Analgesicum Vademecum Cotidianum
A veces uno amanece con la nariz colorada y peligrosas acumulaciones de paracetamol e ibuprofeno en el cuerpo. Luego anda un poquín adormilado, y remata con alguna benzodiacepina que relaje el terrible dolor de mandíbula que no deja dormir y con eso, servido. Una taza de café en la cocina, de pie y buscando las llaves ayuda un poco. Antes de salir, abres una lata de Redbull (la primera del paquete de 6 que duren hasta el viernes) lo ayudas en impulso con un poquitito de Vodka Absolut y jugo de piña bien dulce, y ya tienes un desayuno de campeones. La última vez que me dolió la mandíbula habrá sido hace 11 años cuando imprudentemente intente dar cuenta de un pique a lo macho de 60 bolivianos en Cochabamba. Y claro que antes de que me duela el estómago me empezó a doler la mandíbula. Ahora me duele por la ardua labor de oenegero de corazón, concientizador, promotor, comprometido y psinérgico… y sobre todo esa palabra tan curiosa: Sensibilizador. En el bus al trabajo, me siento al lado u...