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Lo que falta

Aunque siempre sé que falta lo que falta, camino sin falta. Miro sin mirar, hablo sin hablar y pienso sin pensar. Digamos que a ratos soy un nudo. una hoja pisoteada o el limbo de los indecisos. De repente sólo es el sol quema. Sin motivo quema... y yo me pregunto por la vida de cualquier transeunte que tenga cara de desesperación, por cualquier niño que se ande rascando los bolsillos y rogando a cualquiera que pase por ahi y que le deje volver a su casa por 20 centavos. Yo callo. Me gusta decir que las ratas me han comido la lengua. Porque tenían hambre y envidia de todas las cosas que podía haber dicho en estas circunstancias o en las otras... yo callo, me gusta pensar que mi lengua es esclava del hambre. Siempre sé lo que me falta y camino sin falta. Y mientras ando por ahí, las hojas vuelan en pequeñisimos torbellinos que nacen de las oscuras comisuras de los altos edificios de la Avenida Arce. Y esos inofensivas tormentas arrastran mariposas muertas de todos los colores, lo cual m...

La pata biónica y la tos.

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Anoche, al Coqueluche le han dado ataques varios, casi se muere de tos. Ver a alguien morir de tos debe ser medio feo. Seguramente que cuando alguien esta por morir de tos, agranda los ojos y le caen unos lagrimones que le moja toda la cara, se agarran el pecho y en los milinésimas de segundos que dejan de toser, deben cambiar de cara, poniéndose llorosos y desesperados. Pobre Coqueluche le ha dado un patatus. Eso le he dicho a mi mamá. Le he dicho que la enfermera nos toma como a unos tarados y que el Coqueluche es un buen chico, pero que casi se muere de tos y no dejaba que le pongan la inyección y la babosa de la enfermera dibujándole relojitos en su brazo para distraerlo y ¡zas! viene la otra enfermera y el doctor ya le enchufa un jeringazo. Pobre Coqueluche, le ha dado un patatus. Eso me dijo mi mamá y yo estaba medio que dudando, sembrando mi imaginación infantil en fértiles campos de la luna, porque no sabía que quería decir patatus y pensé –dentro de mi ignorancia- que un pata...

In Extremis

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Si el amor -antes que la muerte- te sorprende en cualquier esquina de la ciudad de Montevideo; si caminando por la Ciudad Vieja en tu afán de llegar al mercado del puerto para comprar unas merluzas, eres sorprendido por una tormenta bíblica y si en tu natural deseo de conseguir cobijo te arrimas al zaguan de un edificio medio vestusto y ahí invaden tus sentidos algunos sensuales aromas que te recuerdan antiguas noches de pletórica alegría y tu vista es saturada por un angel de traje azul, dimensiones perfectas y cabello metafisicamente sedoso que al igual que tu, se proteje de la tormenta fumando despreocupadamente un cigarrillo Lucky Strike, puedes hacer tiempo mientras amaina el temporal contándole de donde vienes y a donde vas, aunque eso no sea más que una idea o algo que ni tu sepas. Le puedes contar que allá, de la ciudad de donde provienes, la lluvia es un fenómeno tan escaso y curioso que debe ser tal vez la segunda o tercera ocasión que ves y sientes la lluvia. Probablemente...

Montevideo o La plata no vale nada...

No voy a contar de mis tristes peripecias atravesando la Argentina y de como casi pierdo el bus por no poner en hora mi reloj al cruzar la frontera o como todo el mundo piensa que soy mexicano hasta que digo yaaaaaaaaaaa y entonces se desubican mas todavia, no; hoy voy a hablar de Uruguay, un País que quise conocer desde mi tierna infancia, por contados heroes futbolisticos de otrora como Franccescoli, el Chino Recoba y un par de lejanos recuerdos paceños más ligados a Uruguayas de paso a un "congreso de psicología" que hoy deben vivir con sus wawas poblando este pequeño y hermoso país que me acoge hoy noche, en la ciudad de Montevideo.  Vamos a empezar por que a uno siempre le choca salir del país e irse a australes latitudes para meditar sobre la incertidumbre del destino. Resulta que a ratos todo lo que uno creía ya no es, que el lugar que detestaba ya, por cansancio y una larga lista de etcéteras se convierte en un paraíso comercial. Por eso he decidido que al regresar vo...

Penas de Buenos Aires.

Mario Quintana cuenta que durante la dictadura de Videla estuvo detenido en un cuartel militar. Cuenta que por las noches los gritos le atravesaban el alma, que mirar el agua que salia de un grifo oxidado en las manyanas, era un prodigio de vida, un espectaculo que le decia que seguia vivo a pesar de todo. En las noches, los guardias, escogian al que debian torturar. Los presos escuchaban la puerta de alguna celda abrirse y despues los gritos de dolor y los insultos... Una noche los guardias dijeron: "Vamos a darle al viejo" y Mario penso, "como le pueden hacer eso a un pobre anciano" Despues escucho que abrian su celda. Meses despues, estaba montado en un avion con destino a Suecia como exiliado. Mario tiene 90 anyos y cuenta historias fantasticas de la dictadura, de cuando conocio al che, de sus mil exilios comunistas, de cuando farreo una noche entera con augusto Cespedes y Carlos montenegro y de por que Peron queria desaparecerlo de la Argentina. Se acuerda de ...

Días de humo.

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Ahora que ando ordenando las vejeces y juntando “papeles de ogaño” para hacer la gran fogata del pasado, me he encontrado con una olvidada pero conocida caja de botas Catarpillar, que como la caja de pandora, contenían el recuerdo de todos los males que nos han azotado el corazón hace 6 años y más. He encontrado una infinidad de cartas, cartitas, legajos, tarjetas, tarjetitas, cuentos, cuentitos y una cantidad impresionante de fotos, colillas de cigarrillos, restos de toda clase de yerbitas y publicidad de la época anunciando conciertos, obras de teatro y fiestas rave de Ultra Flecha. Yo que ni me acordaba que estaba enamorado de una tal Geraldine a la que le he escrito una carta tan amargadamente resentida por el simple hecho de que no quería estar conmigo que soy capaz de buscarla para pedirle disculpas, pero si ni yo me acuerdo bien de ella sabrá Dios si ella se acordará de mi. Yo que tampoco me acordaba que el Equinoccio era en la Plaza Abaroa y un buen día se desplomó, pulverizan...

Caminar

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Caminar por caminar, vivir por vivir, a ratos así no más es. Estaba caminando, pensando que regalarle a esta ciudad, ya que es el bicentenario y ahora es obligatorio ser un paceñista recalcitrante. Esto se veia venir, primero con el paceñometro y luego con los miles de Spots que explotan los estereotipos del paceñismo hast la última gota. Entonces vemos cholitas orgullosas, baritas amabílisimos y sonrientes, sacrificados clasemedieros bailando en plazas y parques, chutas, pepinos, pajpakos y una larga lista de etceteras y como no, el Illimani. Mal haría yo, que siendo como soy –un borrachazo- diga que estás fiestas son una mamada creada para chupar a diestra y siniestra y que la tal revolución juliana tiene tantos “peros” históricos que no se sabe bien si hay que festejarla o no y que el tal Pedro Murillo, igual que cualquier mortal se ha meado, negando la naturaleza de sus actos y aparte de cantar como un pajarito para delatarlos a los otros que le dan sus nombres a ciertas calles de ...