reservadas para los campesinos, que en cambio, veían al servicio militar como la integración a una nacionalidad y ciudadanía que si bien tenían –objetivamente- en los papeles, era inexistente en la práctica de la integración, aceptación o reproducción de los sistemas sociales culturales bolivianos. Entonces, aparte de asumir un Racismo y una Xenofobia académica, compramos todo el paquete, exaltándonos como víctimas de la historia, de nuestros vicios y de nuestra ineptitud, teniendo además la cobarde actitud de echar mano de lo “indígena” cuando necesitamos apuntalar una identidad nacional externa que sea buena bonita y “orgánica” ante los ojos de la comunidad extranjera. ¿Qué quiere decir esto? Que cuando vienen gringos a la ciudad nos damos cuenta de la belleza de los textiles andinos; de su sana, natural y nutritiva alimentación; de las sabias conclusiones de su cosmovisión, de su sufrimiento y opresión, de los 500 años, de la resistencia. Entonces en medio de fiebres folklóricas bailamos morenadas, kullawadas y todo el programa del Gran Poder; le dejamos de decir “hija” a la Casera, le dejamos de decir “casera” a la señora que vende, nos damos algunas vueltas por las tiendas orgánico naturales Irupana, vibramos con los Kjarkas y metiendo satisfactoriamente las manos en los bolsillos, sentimos la deuda saldada. ¿Racismo? ¿Cómo estamos en casa? Bien, se han ido los gringos y la chola está lavando los vasos.

Una vez cuando vivía en el barrio gráfico, un barrio de casas bonitas a un costado de Villa Fátima, estaba jugando al futbol con otros rapaces de mi edad, cuando de repente un grandote en un intento desesperado de meter un gol, le dio tal puntapié que esta se fue hasta el puente que estaba cerca de la cancha, desde donde rebotó hasta el rio que era el límite con otro barrio que en ese entonces no sé que nombre tenía pero que hoy es parte de Villa Copacabana. La cosa es que ese barrio era de casuchas que daban lástima: de adobe y calamina y tenían una sola pila pública donde un montón de personas hacían filas para recibir agua en unos baldes agujeros y desvencijados. El grandote no se animaba a cruzar el puente para recoger la pelota. Ante la insistencia de todos, sólo atinó a rascarse la cabeza y dijo con voz titubeante: “Me da miedo… es que allá viven los aymaras…” entonces ni qué decir que salimos rajando y dejando un rastro de polvareda tras nuestra huida; claro, en ese entonces teníamos la mente envenenada con las películas de indios y vaqueros donde los indios se comen a los pobres vaqueros, eso no sin antes arrancarles el cuero cabelludo. Eso y las poesías “proindias” de los libros de lectura que nos hacían creer que lo indígena era lo salvaje, sucio, feo, etc, la cosa nos quedaba realmente clara. Ahora que lo veo en la distancia es chistoso, y más porque la Catalina, la tendera de la esquina era una chola gorda y bonachona que nos regalaba nucitas que nosotros aceptábamos de mil amores. La Catalina era una chola aymara igual que la abuela del grandote y que la abuela de mi padrastro que cocinaba como los dioses… aymaras.

La sorpresa llegó algunos años después, más de uno de nosotros tenía algo que ver con los indígenas, a decir verdad, casi todos éramos mestizos indígenas excepto el Soruyo que era negro y el Takesi que era japonés. Pero eso no lo supimos una mañana al despertarnos, sino, cuando lo estético era importante en nuestra adolescencia y claro, los chicos del libro de lectura habían crecido, engordado y ennegrecido y los otros nos decían: Indios. Y lo más chistoso de todo, nosotros, también les decíamos Indios a otros indios.

Algunos apuntitos sobre la Xenofobia: Por esas mismas épocas, mediados de los años 80, los cuadernos cuadriculados de escritura tenían en la tapa un tenebrosamente fantasmal soldado de la guerra del pacífico debajo del cual rezaba la siguiente frase: “El Litoral cautivo es nuestro, Recuperarlo es un deber. ¡Muerte al usurpador! Lo mismo se leía en letras rojas en cada hoja del cuaderno de cien páginas.

