jueves, mayo 08, 2008

Hogar dulce hogar

Antiguo hogar para niños virgen de Fátima (hoy en demolición)



El mundo es mi hogar.
Un día de mayo, mi papá amaneció con la idea de que su hijo debería sentarse a copiar todo el diccionario. Como su costumbre no era la tolerancia o digámoslo así, las buenas maneras, esa clase de extravagancias no solía discutirse... Al ver el reloj y la hora destinada a entregar tal titánica hazaña, constaté con temor de que recién estaba en la palabra ABAD. Inútil esfuerzo es pues copiar un diccionario a los 6 años. Hasta vanos eran los intentos por comprender lo que leía.
A las 6 de la tarde, hora en la que mi papá llegaba a casa, tuve la primera noción en mi vida de que la vida no le pertenece a nadie, ni siquiera le pertenece al que se cree dueño de su propia vida, ni siquiera es del que intenta arrebatársela a puñetes, patadas y palazos. Pero ante mi surgió una certeza: si bien la vida era una cosa flotante que palpitaba en mi cuerpo y me llenaba de horror cuando no de una curiosidad asquerosa, por lo menos era dueño de los horizontes que mis ojos me proporcionaban, pensé en tal estúpida inocencia y desesperación que... el mundo es mi hogar; y me fui.
Lancé el palo al techo (por si acaso) y sólo me puse a correr. En minutos estaba en algún lugar del mundo, con la gente del mundo que me miraba y me señalaba más lugares del mundo. Estaba perdido en el mundo, totalmente perdido en una oscuridad bulliciosa, hostil y frenética.
Cual sería mi desesperaci{on y alegría de estar a salvo pero perdido, cuan impactante habrá sido el mundo lejos de mi mundo, que me puse a reír a carcajadas mientras lloraba desconsoladamente. Así, algún transeúnte del mundo, viendo que un niño estaba evidentemente trastornado o chiflado, vio por conveniente llamar a las autoridades del mundo, para que se hagan cargo de las inmundicias que suelen molestar o perturbar a los mundanos. Después de un severo interrogatorio y una revision médica, constataron que el mundo aún no me había terminado, pero estaba en ello. Me enviaron a un hogar para huérfanos y crios extraviados. Me montaron en una camioneta con una nutrida población de niños, de los cuales ninguno hablaba mi idioma y varios de ellos tenían las típica e innegable impronta que suele dejar el mundo cuando pasa por esto que pensamos que contiene nuestra vida y algunos le llaman cuerpo. Una vez en el "hogar"; la rutina era rezar, comer y esconderse de las monjas. A los niños que sólo hablaban aymará les lavaban la cabeza con detergente de ropa y algunos de nosotros que hablábamos castellano pero que éramos igual de oscuros nos lavaban con shampoo y jaboncillo; la verdad es que aunque el mundo era cruel con nosotros, lo era un poco más con ellos...
Después de dos meses, cuando el mundo eran retamas, algunas sonrisas, algunas lágrimas y pasto amarillento. Cuando el mundo no tenía vistas de cambiar y mi mamá me desesperaba en sueños, escuche la grave voz de mi padre llamándome. Me entregué al mundo manso como un cordero. Me montaron en una camioneta y me llevaron de vuelta a mi mundo que nunca volvió a ser el mismo; abrace a mi madre que estaba al borde de la locura y me senté a continuar mi copia del diccionario.
Casi 25 años después, estoy cerca de acabar la m de Mamá, de Mayo, De Maritza.

En este mundo yo te amo Mary...feliz día de las madres!!!