martes, febrero 16, 2010

El Antonio que camina en la Calle Colón

El año 2000 estudiaba psicología en la Universidad Católica de La Paz. Para cierta materia de cuyo nombre no quiero acordarme, debíamos realizar la observación (continuada y sostenida) de un sujeto, para obtener una linea base de su comportamiento. Entonces, para tal tarea, era mejor escoger algún vendedor ambulante, mendigo, o un X que esté en el mismo lugar todo el día haciendo relativamente lo mismo. Viendo mi comodidad, escogí a un señor que pedía monedas en la puerta del Hospital de Clínicas, se acercaba a la gente pidiéndole la hora y en cuanto uno estaba por abrir la boca, inmediatamente sacaba una hoja mugrosa y ajada, la cual se veía que seguro fue una receta médica y usando invariablemente las mismas palabras, pedía unas monedas para comprar medicamentos para su mujer que agonizaba en una sala del Hospital. Claro que la mujer no existía y la necesidad era otra: cigarrillos. Unos meses después, en el pabellón psiquiátrico del mismo hospital, lo vi almorzando... y hablé con él. Su forma de hablar era como decía él mismo: perplejizante y novedoso! y su razonamiento era hasta tal extremo lógico que pensé que el loco por estar llevando esa vida era yo. Me dijo que su único afán en este mundo, aparte de fumar más de 20 cigarrillos al día, era buscar el amor, y claro, sólo podía hacerlo en los prostíbulos de la ciudad. Un psiquiatra tarijeño que seguro estaba más loco que nosotros dos, me dijo, que todo se cura con el amor... hasta la psicosis maniaco depresiva y claro que yo en ese momento no tenía mi DSM IV para contrariarlo, pero un día, bajando por la calle Colón, en un cafe viejo y olvidado, estaba el Antonio... ya no pidiendo plata, sino ayudando a otra mujer casi tan vieja como él. Con mandil blanco y bigote, me contó que estaba enamorado y su perplejizante forma de hablar... simplemente desapareció. Su entusiasmo me contagió y le dije que algún día escribiría su historia. Van casi 10 años... nunca más lo volvi a ver, pero ya viene siendo hora de acordarse de algunos desaparecidos.

El Antonio que siempre camina en la calle Colón.

Cierto día, o más bien dicho, cierta noche, tomando en cuenta las preocupantes recomendaciones de un reconocido galeno, que anoticiado por boca propia en expensiva consulta, del tiempo que no descargaba las gónadas, ni tenía frenético ejercicio de frotación íntima alguna y peor aún, algún encuentro cercano con el bello sexo, me pronosticaba un sinfín de aterradores sufrimientos si no procedía con la urgencia, seriedad y prestancia que tal caso ameritaba.

Así es que después de procurarme una modesta cantidad proveniente en calidad de préstamo de las honorables arcas de las vírgenes de la Luz y la Santa Candelaria, afiné mis extremidades inferiores en pos de intereses superiores y localicé un negocio de venta de organos de prensa, donde suelen salir a la luz (o en este caso a la sombra) una interesante y variopinta cantidad de anuncios de sexoservidoras, que ofertan entre dos o siete “misteriosos servicios” aunque es cierto, que las hay aquellas que ofrecen perplejizantes novedades dignas de las degeneraciones más cultivadas, ¡tal como en las grandes capitales!.

Después de congratularme ante tales avances en el campo de las aberraciones para con nuestra querida patria que siempre está tan venida a menos, me dispuse a encontrar un refugio lo suficientemente iluminado para clasificar algún servicio que este acorde a mis finanzas y conveniencia.

“Joven, moreno, atractivo, pasivo, de paso por la ciudad brinda placer a señoras gordas”

Imaginé efectivamente a un joven apuesto, de agradable coloración canela, tal como los ilustradores proyectarían en el papel, la formidable estampa de Simbad el marino; vale decir con pestañas largas y barba a medio crecer. Lo imagine con los brazos de bruñido bronce y los puños cerrados sobre las caderas, así como el bravo guerrero espera por el retador, mientras la amancebada señora aguardaba como un león dormido los ímpetus del ataque, amparada empero en las impenetrables barreras que sus rollizas carnes le ofrecían a su huraño sexo.
Y así dejaba volar esta imaginación tan peregrina que desde niño he alimentado con esmero y me daba por ponerme en situación de tal joven, cuando en realidad y más bien que viene al caso, debería solidarizarme con la señora de generosas dimensiones, que quién sabe por cuales no grasas desventuras se veía obligada a acudir a tales mismos desgraciados y poco objetivos órganos de prensa en pos de un poco de amor. (al igual que este servidor)Despabilome estas penas ajenas del terrible ensimismamiento que me producía el hecho de pensar en los otros, así es que presto continué la revisión de los anuncios de sexoservidoras que engrosaban con lascivas ofertas la sección de acompañantes de los comerciales. (de los ya mencionados órganos)
“Señorita extranjera de esbelta figura complace fantasías, duos o trios. Precios convenientes”

