domingo, junio 26, 2011

Postales desde el país que casi existe. Parte I

I.Cuando empezaba a amanecer allá en el país de los borrachos.

Cuando nací, según consta en el almanaque mundial de ese año, Bolivia era el país más pobre de Sudamérica y por lo tanto uno de los más pobres del hemisferio. Más de treinta años después nada ha cambiado y estos indicadores de pobreza, más que vulgares datos estadísticos se convirtieron en un sentimiento nacional, que desde muy temprana edad es asimilado por nosotros los bolivianos y bolivianas, como una discapacidad congénita.

Fotografia: Michael Maldonado










Seguro que por ese entonces no todos tenían la facilidad de acceder a las cifras que cada año nos endosan todas las agencias de las Naciones Unidas, la Organización Mundial de la salud y otras honestas instituciones que se preocupan de nuestras miserias desde sus modestos despachos Neo Yorquinos

Nietzche decía que la única forma en la que las almas miserables pueden rosar la verdad es a través del cinismo, entonces deberíamos decir que más que un mendigo, nuestro país es “Un borracho durmiendo encima de un barril de cerveza” tomando en cuenta que un borracho tirado en la calle, puede despertar diversos sentimientos, como lástima, asco o indiferencia.

Íntimamente, aquí entre nosotros, sabemos que somos los que después de algunas exiguas y nostálgicas victorias futbolísticas del pasado, viven con la eterna esperanza de ser reconocidos por algo que no sea el narcotráfico, la corrupción, los accidentes en nuestras carreteras o las postales de la llamita, la montaña nevada y el viejo indio con cara de sabio que mira con inmutable profundidad el horizonte del altiplano.

Pero si el orgullo no viene a nosotros, tal vez nosotros deberíamos ir a él. En cada farra, fiesta o reunión que dure más de una hora, tarde o temprano se habla de este país y salen a relucir cosas tales como que el Salar de Uyuni es algo único y excepcional, una maravilla natural del mundo y que es una suerte –y también extraño- que a los chilenos no se les haya antojado anexársela a la mala en sus incursiones expansionistas de fines del siglo XIX. También se habla de la belleza del Lago Titicaca y de que es una suerte –y también extraño- que a los peruanos no se les haya ocurrido afanarnos la Isla del Sol en la invasión de 1841, cuando –técnicamente- Bolivia gana su única “guerra” con otro país liquidando al presidente peruano Gamarra que en mala hora dirigía a su ejército en la batalla de Ingavi.

Se me ocurre que desde entonces, algo en nuestra psique nacional, o lo que los sociólogos prefieren llamarle “Imaginario”, hace que siempre nos sintamos superiores a los peruanos y no perdamos oportunidad para hablar mal de ellos y si de repente están deambulando por ahí, tratarlos como la mierda de ladrones que estamos convencidos que son, siempre y cuando estén solos y no sean nuestros amigos, claro.

Estas maravillas naturales son indudablemente lindas y únicas y bien se puede presumir de ellos, al menos eso nos hace sentir un poco más especiales y los niños tienen una razón más para desfilar el día del mar, el día de la independencia o el día de la bandera y los jóvenes tienen una razón menos para suicidarse o querer largarse a Europa –solamente los cholos se van a Estados Unidos o Argentina según he escuchado decir a alguna gente bien- Pienso que un rato de esos de la farra nacional, nos hemos olvidado que lo que hace a los países grandes es su gente y si digo que pienso, es porque nunca lo digo ya que prefiero ser un patriota y hacer como que nada pasa mientras bebo lentamente mi vaso de chuflay que es algo de lo que si me siento auténticamente orgulloso, aunque exactamente no sé por qué.

Igual que muchos chicos –ahora debería decir viejos- de mi edad, más de una vez nos hemos jactado de ser el país latinoamericano donde se bebe más alcohol y hemos inflado el pecho con orgullo por creernos los más borrachos del continente. Ahora sabemos que no tenemos ese dudoso honor, aunque fieles a nuestro estilo, podemos engañarnos y decir que en carnavales, nadie bebe más que nosotros y eso es algo de lo que puede dar fe la Cervecería Boliviana Nacional que el año 2009 vendió 363 millones de litros de cerveza con un promedio de 45 de litros por persona, dejando para los accionista argentinos de la C.B.N la cantidad de las ventas de cerveza se incrementaron en 35% hasta llegar a los 11.100 millones de bolivianos lo que vendría a ser más de 1000 millones de dólares; una cifra nada despreciable para un país miserable y de doble moral como Bolivia.

Nuestra pobreza y las emociones subsecuentes con la que nos miramos al espejo, nos ha servido como pan y techo a lo largo de nuestra historia. Pero bueno, cualquiera que desee ser tachado de necio, flojo o estúpido por no recurrir a los datos económicos y sociales, puede decir lo contrario y recordar esa frase célebre que se inventaron los profesores de primaria para paliar en algo esa autoestima tan venida a menos de nosotros los bolis: “Nuestro país es un mendigo durmiendo en un barril de oro”. Eso se escucha con cierta frecuencia de los profesores de Ciencias Sociales o Cívica, de periodistas chauvinistas y beneméritos con añoranzas nacionalistas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

viagra online without prescription buy viagra jelly online - buy viagra online in us