jueves, noviembre 17, 2011

Cada lunes.

7/11/2011

Me he dado cuenta que cada lunes, hay que estar dispuesto a apagar un incendio provocado el fin de semana. Esta mañana, al desconectar mi celular del cargador, he visto que mi amigo Alejandro Celis me ha mandado cien mil mensajes y que tengo otras cien mil llamadas perdidas de él y de algunos otros números que no conozco. No contesto el móvil los domingos porque solamente quiero dormir.

Cuando Alejandro llama los domingos, los sábados o los viernes, no le respondo. Lo hago para resguardar mi salud emocional y física, como dicen los psicólogos. Lo que sucede es que yo conozco a Alejandro desde que tenemos once años y a pesar de que es uno de mis mejores amigos, casi un hermano, sé que si me llama un domingo a medio día, no es para contarme que su hija está aprendiendo a caminar o para invitarme a tomar helados de maracuyá, sino para continuar bebiendo.

Le llamé de la oficina y me respondió con la voz cavernosa que delataba una de esas resacas brutales que te dejan agonizando como un perro que ha ingerido órganos fosforados o ácido muriático. Le pregunté si todo estaba bien, ya que normalmente no insiste tanto en verme, porque sabe bien que odio beber los domingos. Me dijo algo que un tiempo estaba acostumbrado a escuchar: “Che Oso, creo que la cagué otra vez”

Quedamos de hablar a la noche, cuando yo salga del laburo y total que todo el día me he estado preguntado sobre qué boludez habrá hecho ahora el gil del Alejandro, que suele mandarse cagadas monumentales de tanto en tanto.

El día pasa como si nada. La rutina a uno le arruina el cerebro pero la falta de rutina termina volviéndolo loco a uno, eso dice la Alison Spedding y quién soy yo para contrariarla. La cosa es que eso a veces nos muestra que uno no puede estar ni dejar de estar, ya que al final todo se va a la mierda… esa es una reflexión que me ha acompañado todo el día.

La única novedad aparte del día de mierda que tuvimos que pasar en despachos de ministerios solicitando reuniones y poniendo caras de tipos comprensivos, es que me van a dar más vacaciones de las previstas, cosa que me alegró enormemente el día y hasta llegué a olvidarme la preocupación que sentía por las cagadas del Ale. Pero un mensaje al final de la tarde solicitando que le lleve Sulfatiazol y venditas me trajo de regreso a la actualidad y sobre todo a la curiosidad.

Esos pedidos los hace alguien que:

Se ha sacado la mierda con x o z y está con la cara rota sin poder moverse de cama

Alguien que tiene a alguien herido amarrado a una cama y no quiere salir para que no se fugue

Alguien con heridas sangrantes y supurantes que aún no está consciente de las mismas.

Una infinidad de combinaciones posibles donde la única variable era que el sulfatiazol sirve para las heridas y que en estos hechos hay sangre.

¿Pero quién podría romperle la madre al Ale si era un tipo re grande? Era grande y tenía una hijita de 4 años y cuando caminaban juntos en la calle, parecían Shrek y la Caperucita roja. El Ale no era un tipo muy sentimental que se diga, aunque a veces se ponía a llorar de nimiedades como por ejemplo, cuando estaba ebrio y se atormentaba preguntándose que qué sería de su hija si es que cuando ella crezca llegaría a toparse con algún tipo como él o como yo, que según sus propias palabras, no sabría cual es peor. Yo intento calmarlo diciéndole que el mundo se va a terminar el 2012 y luego todo está bien.

Cuando he llegado a su casa, que en realidad es un cuarto con una cama de dos plazas, un televisor y sillones, todo era oscuridad. El Alejandro estaba votado en la cama con la nariz hinchada y un os (terribles) rasguños en la cara. Según él, estaba bebiendo desde el viernes y por el olor no era de extrañarse.

Hechos: Ale trabaja de Dj desde sus 19 años (ahora tiene 35) y se parte el lomo desde los martes hasta los sábados en el mismo bar desde hace 19 años, casi el mismo tiempo que viene matriculándose en la facultad de ingeniería Civil cada año, pero nunca termina la carrera, por lo que algunos de sus conocidos le llaman despectivamente “El Ingeniero”

Me da pena verlo así. Corrijo mis pensamientos y me dejo influenciar por los libros de autoayuda, pensando que nadie en este mundo merece pena, sino respeto y comprensión. Inmediatamente, pienso que este es un pensamiento asqueroso, ya que la pena existe porque debe existir y que en el fondo es empatía y solidaridad. ¿Siento pena porque somos lo mismo en cuerpos diferentes?