Pregunta de Estudios Sociales ¿Quién es el Usurpador? Respuesta: Chile y los chilenos que nos han robado el mar. Respuesta típica de los niños bolivianos. Alguna vez, algunos profesores honestos aumentan lo siguiente: los chilenos que nos han robado el mar mientras el presidente Daza chupaba en Carnavales. Lo cierto es que todos chupaban en carnavales y en cada uno de los tres países involucrados y que hay verdades y posiciones que se defienden a ultranza. Pero estamos hablando de los pelados bolivianos. Bueno la cosa empeora cuando toca recitar en la hora cívica del 23 de marzo (el día del mar) donde una niña - en nuestro caso nos prestaban niñas de la escuela de niñas Natalia Palacios - tenían que representar el mar cautivo; entonces, vestida de blanco con unas cadenas rotas en las manos, el departamento del Litoral cautivo saltaba llorando al escenario –obviamente- su cautiverio, mientras que el mejor alumno de quinto básico hacía las veces de Eduardo Abaroa, luciendo negro bigote pintado con carbón y con fusil de palo de escoba, realizaba exaltadas promesas de venganza y liberación. Los malos alumnos se disfrazaban de soldado chilenos y eran abatidos por los Colorados de Bolivia ante la multitud de padres de familia, docentes y alumnos que rugían cual circo romano ante el artificialmente sangriento espectáculo.

Conclusiones.

Las conclusiones que se sacan cuando uno es un chiquitín son las siguientes: Debo estudiar para no ser igual que los indios. Debo estudiar para que el país se llene de fábricas y sea rico, con lo que consecuentemente podrá comprar armas para matar a los chilenos y recuperar Antofagasta. Debo estudiar en vez de chupar para que los malos vecinos nos dejen de arrebatar territorio. Todo esto era lo que nosotros creíamos y digo creíamos porque ha sido parte de más de un sueño de la infancia compartido por otros niños amigos míos.

Pero la gente no tiene la culpa, eso que quede claro. Si tenemos que echarle la culpa a alguien, siempre está a la mano el sistema y el sistema no lo hacemos nosotros ¿no ve?.

Nosotros sólo somos los pobres diablos que vivimos a merced de los bancos, las deudas, los deseos que crean ficciones de necesidades que crean otras necesidades que a su vez crean otros deseos que necesitan ser satisfecho y que… necesitan necesidad, nada más. No, no tenemos la culpa, cuando llegamos las cosas ya estaba así, rotas. Nosotros somos los burros persiguiendo la zanahoria que tiene atada en un palo el carretero que seguramente es algún siniestro intelectual que debajo de sus títulos y sus reconocimientos, se frota las manos satisfecho en algún despacho de algún edificio de alguna gran ciudad del planeta mientras suelta una carcajada como el mismísimo demonio.

Resta hablar de nuestro xenofobia con los peruanos, resta hablar de nuestra pretendida bondad y baja autoestima social, de la homofobia generalidad entre hombres y mujeres, de la corrupción general del boliviano, pero como ya he despotricado mucho y necesito irme, voy a dejar eso para la próxima publicación.

domingo, abril 04, 2010

Otro crimen quedará...

Entre la cárcel y la hemeroteca municipal, la gente parece la misma de siempre, los mismos estudiantes del colegio israelita a punto de hacerse atropellar por los minibuses que huyen del prado. Los mismos evangelistas de la sociedad bíblica captando almas al azar.

La misma puerta destrozada del Sauna. La misma tienda y las mismas arrugas en la cara de la tendera de la calle Otero de La Vega. 
Las mismas estampitas de primera comunión decolorándose en el estante de esa imprenta que tiene una maquina que todo el día silva y silva.

Las mismas misteriosas botellas de pisco en esa importadora de repuestos de autos.

Todo es por nada. Me repito compulsivamente.

Todo es por nada. Ni los ojos de los viejos drogadictos que pululan por la plaza de San Pedro.

Todo es por nada. Nada de nada.

-¿investigador? ¡donde esta su credencial! ¿investigador de donde?

-estoy escribiendo un libro sobre pandillas.

-¿para quién pues?

-¿Pa la sociedad pues oficial?

-¿y con quién vas a hablar?

