miércoles, abril 15, 2009

Ayeres I

Me han preguntado de los recuerdos y eso es mucho decir por decir y mucho hablar para hablar.

Mi vecino era bien buena gente. Se llamaba Rubén y ha sido una sorpresa que después de tanta balacera y explosión se haya muerto en la carretera de la muerte.
Sorpresa porque todos sabían que odiaba los mosquitos, el calor y las plantas… pero ni tan sorpresa ya que: ¡era el camino de la muerte! Y uno a que puede aventurarse a ir sino a morir.
Rubén me ha apartado de la ventana sin hacer mucho escándalo, porque sabía que a los críos se los espanta con esas actitudes alarmistas que usan algunos neuróticos, que es como si te estuviesen diciendo: Levántate de ahí carajo, ¿no ves que están disparando con ametralladoras en las calles?
Y la verdad se estaban disparando en las calles y los tanques hacían temblar los adornos de la esposa del Rubén, especialmente del cenicero con forma de negra que tenía sus labios gruesos, gruesos, donde iban los cigarrillos y por lo tanto las cenizas, los fósforos y los chicles mascados que ya no tienen dulce pero aun conservan color, pero como no vemos lo que mascamos no nos importa, así como en la vida ¿no ve?.
Los vasos de vidrio en la vitrina también temblaban de miedo de los tanques y por poco no les da ganas de saltar de la vitrina y largarse, pero el Rubén los contenía y los tranquilizaba.
La cosa es que… mi mamá no llegaba y me han contado que era porque había una cosa que se llamaba “toque de queda” y la esposa del Rubén me miraba con pena... y yo en el suelo abrazado de su hija, todo ufano y contento porque olía a goma de frutilla y shampoo de kiwi y me respiraban suavito en la oreja y sentía muy pero muy rico.
Pero lo malo es que dicen que el “toque de queda” es como un juego. Si estás en la calle a una hora que no le gusta al que manda más y que está en la televisión renegando todo el día y estás por ahí sonseando, viendo si de repente en tu casa no han hecho nada de comer y es mejor comprarse algo por ahí, te corretean y si te agarran te disparan y no contentos con eso, te prenden fuego y luego votan las cenizas de ese fuego al viento… encima de una montaña lejana para que nunca más nadie se acuerde de que tal vez sólo querías cenar o que sólo querías existir.
Y esa explicación estaba bien hasta que me han aclarado que en ese juego no hay “Stop” no hay “Ya no juego, agarro mi pelota y me voy” y me he puesto a llorar porque yo no quería que mi mamá se convierta en ceniza encima de un cerro lejano… porque mi mamá traía la cena y me dejaba con la esposa del Rubén que como tiene un nombre tan difícil de pronunciar nunca me animo a decirle otra cosa que no sea señora y…
Los tanques se han ido, y las luces estaban apagadas y los colchones –que todavía tenían unas manchas amarillentas de pis de la Ana seguramente y que parecían osos de algodón- estaban en la ventana y todos nosotros, excepto el Rubén, estábamos en el suelo mirando luces que de rato en rato iluminaban el cuarto y escuchábamos perros ladrar y soldados gritar y unas cosas como bombas estallar y ya los perros dejaban de ladrar…
Otra vez se había hecho pis la Ana… sólo que esta vez no se ha podido negar, yo también estaba mojado y le daba vergüenza verme. Me reía mucho y de repente por el olor a fuego, humo y cuetillo y me acordé del juego del “toque de queda”, de la ceniza, del cerro, de mi mamá y me puse a llorar, lloré... pero sin hacer mucho ruido porque había mucho silencio, mucho silencio y oscuridad.
Ahora me daba vergüenza a mi.
Mi mamá me ha dicho que ha sido un golpe de, de, de... no sé qué, habrá sido de suerte pensé yo…
Mi mamá se había quedado en la casa de su amiga.
Ahora, dice que por muy largo tiempo el rato de la cena hay que apagar la luz y no acercarse a la ventana, ni andar diciendo que los tanques son lindos a pesar de ser tan gordos y lerdos; y sobre todo darle las Gracias al Rubén y a su esposa y a la Anita por haberme calentado aunque sea un ratito y haberme respirado en la oreja tan suavito y por el olor de goma de frutilla y shampu de Kiwi y otras cosas más que no me acuerdo.

La paz Julio de 1981

6 comentarios:

Anónimo dijo...

buaaaaaa snif snif está súper lindo Oscar! muy lindo ya también.
felicidades che

sandra

Sandra dijo...

Súper!

Curucusí Ocurrente dijo...

excelente

Vania B. dijo...

Me encantó el relato querido Perrito. Me encanta esa nostalgia con ojos de niño con la que cuentas las cosas.

Abrazotes.

Perro con Rabia dijo...

Casandra:
Ya he visto tu blog, te voy a visitar de vez en cuando.
Luciernaga Macho!! gracias por tu visita!
Vania: Esa era la intención, que hable el chamaco que llevamos dentro. :)saludos

Lucho dijo...

Bien ahí bro!