martes, abril 30, 2013

Los cuadernos del Subdesarrollo 1. El Trabajo



Bien, ya que nadie lee mi blog, lo voy a usar como un “diario retrospectivo” si tal término se puede utilizar a los recuerdos ordenados hacia atrás. Total que a un par de días de estar completamente desempleado y desamparado, en este salvaje mundo del consumo, hay que buscarse una actividad que nos mantenga un poco la cordura y el optimismo.
Mi señora madre, que trabaja en una repartición estatal desde 1981, es decir treinta y dos años, me dijo que lo más duro de su trabajo en todos estos años, era saber que nunca más podría estar en la calle de 8 a 12 y de 2 a 6. En pocas palabras, uno tiene que pedir permiso para salir del edificio, llenar una boleta, dejarla al jefe de personal con el debido cuidado de explicar bien el motivo de tu salida. Si dices que vas al doctor, entonces debes poner cara de enfermo. Si dices que vas a pagar una factura atrasada, entonces debes poner cara de preocupado. Si dices que vas a solucionar un problema familiar, cara de desesperado. Las caras se pueden combinar, según el pretexto, entonces, la gran conclusión es que hay pocas cosas más importantes que el trabajo, aunque no siempre parece así.
Para ciertas personas, como mi madre por ejemplo, las vacaciones son otra cosa, no cuentan cómo tiempo libre. Cuentan cómo tiempo afuera del edificio y adentro de la casa, lo cual no deja de ser otro trabajo: limpiando la cocina, cosiendo ropa, lustrando el piso, bordando manteles, aceitando las puertas para que no rechinen avisando que mi papá ha llegado borracho y que anda buscando una botella de singani en el refrigerador.
Entonces, para personas como mi señora madre, la vida siempre está dentro de algún lugar con paredes y techo y para personas como mi padre, la vida está muchas veces al aire libre o a veces adentro de una botella.
Mi papá es mecánico y a veces le da por beber un poco, pero es porque es parte de su trabajo. Mi papá es un buen tipo y tiene un buen trabajo. El no lo dice, pero si lo dijera, si agarraría y cuando todos le estamos diciendo que es un borracho, el nos dijera “yo soy un buen tipo, tengo un buen trabajo y beber es parte de mi trabajo” seguro que nos callaríamos y nos iríamos a ver las noticias en la tv para reírnos de los borrachos.
Mi papá tiene una fosa en pleno patio. La fosa tiene graditas y el estaciona los autos encima de la fosa y baja las graditas. Se remanga la camisa y empieza a entornillar desentornillar cosas por aquí y por allá. Después sale todo negro y lleno de aceite, busca unos engranes, unas ligas (que el siempre me corrige diciendo que son correas de no sé qué) y luego sube al motor y después pone cara de doctor. Según la dificultad, los dueños de los autos lo vienen a buscar.
Llámele a su papá, me dicen desde la calle cuando abro la ventana para ver quién toca el timbre. ¡No está! yo les respondo, aunque mi papá esté. Si hago esto, es porque no me gusta como la gente trata a mi papá. La gente es una mierda. La gente sabe que mi papa tiene una fosa en el patio a la que entra todos los días y ni así se les ocurre pensar que los únicos que entran a las fosas todos los días, son los muertos y mi papá. Entonces, como no sentirse mal cuando uno lo ve entrar a la fosa y se imagina su muerte, su entierro, las flores, las plañideras, lo difícil que será escribir su nombre en el estuco fresco con la ramita de una flor marchita de otra tumba que una vieja comedida me pasará mientras mis hermanos se abrazan, porque claro, esa es la tarea del hijo mayor, escribir el nombre y la fecha de muerte del difunto. Lo malo, es que nos llamamos igual. Entonces, yo también habré muerto un poco al terminar de escribir nuestro nombre: ¿cómo se sentirá?
Dicen que con el tiempo la gente se acostumbra a todo, como por ejemplo, que tu viejo se llame igual que vos, pero esas son macanas, yo no me acostumbro.
Voy a escribir un poco de mi primer trabajo, pero lo haré mañana, porque mi jefe ya me ha mirado feo y me ha dicho que ya es hora de desocupar la oficina. Me alegra irme de aquí, esta oficina y esta ciudad son muy frías. La secretaria dice que la oficina parece un nicho, una fosa, pero bueno, de repente todos morimos un poquito cada día.
Hasta mañana.