-con el que ayer ha salido en el telepolicial

- ¿con el del cuchillo o el de la pistola?

- ¿ehh? no, no... con el del incendio y la cuerda, con el que le ha prendido fuego a su amigo

- ese es el que la ha cortado el cuello y después le ha prendido fuego

-¿no es que le ha dado candela primero y después lo ha intentado trozar?

-no, se ha despertado -la víctima- y lo ha visto durmiendo -al victimador- y se le ha ocurrido -en mal momento- cortarle el cabello y pensando que era muy chistoso, se ha vuelto a dormir.

- y?

- y que el otro se ha despertado y se ha visto sin cabello y al otro sonso durmiendo abrazado de unas tijeras. Entonces -el victimador- se enoja grave, agarra un cuchillo y le corta el cuello -a la víctima- igualito que a una gallina, después seguro se pone nervioso, y estaba queriendo deshacerse del cuerpo, entonces saca el cuerpo al patio y le prende fuego con una botella de alcohol... con la misma que estaban chupando a ver el animal. Después lo arrastra hasta la puerta de la calle y lo deja votado ahí a unos metros de la puerta de calle... su cabello todavía estaba encendido como una vela de cumpleaños

- ¿Ahí es donde lo han arrestado?

- no, en la mañana la gente ha reportado un cadáver que no sabía como se llamaba... bueno, la gente no sabía pues, ni modo que el cadaver ¿no ve? la cosa es que estos ya habían sido unos pandilleros conocidos: "Los Mala Ganitas" así se hacían llamar, y ya estaba metidos en cosas graves, vendían drogas, se entraban a casas y esas cosas. Presumiblemente lo estaban bautizando al chango este que le han dado chicharrón. Que grave che, bautizo y funeral ajajajajajaja esteee y... ¿que cosa estabas queriendo?

- hablar con los chicos, porque estoy haciendo una investigación sobre pandillas y...
- ¿detective eres?
-no, pero...
-difícil hermanito, tienes que mandar una carta a la posta, al gobernador, al alcaide, al viceministerio de régimen penitenciario, al coso, al este, allll... uta che como se llama, a si a derechos humanos y, ¿pa quién has dicho que es la investigación?
-pa  la sociedad ofi
- de esa más traete carta, ya, ahora permisito, tiene que pasar la gente

Bueno, ya me habían advertido que hacer "investigación social" tenía sus gajes y sus cosas.
Me compro un relleno de papa. Me siento en un banco de la plaza para tomar sol y saco mi libreta de apuntes, escribo: "Los Mala Ganitas" Villa Armonia 1992-2009 ¿? serán sus hijos, sus hermanitos menores, se habrán afanao el nombre de la pandilla.
Pienso en todos los factores que alguna vez me habrían conducido a esa misma cárcel. Estoy mejor tomando el sol afuera que tomando sombra adentro.
Es mejor así. En que terminará el famoso libro de "Historia de las pandillas de La Paz! en que terminará.
Pero la cosa es que en invierno de todo y de nada uno se deprime y ya luego no le dan ganas de nada, más de acordarse de las barbaridades que uno hacía.
Abro la libreta y escribo: La Raza 1996 - ????
Enfilo el camino hacia la Hemeroteca Municipal, vamos a empezar a ordenar los recuerdos por casa.

sábado, marzo 20, 2010

El fanático


La vista de la ciudad desde la altura de Pampahasi siempre es triste, no tanto porque desde allí nunca se podrá mirar el Illimani y sentir esperanza por los que vendrán y ternura por los que ya casi se van, sino porque en el horizonte, en la ladera que sube hasta El Alto, se encuentra omnipresente eso que los viejos paceños llamaban “la cuesta que un día todos vamos a subir”: el camino al Cementerio General de La Paz.

Las luces se encienden de una en una a eso de las seis, cuando el sol se va al mar allá en el Pacífico y cuando ya todo es oscuridad y las montañas que nos protegen desaparecen de todas las visiones desnudando las debilidades de nuestro espíritu. Entonces, cada luz nos recuerda un día y cada día una persona, y cada persona nos suspende el aire, nos cristaliza los ojos, nos anuda la garganta, silencia las risas, asesina las intenciones de las palabras: a veces su recuerdo nos hace llorar.

