jueves, septiembre 18, 2008

HUMILDE INVOCACIÓN


*¡Majestades imperiales, altezas reales! ¡Nobles damas, valerosos hidalgos! ¡!

(supongo que eso incluye a la mayoría de ustedes) y los demás.



Misteriosos mandatos os reunirán este 20 de septiembre en mi humilde casucha a las 12:00 del mediodía; En orgulloso aunque ruinoso castillo al que acudiréis sin que os importe compartir un mismo techo con trovadores y adivinos; con monjes tabernarios; con astrólogos, rufianes, bandidos y alquimistas; con brujos ballesteros y poetas, con ebrios y mal bebedores, que aun la FELCC rechaza.

¡A todos vosotros, de todo corazón os ruego su presencia en mi fiesta de cumpleaños; en ámbitos desiertos y mejor predispuestos, poblados de deseosos fantasmas, donde cada partícula os hará evocar rumorosas juventudes, pretéritos tiempos ya idos y para siempre jamás perdidos!

Al tañer de cuecas y cumbias sureñas, al grave conjuro de clásicos rockanboleros, que resuenan ya en menguadas cabezas por el alcohol consumidas, las cuales no son otras que las nuestras; la tentación os llama a regocijaros en orgiástica bailanta.

Yo os invoco, os ruego, por último os demando ¡VUESTRA PRESENCIA! Ya que no habiendo imprescindibles, vuestras mercedes lo son.

En caso de extravío, desagravio o deseo de encontrar la precisa localización del bacanal descomunal, comunicadse a mi movil o escribidme a mi email: oscaridad@gmail.com

Todos los bloggers y anexos tais invitaos.



P.D. La organización no se hará responsable de los hurtos de conciencia.





* El gran Castellano, Jaime Saenz 1979 (Texto modificado por mi, para que no digan que soy un plagiador)

martes, septiembre 02, 2008

EL FINAL DEL INVIERNO




Para ti, el final del invierno es claridad inesperada, un calor súbito y aliviante. Cuando los chicos te contaban de la tibieza que rodeaba las puertas del final del invierno, tú no les creías. Pensabas que era imposible que de entre las brumas del amanecer, surja una luminosidad que crecía al tiempo de la disipación de la niebla. Pensabas que esa llama efímera bien podría morir antes de alcanzar tales dimensiones que te asustaban por su calor. Ellos, los que no habían tenido la dicha de atravesar el invierno, te hablaban de lejanos lugares de candente arena, donde el aire soplaba suave y caliente; decían que tus pies se despojaban de todas sus costras y que tu cuerpo prescindía de las cicatrices que este largo invierno te han dejado, y que todo era natural claridad. Tú no les creías. Para ti eran un misterio las sonrisas que nacían borrosas en las bocas de tantos compañeros que habías visto cruzar los confines del invierno.
Si estas ataduras invisibles te dejaran, te regalarías mil abrazos, y volarías con alas de verdad y sin thiner a la ciudad que tantas veces se te ha negado. Serías visible a los ojos de la eternidad. Soltarías al fin la lata de clefa por que todas las ilusiones serían verdad; todas las esperanzas serian presente. Podrías ser hambre y saciedad; podrías ser sombra y luz; podrías volver a casa sin recordarla en los filos de la acera.
Un fino candil te llama, te enseña el camino; todas las verdades se te revelan mientras te revelas frío a la ciudad. Piensas que despertar podría ser un gran error cuando estas a un tiempo ínfimo del final de este invierno que ha durado toda tu vida. Piensas que sería injusto volver atrás y contarles a los desdichados que perduran al invierno, todo el inmenso calor que se siente, todo ese abrigo que emana del éter y que se funde desproporcionadamente en cada partícula de luz que obstinadamente se pegan a tu cuerpo. Sonríes… y tu sonrisa es apenas una mueca borrosa que se hace perpetua en tu rostro.
Te observas tendido e inerte; te observas joven y lozano, bien conservado por la fría ventolera que a esa hora del alba recorre la anónima avenida. Tus compañeros apenas musitan entre los dientes los segundos para que el sol pinte el horizonte y derrita sus huesos de hielo. Intentan alcanzarte la bolsa de alcohol para que despiertes, por así decirlo; pero ya tus ojos están clavados para siempre en algún lugar indistinto del eterno azul del cielo. Ahora, todos los misterios son pura mañana. Eres la estrella del pavimento, exhibiendo la blancura metafísica de tus dientes a la gente amontonada alrededor de tu cuerpo volátil y marchito que un día han contenido todos tus espíritus. Hoy sólo eres carne congelada y coagulada. Eres una presencia mitad hielo y roca apenas coloreada por la escarcha que cubre tu ropa. Tus amigos lloran, gimotean. Intentan deshacerse de sus adormecimientos y desesperarse. Los perros gimen y horadan los huecos donde antes existían tus ojos, te lamen la cara haciendo que tus poros recuperen una tibieza efímera. El policía escribe indiferente tus facciones resumiendo los ángulos de tu muerte; el circulo de curiosos se expande, se dispersa... otros hombres de verde te arrojan a una camioneta destartalada mientras bromean y evitan el humo de grises cacharros repletos de obreros. Te ves por última vez diciéndole adiós al invierno. Todo es claridad inesperada, libertad inesperada, eternidad congelada contigo para siempre. Ríes; te despojas de todas tus miserias. En este fin del invierno te conviertes en un suspiro, un haz de misteriosa tibieza que abandona para siempre la ciudad de la furia