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Ese Edipo...

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Ese Edipo que llevamos dentro. He estado un poco extraviado; un poco perdido, ensimismado en silencios –exilios- voluntarios o en charlas que no dicen nada. A veces el mundo solamente es ruido y una sensación de vacío, difícil de explicar. Pensé en eliminar este blog; ya estaba un poco cansado de ser el perro. Pensé muchas cosas. Hice maletas, regalé al gato, regué las flores y antes de irme, sólo me quedaba matar al perro… Pero me dio pena; pena que terminó siendo un consuelo, porque he visto que hasta en las depresiones más grandes sigo siendo un egocéntrico, neurótico, exhibicionista y en seguida este pensamiento me ha puesto maniático. Animado por ese razonamiento, me corté el cabello; robé un gato; compré flores; arranqué las cortinas y pinté las ventanas… no obstante esto, la alegría duró poco, me enteré que un chico al cual yo conocía hace mucho tiempo, fue asesinado un fin de semana y en mala hora, me acordé que un día le ayudé a escribir un poema para una niña que le gus...

Un infinito

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Eran dos gordos que se querían con locura, es verdad, pero cómo nada es completamente “tan así”, cómo que uno pueda vagar por el mundo queriéndose impunemente y a tientas, ese cariño le molestaba a las esbeltidades, que eran unas diosas odiosas que creaban la bruma del invierno en las carreteras montañosas y la espuma de los mares en el que los suicidas depresivos se diluían hasta volverse burbujas miserables que nunca alzaban vuelo. Eran unas diosas envidiosas, eso también es verdad, pero no sólo eso, sino que también hacían alardes de importancia creyéndose las madres putativas de los fantasmas y de algunas estrellas de rock. Aunque ellas –las diosas- acechaban a los enamorados con sus soplidos polares de noche y de día, ellos –los gordos- se fascinaban por la escarcha que se le pegaba a las penas los días de solsticio. Al no ser jactanciosos y sin sentirse mejor por ello, prendían y soplaban velas a todos los santos que olvidaba la heroicidad del santoral, congratulándose por co...

Llamado de atención

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El lunes 9 a las 9, por escurridizos mandatos del azar, se reúne el consejo URBANDINO en pleno. Estáis invitados a honrarnos con vuestra presencia; traed ese miserable despojo de huesos, corbatas y tacones que la desdeñosa oficina o el famélico negocio deja como un escupitajo flemoso en la silla donde horas ha, yacía un hombre o una mujer con esperanzas de que la realidad de esas cuatro paredes, sea más que un "gracias María" o un "¿ya están esos papeles juan?". Un lugar donde la palabra cobre vida y la vida sea palabra. ¡Entonces que esperan! Venid al reino de la palabra, Venid a la pura sed de la lengua y la oreja. Venid a vengaros de los desdeñosos barrotes de nuestra cárcel ficticia en la que habita lúgubre nuestra voluntad. Venid a liquidar la tediosa rutina en la que consumimos nuestra miserable existencia Venid -de una puta vez- a acribillar la puñetera cotidianidad. Y cuando satisfechos abandonéis el venerable recinto, no olvidéis que: El que siembra vientos...

Cambios...

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He empezado a escribir este blog en octubre del 2006 motivado por varias razones, una de ellas la muerte de mi padre ocurrida en diciembre de 1986. Otra razón fue el simple deseo de compartir artículos viejos de prensa. Estos dos hechos están fortuitamente relacionados entre sí. A veces tenemos que ajustar cuentas con el pasado; con nuestros monstruos interiores; con los egos distímicos y los acomplejados muros del super yo para intentar vivir sin tanto desespero y con melancolías relativamente llevaderas. Otros le llaman puro afán de exhibicionismo, egocentrismo y otros “Ismos” que conjugan bien con ese “nomeimportISMO” que trato de cultivar en cuanto a lo que escribo en mi blog, que es el único lugar propio que tengo. Los hechos: un día de septiembre del año 2006, desempleado, con el bolsillo apolillado y miles de penas agujereándome el alma, o podría ser con el bolsillo agujereado y con miles de penas apolillándose en el alma, tomé los últimos cinco bolivianos del mes y me ...

Un país de mentiritas

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La escuela, debe ser de las peores desgracias que le toca a uno vivir a lo largo de la historia de su humanidad, porque es en la escuela, y en realidad, en todo el sistema educativo donde se uniformizan los pensamientos y se alcanza la anhelada conformidad que hace juego con el orden, la paz y el progreso que toda sociedad “civilizada” se jacta de tener. Hace ya mucho tiempo, antes de que el empuje del viento andino –céntrico- traiga el bendito “proceso de cambio” a nuestras puertas y mucho antes de que algunos –insignificantes- avances en los campos educativos de la sociedad Boliviana nos hayan mostrado, más por la fuerza mediática que por una reforma educativa, que vivimos en un país de mentiritas, ya se hablaban y se practicaban cuestiones tales como el racismo, la homofobia, el machismo, la inequidad, la xenofobia, la corrupción y otras tantas perlas en las que se encuentra enterrada la sociedad boliviana. Hasta aquí ninguna novedad. Veamos algunas cosas a las que suele enfrent...

Otro crimen quedará...

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Entre la cárcel y la hemeroteca municipal, la gente parece la misma de siempre, los mismos estudiantes del colegio israelita a punto de hacerse atropellar por los minibuses que huyen del prado. Los mismos evangelistas de la sociedad bíblica captando almas al azar. La misma puerta destrozada del Sauna. La misma tienda y las mismas arrugas en la cara de la tendera de la calle Otero de La Vega.  Las mismas estampitas de primera comunión decolorándose en el estante de esa imprenta que tiene una maquina que todo el día silva y silva. Las mismas misteriosas botellas de pisco en esa importadora de repuestos de autos. Todo es por nada. Me repito compulsivamente. Todo es por nada. Ni los ojos de los viejos drogadictos que pululan por la plaza de San Pedro. Todo es por nada. Nada de nada. -¿investigador? ¡donde esta su credencial! ¿investigador de donde? -estoy escribiendo un libro sobre pandillas. -¿para quién pues? -¿Pa la sociedad pues oficial? -¿y con quién vas a hablar? -con el que ayer ha ...

El fanático

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La vista de la ciudad desde la altura de Pampahasi siempre es triste, no tanto porque desde allí nunca se podrá mirar el Illimani y sentir esperanza por los que vendrán y ternura por los que ya casi se van, sino porque en el horizonte, en la ladera que sube hasta El Alto, se encuentra omnipresente eso que los viejos paceños llamaban “la cuesta que un día todos vamos a subir”: el camino al Cementerio General de La Paz. Las luces se encienden de una en una a eso de las seis, cuando el sol se va al mar allá en el Pacífico y cuando ya todo es oscuridad y las montañas que nos protegen desaparecen de todas las visiones desnudando las debilidades de nuestro espíritu. Entonces, cada luz nos recuerda un día y cada día una persona, y cada persona nos suspende el aire, nos cristaliza los ojos, nos anuda la garganta, silencia las risas, asesina las intenciones de las palabras: a veces su recuerdo nos hace llorar. Es entonces cuando quedamos solos con el viento helado de la noche y la lagrima c...