Es entonces cuando quedamos solos con el viento helado de la noche y la lagrima congelada. Con el recuerdo paralizado y las piernas adormecidas.

Yo soñé que el Fernando “Jakonta” Rojas, tocaba un tango a ratos medio triste y a ratos medio alegre en el acordeón. Soñé que me enseñaba sus secretos… que me susurraba en la oreja la historia del chuflay, de los muertos que viven en los edificios del centro y de las grandiosas peceras de los ricos. Soñé que su espeso bigote rejuvenecía mágicamente y que su cuerpo se recomponía. Soñé que como en esos años cuando trabajábamos en un bar de por ahí, vestíamos de blanco, y teníamos lista las bandejas para atender a los invitados. Soñé que bailábamos completamente borrachos y que ninguna alegría nos alcanzaba.

En la madrugada, al cerrar el bar, contaba sus monedas y encendía un cigarrillo, metía las manos en los bolsillos de la chaqueta y empezaba a contar todas las historias del mundo. Caminábamos hasta el mercado Yungas, a veces apoyados en las paredes, a veces dando dos pasos atrás y uno adelante, a veces gritando alguna canción u otras amargamente callados. Nuestro destino: el comedor del Mercado Yungas; la cuna de las historias de la guerra del chaco y de la revolución del 52, el templo de la Jakonta y la llajwa. Viejo recinto donde todos los seres nocturnos nos volvíamos familia y nos inventábamos las glorias y las tragedias más grandes del mundo, esperando ser escuchados o consolados; el lugar donde salvábamos el mundo con divagante balbuceo y solida testarudez repartiendo carajos por aquí y por allá.

Un día, en el minibús no me quisieron cobrar pasaje: “Mi jefe dice que no le cobre joven” – ahhh ¿y quién es tu jefe pues? – don Fernando es…

En el retrovisor, sus ojos brillaban como cachinas y su bigote le daba a su risa ese tono burlón de siempre, no por nada los otros choferes le decían “Don Ramón” o directamente Monchito. Después de restregarme las últimas victorias de su equipo y de reírse de las ruinas del mío, nos despedimos con las palabras de siempre: “a ver cuando hacemos algo”

En ese entonces, Don Fernando “Jakonta” Rojas trabajaba de chofer de minibús. La última faceta de un hombre que ha sido Mecánico, Carpintero, Electricista, Plomero, Albañil, Ocasional ingeniero, Perfilador de Aluminio (el primero y el mejor según muchos) Vidriero y Fabricante de peceras; Maestro panadero, Pastelero, Carnicero, Parrillero, Mesero, Barman, Disc Jockey, Contrabandista de autos y chofer de minibús.

Conocedor, amante y sobre todo Fanático incondicional de La Paz, de los valles de Luribay, de la marraqueta, de la llajwa, de la Jakonta y el Thimpu; del Stronger, del Derby anaranjado, del chuflay, de la  cerveza Paceña, del Tango Illimani y los del Polaco Goyeneche; de Pink Floyd, de Deep Purple y las morenadas del Jacha Flores, de las motos Jawa, de escuchar chistes de curas y abogados e historias de la guerra… de mirar el camino al cementerio general desde las alturas de Pampahasi. Fanático de la vida, de la pena y el amor. Fanático del recuerdo.

Soñé que el Fernando tocaba el acordeón; un tango a ratos medio triste y ratos medio alegre y que bailábamos completamente borrachos, soñé que con la camisa blanca y el chaleco negro atendíamos una fiesta con el Leo y el Jesús y que después...me contaba sus secretos. 