Hice caso del anuncio. Y en aciagas ocasiones como la que el hado nos presenta, pregúntome, (empero sin ponerle demasiado empeño y énfasis en averiguar la respuesta) si pensé primero en que: “Lo barato sale caro” o “Si el perezoso trabaja dos veces” (precisamente por perezoso) Entonces de manera involuntaria se me vino a esta mi imaginación, el hecho de que no me imaginaba, o mejor dicho, si me imaginaba pero en estas ocasiones se dice: “no me imagino”, y eso es porque el lenguaje, la lengua y la cultura más bien dicho,
tiene ocultas y bondadosa reglas para todo aquello que de pronto es imaginable no más, pero para guardar la compostura y las apariencias se dice: no me imagino, porque no me imagino algo que no se pueda imaginar. En fin, decía que no me imaginaba a un “jefe perezoso” imagínense (si no pueden no importa) que los jefes tienen tan desarrollada esa (ya de por sí y per se) innata habilidad para disminuir los costos menos costosos, es decir que lo barato siempre va a terminar siendo caro a sus ojos y eso sumado a que de repente al “jefe” le puede dar por extraviar la chaveta y mandar todo a rodar y adiós trabajos… aunque luego pensé que otra capacidad de los “jefes” es una otra innatidad que es su mayor capacidad, es decir: la incapacidad (esta última en términos generales, es decir, para lo que sea) y otra incapacidad más, la de ponerse en la situación de los otros que no son “jefes” es decir que ahí se desmiente la teoría de que para ser “jefe” hay que ser muy capaz. ¿O será capaz de ser incapaz?

Estaba en tal angustiante ejercicio de reflexión, pero parecía que a la señorita meretriz le daban fastidio estos conspicuos y no por ello inmodestos ejercicios mentales, ya que mientras yo hablaba, ella se daba a zarandear, apretujar, lamer, frotar, manosear, engullir y hasta sopapear a mi órgano copulador. Dado que la veía enfrascada en tan singular faena, no pude dejar de sentir una admiración plena de emociones ante esta mujer, que no cabía duda que era todo lo contrario de lo que ofertaba en su anuncio.

Entonces le hable del amor al trabajo… incluso recordaba algunos párrafos del trabajo humano del gran filósofo pangermánico Hegel; y también quise hablar del amor (en términos generales). Unos minutos antes le hubiese dicho que acudí ante su majestuosa presencia por lo del “precio conveniente” y le hubiese dicho eso de que lo barato sale caro y que fui porque me daba una pereza terrible atravesar la mitad de la ciudad en pos de otro ofertante que si en palabras seducía más, mis zapatos no pensaban lo mismo y que de repente ahora tendría que caminar mucho más para oír o sentir siquiera un poco de afecto y eso que pasó, pasó porque el perezoso trabaja el doble…pero verla ahí… empecinada en darle vida a algo que no valía ni el precio de su recuerdo y era feliz muerto, me inspiraba la situación de hablar del amor, del amor al trabajo y la búsqueda, pero ella cerró la cortina dejando que me anude la corbata y me ponga los zapatos en el pasillo que conectaba a ese viejo zaguán de la calle colón.

Con lo que la búsqueda de alivio para mi, terminó con la conclusión de que lo más aliviante era saber que eso que se busca no tiene precio y que eso que se encuentra, no es lo que se necesita. Mismo café, misma escasa luz, mismo órgano de prensa, sección comercial, Servicios ofrecidos. “Hablo y escucho, casi gratis”
Fotografias de: www.saudek.com


2 comentarios:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
La MaJo dijo...

wauuuuuuuuuuuu oskar jajajaj q genial jajaja, todo, las fotos, lo q escribes, y lo del señorcito este... vamos a buskar el amor forever pues hermano!!!
} yo tb puse fotos del saudek en mi blog jajajajaj cre q posteamos el mismo dia, gracias es un genio ese dude me ha traumado
che deli verte en oruro, chascañawi te he dicho en mi vergazo no???
buenas salenas