Hechos:

El Ale cuenta haber peleado ferozmente con Álvaro Beltrán, el mesero del boliche, porque después de cerrar el bar, ambos fueron juntos a beber a su casa, tal como lo vienen haciendo desde hace 10 años.

El Ale dice que en un momento de esos, al hablar sobre el fracaso matrimonial de Álvaro, este le confesó (en repetidas y dramáticas ocasiones) ser homosexual, por lo cual Alejandro, incrédulo, no dio crédito a las palabras de Álvaro, llamándolas: “puras boludeces”. Acto Seguido, el Ale manifestó que Álvaro se puso a llorar copiosamente sobre su hombro derecho, provocando de esta manera, una terrible incomodidad en Alejandro que bebía en silencio. Inopinadamente, ( y a mansalva, como dice Alejandro) El Álvaro intentó besar a Alejandro, haciendo que este reaccione de forma totalmente violenta, asestándole un puñetazo en la cara. (Está seguro haber escuchado el sonido similar al de una bolsa de papas fritas siendo pisada, lo que él piensa que es la nariz de Álvaro Fracturándose en mil pedazos)

Álvaro reaccionó defendiéndose y lanzando una serie de objetos, ya que por su esmirriada estatura y condición física, solo alcanzó a rascuñar la cara de Alejandro que lo sacó a puntapiés de su casa, bajo el grito de: “¡Fuera de aquí maricón de mierda!”

Alejandro dice que él quiere mucho a Álvaro, pero que jamás le perdonaría (ni le perdonará) semejante falta de respeto…

Pienso que en su lugar, tal vez haría lo mismo y me sorprendo, el Álvaro es un tipo de lo más corriente y uno jamás notaría que es gay. No es afeminado, ni es un maniquebrada.

Después de curarle las heridas al Ale, le digo que en todo caso habrá que buscarle al Álvaro y decirle que a nosotros no nos importa que sea gay, siempre y cuando haga sus huevadas en otro lado que no sea nuestras farras…

El Ale me escucha y yo le escucho. Siempre nos escuchamos y nos entendemos a la perfección. El esta gordo y yo flaco. El estudia ingeniería eléctrica desde hace 19 años y yo vivo en una casucha con los cables eléctricos colgando por aquí y por allá. Tenemos mucho en común, nuestras vidas paralelamente son un desastre por esto de haber fracasado en lo que creíamos que era estar bien y en el camino no nos hemos fijado que haríamos una linda pareja, eso sin contar que nos gusta la misma comida, pero lo malo es que nunca seríamos una buena pareja, porque nos gustan –casi siempre-las mismas mujeres… pienso que si le diría eso, seguro me pega otra piña y me deja medio muerto y me río y él me pregunta que de que me ando cagando de la risa como boludo, ya que según él, no es nada chistoso que uno de tus amigos te quiera “violar” en tu propia casa… después de limpiarle la sangre seca que tenía en la jeta… ¿le digo “¿y si hubiese sido yo el que te quería besar? Y me río. El no dice nada, lo piensa mucho y después me dice, “a vos directamente te mato… “

Es así, entre tanto hablar de peluqueros, modistos y ahora meseros, ambos nos acordamos que el director del Cole era Gay super gay y que él le tiene tirria a los gays porque una vez, después de la clase de gimnasia, el Luis Paco, le ha querido besar y abrazar… cuando el Ale (que antes de engordar era el Adonis del Colegio) se fue a quejar a la dirección, el director le quiso agarrar de los huevos (a ver si no se había lastimado) por lo cual, el pobre ale, siempre se ha sentido ultrajado en su masculinidad, o al menos siempre ha sostenido esa versión. Pobre Ale, siempre es la misma historia. Valdría la pena escribir algo sobre un director Gay digo, como un homenaje a nuestro famoso y ahora gracias a dios Extinto Director que antes de golpearnos por llegar tarde dándonos un palazo en el culo, nos “revisaba” los bolsillos traseros de los pantalones, para ver si no teníamos ahí, un pañuelo escondido que amortiguara el palazo a recibir…

Después de tantos años, al fin algo tiene Sentido. Antes de dormir pienso que si, al final, al final de los finales, pensando y pensando, al final, todo llega a tener sentido.

Bruno P.

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