Vino a despedirse de mí, lo supe después de la llamada que recibí de su sobrino esta mañana.

viernes, marzo 12, 2010

Calanchas del Extrasolterazo, Borracho estaba pero me acuerdo, Perros con laberintitis


Más por suerte que por curiosidad, indagando, buscando y webeando en la web, me encontré un programa que pensé yo, solamente servía para saber la cantidad de visitas que recibía mi blog. Lo bueno, es que también figuran los países desde donde provenían las visitas. Hasta ahí, todo bien, pero husmeando un poco más en el GEOUSER y aplacando un poco mi analfabetismo cibernético, pude constatar completamente maravillado, que no sólo se puede saber desde que países visitan el blog; también se puede saber desde que ciudad, en que hora y fecha exacta. Ya después con la práctica y después de azarosos urgueteos en todos los enlaces, caí en cuenta que en realidad soy un idiota (bondades de la tecnología), ya que de una sola vez, con un sólo click mágico, con un click de fantasía, puedo saber:

  • Home
  • Visitors
  • Url
  • Friend Sites
  • Engines
  • Keywords
  • Country
  • Language
  • Operating System
  • Browser
  • Display

¿Qué más se le puede pedir a la vida? Yo creo que aparte de unos puchos “Lucky Strike”, un fernét con coca y dos hielos, nada más.

Cuando uno pulsa el enlace Engines, aparecen todos los portales o buscadores que se han utilizado para acceder a mi blog, lo que está directamente relacionado con el enlace Keywords, que me permite conocer esas palabras mágicas que puestas por ejemplo en el Google te traen hasta mi blog.

Definitivamente, lo que más me gusta de este asunto, no es la cantidad de visitas o los países de los que proceden, son las palabras que utilizan en el vasto mundo de la red, para llegar hasta aquí, la mayoría de las veces –como puedo constatar- de forma accidental y azarosa.

Veamos algunos datos medio curiosos: Lo único malo del GEOUSER es que sólo almacena los datos de la visita por 3 meses y después de los 90 días, los datos desaparecen (o al menos eso parece, a no ser que haya otro chiche o truco para ver las visitas desde el primer día de registro) Desde que instalé esta herramienta en mi blog en enero del año pasado, hasta el momento que escribo este post, tengo 7196 visitas. En primer lugar, como no, está Bolivia 2953 visitas (la mitad de las cuales son mías seguramente), después México 996 visitas, Argentina 599 visitas y España 560 visitas, que son los países que encabezan la lista de visitantes.

La mayor cantidad de visitas por ciudades, y aquí ya se pone interesante la cosa, son:

  1. Santa Cruz de la Sierra, Bolivia (increíble pero cierto)
  2. La Paz, Bolivia (También increíble y también cierto)
  3. Cochabamba, Bolivia (En fin)

Bueno, yo tengo muchos amigos en Santa Cruz, muchos amigos y muy buenos y no sé si realmente son ellos los que entran a mi blog, yo creo que con algunas honrosas excepciones, no. Bueno, entrarán de vez en cuando pero después, analizando las otras variables ya podremos intentar alguna hipótesis o conclusiones. Bueno… las visitas de La Paz en segundo lugar, que vergüenza, aunque se entiende que ya deben estar aburridos de leer cosas que ven todos los días. Las visitas de Cochabamba de repente son de mi extensísima familia paterna o quién sabe qué.

Ahora veamos en el extranjero:

De México:

Nº 1 Aguas Calientes (¿¿ehhh??)

Nº 2 Oaxaca (¿what?)

Nº 3 Zapopan (¡plop!)

Bueno, alguna rara vez sale ciudad de México… ¿quién será el fiel lector que vive en Aguas Calientes?, desde donde hay una visita casi todos los días, utilizando el mismo Keyword: perrorabioso blog. (Saludos a la Carito)

De argentina:

Nº 1 Buenos Aires (Grande Viky!)

Nº 2 Córdoba (puro azar o la repetición de la palabra Fernet en algunos posts, los hace llegar constantemente al blog)

Nº 3 Paraná (pssss que se sho!)

De España

Nº 1 Barcelona (¿¿Marta, eres vos??)

Nº 2 Madrid (las fans del Tirso Puig de la Bella Casa, bombardean mi blog con sus visitas desde Bolognia y Madrid)

Nº 3 Mallorca. (¡Caramba! yo jamás hablo de los tomates en mi blog…pero gracias por caer aquí)

Ahora veamos en el enlace Engines: ninguna sorpresa, el buscador más utilizado es Google en todos sus variaciones por países: .bo, .mx, .ar, es, etc, seguido de lejos por searchconduit.com, tatoodle, y yahoo.

¡Lo más mejor es ver los Keywords!

