Don Antonio camina por la calle Colón
Don Antonio camina por la calle Colón.

Así es que después de procurarme una modesta cantidad proveniente en calidad de préstamo de las honorables arcas de las vírgenes de la Luz y la Santa Candelaria, afiné mis extremidades inferiores en pos de intereses superiores y localicé un negocio de venta de órganos de prensa, donde suelen salir a la luz (o en este caso a la sombra) una interesante y variopinta cantidad de anuncios de sexoservidoras, que ofertan entre dos o siete “misteriosos servicios” aunque es cierto, que las hay aquellas que ofrecen perplejizantes novedades dignas de las degeneraciones más cultivadas, ¡tal como en las grandes capitales!.
Después de congratularme ante tales avances en el campo de las aberraciones para con nuestra querida patria que siempre está tan venida a menos, me dispuse a encontrar un refugio lo suficientemente iluminado para clasificar algún servicio que este acorde a mis finanzas y conveniencia.
“Joven, moreno, atractivo, pasivo, de paso por la ciudad brinda placer a señoras gordas”
Imaginé efectivamente a un joven apuesto, de agradable coloración canela, tal como los ilustradores proyectarían en el papel la formidable estampa de Simbad el marino; vale decir con pestañas largas y barba a medio crecer. Lo imagine con los brazos de bruñido bronce y los puños cerrados sobre las caderas, así como el bravo guerrero espera por el retador, mientras la amancebada señora aguardaba como un león dormido los ímpetus del ataque, amparada empero, en las impenetrables barreras que sus rollizas carnes le ofrecían a su huraño sexo.
Y así dejaba volar esta imaginación tan peregrina que desde niño he alimentado con esmero y me daba por ponerme en situación de tal joven, cuando en realidad y más bien que viene al caso, debería solidarizarme con la señora de generosas dimensiones, que quién sabe por cuales no grasas trans desventuradas se veía obligada a acudir a tales mismos desgraciados y poco objetivos órganos de prensa en pos de un poco de amor. Despabilome estas penas ajenas del terrible ensimismamiento que me producía el hecho de pensar en los otros, así es que presto continué la revisión de los anuncios de sexoservidoras que engrosaban con lascivas ofertas la sección de acompañantes de los comerciales.
“Señorita extranjera de esbelta figura complace fantasías, duos o tríos. Precios convenientes”

Hice caso del anuncio. Y en aciagas ocasiones como la que el hado nos presenta, pregúntome, (empero sin ponerle demasiado empeño y énfasis en averiguar la respuesta) si pensé primero en que: “Lo barato sale caro” o “Si el perezoso trabaja dos veces” (precisamente por perezoso) Entonces de manera involuntaria se me vino a esta mi imaginación, el hecho de que no me imaginaba, o mejor dicho, si me imaginaba pero en estas ocasiones se dice: “no me imagino”, y eso es porque el lenguaje, la lengua y la cultura más bien dicho, tiene ocultas y bondadosa reglas para todo aquello que de pronto es imaginable no más, pero para guardar la compostura y las apariencias se dice: no me imagino, porque no me imagino algo que no se pueda imaginar. En fin, decía que no me imaginaba a un “jefe perezoso” imagínense (si no pueden, no importa) que los jefes tienen tan desarrollada esa (ya de por sí y per se) innata habilidad para disminuir los costos menos costosos, es decir que lo barato siempre va a terminar siendo caro a sus ojos y eso sumado a que de repente al “jefe” le puede dar por extraviar la chaveta y mandar todo a rodar y adiós trabajos… aunque luego pensé que otra capacidad de los “jefes” es una otra innatidad que es su mayor capacidad, es decir: la incapacidad (esta última en términos generales, es decir, para lo que sea) y otra incapacidad más, la de ponerse en la situación de los otros que no son “jefes” es decir que ahí se desmiente la teoría de que para ser “jefe” hay que ser muy capaz. ¿O será capaz de ser incapaz?
Estaba en tal angustiante ejercicio de reflexión, pero parecía que a la señorita meretriz le daban fastidio estos conspicuos y no por ello faltos de modestia ejercicios mentales, ya que mientras yo hablaba, ella se daba a zarandear, apretujar, lamer, frotar, manosear, engullir y hasta sopapear a mi órgano copulador. Dado que la veía enfrascada en tan singular faena, no pude dejar de sentir una admiración plena de emociones ante esta mujer, que no cabía duda que era todo lo contrario de lo que ofertaba en su anuncio.

Fotografias de: www.saudek.com
Comentarios
} yo tb puse fotos del saudek en mi blog jajajajaj cre q posteamos el mismo dia, gracias es un genio ese dude me ha traumado
che deli verte en oruro, chascañawi te he dicho en mi vergazo no???
buenas salenas