
"Hasta los 70, aún en Chijchipa se recibía en las fiestas al Rey Afro Bonifacio. El monarca repartía entre la gente monedas, mientras grupos de niños ayudaban a que no se le ensuciara la capa. La fotografía de Bonifacio adornaba hasta 1982 la alcaldía de Coroico. Un día fue hurtada para siempre. Hoy vive en Chijchipa Julio Pinedo, nieto del último rey afroboliviano. "
El jueves Atajo presentó su nuevo disco en el Equinoccio, una compacta multitud vibró con los ya conocidos y reconocidos temas de siempre de Atajo. Entre otras cosas, en el mismo escenario se leyó una carta de Oscar Olivera portavoz de la coordinadora del agua y se presento al abogado que le esta siguiendo el juicio de responsabilidades a Goni, o el "carnicero de octubre" como gustan de llamarle los zurdos recalcitrantes. Todo este espectáculo fue debidamente ovacionado a su tiempo por los gringos, los hippies jailones, los hippies de verdad, los yuppies poseros, los yuppies de verdad, los punks, los death metaleros, los que trabajan en bancos y en Ong´s, los que no tienen trabajo, las minitas fashion, los javieres encinas y bue... por toda la fauna urbana que suele darse cita en esta clase de acontecimientos donde se mezcla la sana intención de putear contra el sistema, chequear minitas o en su caso cuatecits bien, chupar, fumar porros y posar.
Mientras tanto el baño se inundaba (de agua y otras substancias no tan nobles precisamente); y un pobre mesero se debatía solitaria y valientemente entre una sopapa y el desague puteando a los parroquianos pa que dejen de usar los urinarios.
En la canción "pulga presidente" los integrantes de la Saya Afroboliviana anunciaron que el lunes 3 de diciembre van a coronar a su rey: Su Majestad Julio Pinedo, nieto de Bonifacio Pinedo el antiguo Rey de los afrobolivianos. Lo harán en la plaza Murillo, y como no, habrá saya, baile y alegría.
Viendo tanto engendro protestando por los pobres, alabando a la coca, desgarrándose por la injusticia social y luego marcharse en el bmw del año, comentando: "que bien los negritos..." (que es eso?). Me hizo pensar que es mejor no más que retorne la monarquía.
Yo no me meto con la gente por el preciso hecho de que la gente me da miedo. Y los que se han ganado o han heredado su plata honradamente, bien por ellos, no digan luego que soy un envidioso. Pero a veces se enojan con uno cuando les dices la verdad. Me preguntan y me dicen: ¿finalmente vos quién eres para hablar de la gente? y les respondo sin ninguna vacilación: soy un Narcoanarcoelectroacústicogoticodarkpostmetaindustrial (de veras que cansa definirse) o mejor aún, un... neotrovartesanindigenistahipientoitinerante, de la rama pachamamista. Al final, como diría Jaime Saenz: sólo soy un hombre, pobre hombre al fin, frágil cáscara de huevo a merced de la mar embravecida...
Pero me embola la hipocresía y el sentimiento revanchista de algunos vagabundos que atenidos al nombre del pueblo se la dan de grandes intelectuales y salvadores de izquierda, y justifican las abominaciones de los gobiernos totalitarios como el nuestro.
Por eso, de repente cuando lo estén coronando al Rey Julio Pinedo en la plaza Murillo, quién te dice que su otra majestad se asoma (por curiosidad o envidia) a la cortina del palacio y tímidamente atisba al gentío que en fraternal hipnotismo se candombean al son de enajenantes a la par de contagiosos y remotos sones, y piensa: Che, lineras, alista no más las cosas, parece que nos tenemos que ir por que hasta los ponchos rojos están bailando; y sale y baila y se emborracha y se resbala en el meo del pópulo en la Ayacucho y se desnuca (pero no se muere) y el Rey lo suplanta para siempre y así tenemos contento a todo el mundo. Al final de cuentas, este país es, ha sido y será un carnaval.
Ojala las cosas fueran más sencillas y menos sangrientas.