Nº 1.- FOTOS DEL EXTRASOLTERAZO, MUJERES PELADAS DEL EXTRA, CALANCHAS EN EL EXTRA. Palabras, -con sus simpáticas variaciones- que son las número uno indiscutidamente en el google. com.bo. con la cual los eternos amantes de la pornografía llegan a mi blog. ¡Pero muchachos -eso en caso de ser varios-, habiendo tanta pornografía y tan buena en el Internet… ¿tienen que buscar las fotos mas chafarendosas del periódico más Chapi y amarillista del planeta en el google?

Una vez, como hace dos o tres años publiqué un post que se titulaba, la Chola Cara de Perro, eso en honor –y por inspiración- de una leyenda urbana que salió publicada en el periódico “El extra” de La Paz, y lo hice con el sano afán de burlarme, poniéndome yo en situación de la chola cara de perro y para tal fin utilice una fotografía de la portada del periódico “El extra”, razón por la cual estos jóvenes o caballeros, se llevan tremenda decepción después de que el Google, los conduce erróneamente hasta mi blog y no encuentran las “Fotos de calanchas del Extra”, ni “Cholitas haciendo Pis”

Nº 2 BORRACHO ESTABA PERO ME ACUERDO. En Enero del 2009 publiqué un post después de descubrir -esta vez con pruebas- que Bolivia, ocupaba sitiales de primer orden en el ranking de los países con mayor índice de consumo problemático de alcohol en Latinoamérica. El post se titulaba: “Borracho estaba pero me acuerdo” que es el título del archifamoso libro del archifamoso escritor y bohemio paceño Victor Hugo Viscarra, fallecido el año 2006 en La Paz. Imagino que una buena parte de los que llegan a mi blog usando este Keyword lo hacen: para bajar la versión digital del libro, que al parecer no existe. Colegiales vagos que buscan un resumen de la obra para presentar el trabajo de la escuela o gente que simplemente admira y desea ver comentarios, foros u otros sobre el escritor y el libro en cuestión, que también es ahora una famosa canción de Atajo. Para ellos mis saludos y parabienes, hasta donde sé, el libro costaba 17 Bolivianos en las calles de LPZ.

Nº 3 MONSTRUOS DE PAPEL Una canción que le dediqué a una señorita hace mucho tiempo y la cual no merece más comentarios que un doloroso silencio… yaaaaaaaaaa ajajajajajajaja neee; es la canción “Lucha de gigantes” de Nacha Pop. Una canción que me recuerda a la cinemateca antigua, la película amores perros… y bueno, la vida es una huevada a ratos, pero sólo a ratos.

Nº 4 COMO CURAR PERROS CON LABERINTITIS. En diciembre de 2006, dos meses después de abrir el blog, saliendo de un café Internet ¿por qué coño se llaman café Internet? Me sentí ligeramente mareado… pensé que era por la noticia del cierre del snack iglú, pero no, en el minibús estaba más mareado, después me sentí como dicen que se siente uno que fuma marihuana, pero sin esa sensación de tranquilidad, felicidad y relajamiento que dicen que se siente.

La cosa es que a la noche estaba con el helicóptero y vomitando el alma, sin esperanza de sobrevivir y me llevaron de emergencias al hospital y sucede que eso había sido la famosa laberintitis.

Ahora, los que llegan aquí, vienen angustiados porque ven a sus perros caminar chueco, caerse, aullar desconsoladamente y esa clase de cosas que hace que uno diga: mmm pobre perro… parece que tiene laberintitis, vamos a llevarlo a los veterinarios cubanos que ha traído el Evo. – no. esos sólo curan las cataratas y la miopía. – que webada entonces, buscá en el google si hay solución para el quiltro y si no hay, se lo tendremos que vender a los embutidos la española aprovechando que estamos cerca de San Juan y hay tanta demanda por salchicha.

Si usted me ve, yo también lo veo. A veces, detrás de los números, escondido en las mil maravillas que me gustaría contar, me pregunto por los que lo leerán, ya sea por gusto o por mero accidente, al final, ya están aquí, gracias, bienvenidos y Adiós.

P.D alguién se está volviendo loco buscando a un "ridiculo que presume de fino" el misterio es porque carajo llegará a mi blog, en fin.